La otrora de los días que sembrabas con el pensamiento despierto a los nuevos amaneceres galopan hacia el presente.
Ni siquiera dudaba cuando la mirada volteada para los adentros parecía enceguecerse de tanta noche y desierto.
Subía y subía trepando sensibilidades para noctambular tranquilísimo frente a los espejos que son tan propios como el abismo...
Cuanto más tenía que pasar, preguntaba e interrogaba sin importar quien conteste desde los cielos o desde los avernos.
Sabiendo que desde la superioridad hay guía, lluvia para refrescar la semilla de tus mandamientos, pero.
Los ángeles divinos y maternales serán quienes vengan a ese encuentro para acomodar el ensueño.
Ni esperaba la primavera y sin embargo floreciendo esta para que estés despertando con el mismo sentir... Entre serenidades.
Quien pudiera vernos en esa otra realidad donde estamos cada vez más cerca par a par sin perder el hilo de lo verdadero.
Esa otrora es este verso pequeño, lleno de ángeles y de solecitos rosados con el corazón en venus, es tu ternura.
Con mieles mistoleras y juncos orilleros, donde la verdad es el primer intento que brincando nos lleva al deceso.
Lleno de dudas llena las canastas y hace con la luna una cuna para cuando caigas rendida de tanta jarana.
Tengas el reposo de todos los días, ardiendo en fogatas de brujas del monte entre crespines tordos y chicharras.
Te soñé conmigo, era el mismo sueño de la madre mañana, y del padre viento soplándote en la mollera para dejarte ir, por el prado confiada.
En ese mirar interno que deje perpetuado en el segundo renglón de este largo silencio te entrego el universo.
Llena de humildad y de valía es esta tregua donde pudimos alcanzar todos los tiempos en ese otro lugar.
Mundo antiguo de ciudades sumergidas, de ademanes ancestros donde la palabra es la cruz del reino.
Te sonrojabas, recuerdo... cuando las ondinas y las mojarras entrelazaban tu ser de agua poniéndote sobre el pelo memorias nacaradas.