Un abrazo. Solo un abrazo tuyo resolvería el lío que hay en mi cabeza.
Es confuso. Cuando alguien nuevo llega a mi vida y hace las cosas que hacías tú, me siento incómoda, como si esa persona te estuviera reemplazando.
Últimamente he estado haciendo llamadas con un chico. Mi amigo me lo presentó.
¿Y sabes qué es lo raro?
Al comienzo era emocionante, pero luego te recordé a ti. A nuestras llamadas nocturnas, a nuestras risas y, especialmente, a lo mucho que me escuchabas.
Cuando hablo con otro chico, veo varios defectos. Defectos quizá un poco tontos, quizá ni siquiera son defectos. Simplemente noto que no son como tú. No me escuchan como tú, no hacen esas cosas que hacías tú.
Pero luego caigo en cuenta de que tú eras una red flag.
Ni siquiera sé cómo explicarlo.
Solo sé que nada es suficiente porque, muy en el fondo, quiero que seas tú.
Y ahí me doy cuenta de que todo mi avance retrocede con tus recuerdos.
Con tus malditos recuerdos.
A veces anhelo que me llames y me digas que me extrañas, aunque también sé que te cortaría de una.
Creo que, a veces, uno no quiere que esa persona vuelva.
Solo quiere saber que te extraña tanto como tú a ella, pero sin tener que regresar de donde salió.