Aún recuerdo la noche que volvimos a hablar después de nuestra primera discusión. Me estabas acompañando a mi paradero. Yo estaba nerviosa. ¿Cómo tenía que actuar?
Esa noche puse varias canciones para que acompañaran nuestro recorrido. No decíamos mucho. De rato en rato nos abrazábamos, me dabas besitos en el cachete y luego seguíamos el camino.
Recuerdo que te abracé y te dije que te extrañé mucho…
Me preguntaste si realmente había borrado nuestras fotos juntos y yo te dije que sí, aunque realmente las tenía guardadas en un álbum.
En este momento está sonando Morat y eso me teletransporta a ese día.
Esa noche sonaba “No Hay Más Que Hablar”. Creo que te diste cuenta de que era una indirecta.
Pero luego sonaron otras canciones más románticas y me dijiste:
—¿Desde cuándo eres tan romántica?
Quería responderte que fue desde que te conocí.
Irónico, porque a las semanas tuvimos una discusión más fuerte y cortamos contacto. Meses después me preguntabas por qué era tan desinteresada.
Supongo que siempre lo fui, pero contigo hice excepciones.
Fui vulnerable contigo, lo admito, y no me arrepiento. No en estos momentos, en los que recordarte todavía me saca una sonrisa.
Si hace unos meses me hubieran preguntado qué haría si volvieras, supongo que no habría sabido qué responder.
Ahora tengo una respuesta.
O al menos, en estos minutos, creo tenerla.
Hace un par de días borré tu número y nuestro chat. Y es que ahora entiendo mejor las cosas.
Que te quiera no quiere decir que esté dispuesta a soportar ese daño nuevamente.
Sé que no eres alguien con quien pueda tener un futuro. Y aunque me costó admitirlo, supongo que siempre lo supe.
Quizá por eso me duele tanto.
Porque una parte de mí todavía te quiere, pero otra finalmente entendió que quererte no es razón suficiente para volver.