Me acosan voces por las noches, madrugadas.
Al anochecer respiran en mi nuca, despierto con sabor a ideas suicidas.
Susurran por mis orejas deseando abusar de mi dosificador.
Escribo para gente fallecida, incapaces de leer y comprender de mi poesía.
Mis espejos no me creen que me estoy volviendo loco, buscan un autodiagnóstico navegando en la internet.
Alego a mi reflejo doble personalidad, a diario discutimos por quien tiene la razón.
Tripolar, me domina la tristeza, un vacío y después la felicidad.
Me recetaron pastas carbamazepinas.
No quiero más fármacos, solo ser realmente estable, feliz... libre.
De-se-o un buen cigarro, aunque después sienta un va-cí-o.
— Jorge Guzmán