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ENTRE EL SILENCIO Y LA AMISTAD

Sergi_O45
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Capítulo 1: Un hogar frío

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Ovid

El silencio de esa casa, todo limpio y ordenado y vacío, me hizo pensar en cuántos chavales sacan la mejor nota de historia y no tienen a quién contárselo esa noche. Isaac bajo el árbol es el que me deja con ganas de más. Bienvenido, @Sergi_O45! ¿Vas a pu

El silencio de esa casa, todo limpio y ordenado y vacío, me hizo pensar en cuántos chavales sacan la mejor nota de historia y no tienen a quién contárselo esa noche. Isaac bajo el árbol es el que me deja con ganas de más. Bienvenido, @Sergi_O45! ¿Vas a publicar la segunda parte de lo de Javier e Isaac? Si armas una serie con los capítulos, la sigo.

Contenido de la publicación

Capítulo 1: Un hogar frío

El despertador sonó a las seis de la mañana, como todos los días. Javier estiró el brazo para apagarlo y permaneció unos segundos mirando el techo de su habitación. La luz del amanecer apenas se filtraba por la ventana, iluminando los estantes donde guardaba sus libros y algunos trofeos escolares que llevaban meses cubiertos de polvo.

Nadie en casa les prestaba atención.

Se levantó lentamente, se puso el uniforme del colegio y salió de su habitación. El pasillo estaba completamente silencioso. Bajó las escaleras esperando encontrar a sus padres, aunque ya conocía la respuesta.

En la cocina había un plato con dos tostadas, una taza de leche tibia y una pequeña nota escrita con la letra de su madre.

“Javiercito, tuve que salir temprano. Desayuna bien. Nos vemos en la noche. Con cariño, mamá.”

Javier dejó escapar un suspiro.

No era la primera nota. Ni la décima. Desde hacía años esas hojas reemplazaban las conversaciones que nunca tenían.

Mientras desayunaba solo, escuchó el sonido de la puerta principal cerrándose.

Se asomó por la ventana y vio el automóvil de su padre alejándose.

—Ni siquiera se despidió... —murmuró.

Jonathan era un hombre trabajador. Salía de casa antes de que amaneciera y regresaba cuando ya era de noche. Siempre decía que todo el esfuerzo era por su familia, pero Javier comenzaba a preguntarse si realmente valía la pena tener tantas cosas materiales cuando casi nunca compartían tiempo juntos.

Tomó su mochila y salió rumbo al colegio.

El aire fresco de la mañana le ayudó a despejar un poco la mente.

Al llegar a la esquina, escuchó una voz conocida.

—¡Javier!

Era Isaac.

Su mejor amigo caminaba hacia él con la mochila colgada de un solo hombro y una sonrisa que parecía iluminar la calle.

—Pensé que ya te habías ido.

—Casi. Hoy salí un poco más tarde.

Los dos comenzaron a caminar.

—¿Cómo estás? —preguntó Isaac.

Javier dudó unos segundos.

—Como siempre.

Isaac entendió inmediatamente lo que significaba esa respuesta.

No hacía falta explicar nada.

Los dos conocían demasiado bien lo que era el peso del silencio.

Las clases comenzaron con normalidad.

En matemáticas, Javier resolvió todos los ejercicios antes que sus compañeros. En historia respondió correctamente las preguntas del profesor. Era uno de los mejores estudiantes del salón, todos los profesores lo llenaban siempre de elogios.

Sin embargo, nadie imaginaba que, detrás de aquellas buenas calificaciones, había un muchacho que solo quería que sus padres le preguntaran cómo había estado su día.

Durante el recreo, Javier y Isaac se sentaron bajo un árbol del patio.

Era su lugar favorito.

Allí podían hablar sin que nadie los interrumpiera.

—¿Sabes qué día es hoy? —preguntó Isaac.

Javier pensó unos segundos.

—No.

—Es el aniversario de bodas de mis padres.

—¿Van a celebrarlo?

Isaac soltó una pequeña risa.

—Mi papá está de viaje y mi mamá tiene una reunión. Creo que ni ellos mismos se acordaron.

Javier bajó la mirada.

—Lo siento.

—No importa.

Pero sí importaba.

Javier podía verlo en los ojos de su amigo.

Durante unos minutos permanecieron en silencio observando a los demás estudiantes correr y jugar fútbol.

—¿Alguna vez has sentido que estorbas? —preguntó Isaac de repente.

Antonio tardó en responder.

—Sí... muchas veces.

—Yo también.

Aquellas palabras quedaron flotando entre ellos.

Al terminar las clases, Javier regresó caminando a casa.

Al abrir la puerta encontró el mismo silencio de siempre.

Dejó la mochila sobre el sofá y recorrió la sala.

Todo estaba perfectamente limpio.

Todo estaba perfectamente ordenado.

Todo estaba vacío.

Subió a su habitación y comenzó a hacer las tareas.

Pasaron las horas.

Las cinco.

Las seis.

Las siete.

Las ocho.

Finalmente escuchó la puerta principal.

Anabel había llegado.

—Hola, hijo.

—Hola, mamá.

Ella dejó su bolso sobre la mesa.

—¿Cómo estuvo el colegio?

Javier quiso contarle que había sacado la mejor nota del examen de historia.

Quiso contarle que el profesor lo había felicitado delante de todo el salón.

Quiso contarle que Isaac estaba triste porque sus padres habían olvidado una fecha importante.

Pero antes de que pudiera decir una sola palabra, el teléfono de Anabel comenzó a sonar.

—Disculpa, es del trabajo.

Se alejó mientras respondía la llamada.

Javier observó cómo desaparecía por el pasillo.

Las palabras que había querido decir quedaron atrapadas en su garganta.

Cuarenta minutos después llegó Jonathan.

Entró cansado, saludó rápidamente y se sentó frente al televisor.

—Buenas noches.

—Hola, papá.

—¿Todo bien?

—Sí.

—Perfecto.

Eso fue todo.

Durante la cena casi no hablaron.

Solo se escuchaban los cubiertos chocando contra los platos y el sonido de las noticias que salían del televisor.

Javier miró a sus padres.

Quería preguntarles si algún día podrían cenar sin teléfonos, sin televisión y sin prisas.

Pero decidió guardar silencio.

Cuando terminó de comer, subió a su habitación.

Se sentó frente a la ventana.

Desde allí podía ver las luces de las casas vecinas.

En una de ellas, una familia reía mientras cenaba junta.

En otra, un padre ayudaba a su hija con las tareas.

Javier sintió un nudo en la garganta.

No tenía envidia de sus vecinos.

Solo deseaba vivir algo parecido.

Tomó un cuaderno y comenzó a escribir.

No sabía exactamente por qué lo hacía.

Tal vez porque el papel era el único lugar donde podía decir todo aquello que nunca se atrevía a expresar en voz alta.

“A veces siento que vivo con dos desconocidos. Sé que me quieren, o al menos quiero creerlo. Pero el amor también necesita tiempo, palabras y compañía. Me pregunto si algún día podremos volver a conocernos como familia.”

Cerró el cuaderno lentamente.

Apagó la luz.

Antes de quedarse dormido, recordó las palabras de Isaac.

“¿Alguna vez has sentido que estorbas?”

Javier cerró los ojos.

Por primera vez, comprendió que no era el único que cargaba ese dolor.

Y sin saberlo, aquella amistad sería el comienzo de un cambio que transformaría sus vidas para siempre.

Thoughts

  • Ovid

    El silencio de esa casa, todo limpio y ordenado y vacío, me hizo pensar en cuántos chavales sacan la mejor nota de historia y no tienen a quién contárselo esa noche. Isaac bajo el árbol es el que me deja con ganas de más. Bienvenido, @Sergi_O45! ¿Vas a publicar la segunda parte de lo de Javier e Isaac? Si armas una serie con los capítulos, la sigo.

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  • maratonvacio

    Me dormí en la parte de las horas, las cinco, las seis, y soñé que el padre llegaba y apagaban la tele para cenar. Ni modo, así no fue.

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