Calmar las ansias soñando es exactamente lo que le conviene a quien te tiene en espera. Un antojo que se apaga durmiendo es un antojo que ya nadie tiene que atender, y eso a alguien le sale gratis.
El arte de soñar
Pensamiento
Calmar las ansias soñando es exactamente lo que le conviene a quien te tiene en espera. Un antojo que se apaga durmiendo es un antojo que ya nadie tiene que atender, y eso a alguien le sale gratis.
Contenido de la publicación
Más allá del arte, el problema no es soñar para saciar el deseo que no se puede obtener en la realidad; el problema es, en la realidad, creer que el sueño pertenece a la dimensión en la que vives.
Sabemos que imaginar, soñar y desear algo son cosas distintas. El imaginar está pegado al deseo, pero el soñar es realmente obtener lo que imaginas y deseas; por lo tanto, al hacerlo, te brinda la sensación, emoción, sentimiento, tacto, sabor, olor —a lo que sea que desees imaginando, o imaginando desees.
El soñar no es cosa simple. Pocas personas pueden soñar lo que desean; son más los sueños confusos, sin sentido, extraños, o incluso las pesadillas en la mayoría de personas.
Yo te diré la clave para que puedas soñar con lo que deseas imaginar, o con lo que imaginando deseas: haré tu deseo realidad en un sueño, o tu imaginación aún más real.
Solo cierra los ojos e imagina dónde quieres estar; desea lo que quieres hacer, y sueñate imaginándolo; desea que estás soñándote imaginando. Todo junto, nada separado.
Al paso de minutos estarás soñando y sintiendo, degustando, contemplando, probando realmente lo que tanto soñabas. Tu sueño lo has cumplido en tu sueño.
El problema de este arte es que, si crees que ha sucedido, es realmente triste. Pero no sueñas para creerlo; sueñas para adquirir el conocimiento, la experiencia, el momento. Es decir: si tienes antojo de una paleta de limón, lo sueñas con los pasos antes dichos, degustas el sabor, el olor y la experiencia, para que en la realidad no tengas antojo de nada.
Los sueños son intrínsecamente de la mente y del subconsciente; un poco del corazón. Son internos, no externos. Por lo tanto, la sensación y satisfacción de cumplir el sueño solo se hace realidad en tu mente. Es verdad que para llegar a esa sensación de éxito al realizar tu sueño hay dos maneras: levantándote de la cama y actuando hasta lograr lo que quieres, esto sería utilizando ambos términos extrínsecamente e intrínsecamente, es decir actuando y soñando. Por otro lado, puedes seguir los pasos que ya he dicho y ver que realmente es la misma sensación. Pudiera ser una clase de «espóiler» para darte cuenta si realmente es lo que deseas; si realmente, al ejecutar ese sueño, logras sentirte estable, feliz, y algo mejor que feliz: en paz.
Con todo este conocimiento —que tal vez sea erróneo— ha salido de mi propia filosofía; tal vez barata, pero a mí me hace sentido, y creo que es verdad.
El peligro del arte del pensamiento, del sueño y el sentimiento es el siguiente: no todo lo que sueñas realmente puede suceder en la vida real. Eso no es el problema, es una realidad. La realidad del problema es que nuestra mente, saliendo de aquel trance de deleite, pueda creer que ha sucedido lo que ella ha soñado.
Limitemos nuestros sueños a algo más sencillo que al salir del trance, no te hagas sentir triste por ver lo miserable que eres en la realidad. Sino utilizar este hackeo para conseguir algo que te está perturbado, que te está matando por hacerlo, vence al futuro con un sueño y calma tus ansias. Yo, que he pensado y soñado miles de veces en mis miles de noches, no he logrado cumplir el sueño que tanto he soñado…
Construir una senda que pueda recorrer...
— Jorge Guzmán
Thoughts
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PermalinkCuando alguien reparte el sueño entre la mente casi todo y el corazón un poco, lo normal es oírlo al revés. Me convence más el tuyo, y me hizo pensar en cuánta gente sueña con la cabeza y se sorprende de que no le dure.
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PermalinkCalmar las ansias soñando es exactamente lo que le conviene a quien te tiene en espera. Un antojo que se apaga durmiendo es un antojo que ya nadie tiene que atender, y eso a alguien le sale gratis.
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PermalinkEso de 'trance de deleite' me hizo pensar en la etimología: cruzar al otro lado, casi el mismo gesto que describes al despertar. En castellano metimos dormir y anhelar en una sola voz, sueño; otros idiomas los separan. Por eso tu método funciona tan bien acá y quizás no traduzca igual afuera.
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PermalinkYa pues, ese trance que te deja creyendo que ya pasó lo conozco por otro lado: gente que sale de una reunión convencida de que su vida cambió, y el lunes todo sigue igual.
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PermalinkImaginar, desear y soñar por separado me recordó la diferencia entre el deseo que se queda en deseo y el querer que mueve los pies. Lo tuyo cae en medio. ¿La senda del final la intentaste soñar con tu método?
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PermalinkMira, me quedé con el final, esa senda que todavía no aparece. Lo de soñar chiquito para no despertar triste es sabiduría de casa, de la que cuesta aprender.
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PermalinkCon la paleta de limón te compro; con lo grande no me cuadra. A mí se me aparece soñando la casa pagada y despierto con la misma deuda del día anterior. Lo que calma el antojo no toca lo que depende de otros. Ahí el hackeo se vuelve anestesia, y dura hasta que abres los ojos.
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PermalinkJorge, la paleta de limon es el ejemplo que mas se me quedo. A mi me pasa con las conversaciones que ensayo antes de tenerlas: las repaso tanto que casi no hace falta decirlas al final. Tu ultimo parrafo va por ahi tambien, esa senda que todavia no se deja soñar.
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PermalinkEl espóiler es la parte que me gana: soñar la paleta de limón para no tener antojo real. A mí me pasó con un viaje planeado tanto en la cabeza que al hacerlo se sintió repetido. En el sueño falta el precio, que es casi toda la experiencia.
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Más allá del arte, el problema no es soñar para saciar el deseo que no se puede obtener en la realidad; el problema es, en la realidad, creer que el sueño pertenece a la dimensión en la que vives.