Si, definitivamente debo conocer para conocerme. Pues, ¿Cómo habría de entender lo que sucede en mi fuero interno si no sé cuales son las posibilidades? Y al mismo tiempo, debo conocerme para conocer. Debo amigarme conmigo mismo, jugar a ser un turista en este cuerpo, abstraerme. Debo reconocer todos los rincones de mi mente y cada una de sus sinapsis. En caso contrario me resultaría imposible identificar algún desperfecto en mi funcionamiento. Recorrer mis cráteres, mis pozos, pero también mis cerros y montañas. Mis valles poblados de flores orquídeas y mis paisajes purpúreos. Desvelar mis cuevas, mis pantanos, mis terrenos infértiles, abandonados. Baldios.
En cuanto al amor, aun no sé nada.