Fauces, bilis, rastro.
Intestino, pastillas, fuego.
Afuera, caos, tormenta.
Adentro, refugio, manta.
Frío, siete, grados.
Grito, cielo, quiebre.
Silencio, pausa, milagro.
Todo, por fin, detenido.
— Jorge Guzmán
Fauces, bilis, rastro.
Intestino, pastillas, fuego.
Afuera, caos, tormenta.
Adentro, refugio, manta.
Frío, siete, grados.
Grito, cielo, quiebre.
Silencio, pausa, milagro.
Todo, por fin, detenido.
— Jorge Guzmán
Eso de fauces, bilis, rastro, intestino, pastillas al principio. Después puro silencio. Es una parada.
La forma de contarlo en triplos hasta que todo se quieta de verdad. Hay algo exacto en eso, como si supieras dónde termina.
Uff pués de un solo detenido todo, pero castigar el cuerpo para liberar esta adrenalina momentánea que ofrece paz es duro, lleva carga y voltaje que cobran peaje.
Ese giro final donde todo se detiene, todo por fin detenido, me hizo pensar en esos momentos donde el cuerpo simplemente dice no más y no hay nada que hacer. No hay que resistir. Ahí está el silencio, la pausa, el milagro. Se nota que lo escribís desde adentro.
De fauces a silencio. Todo ese camino en triplos.
La noche llega de prisa. Soy Yo quien la espera con ansias.
Me despojó de lo que al ánima causa daño.
SALUDOS
Dicen que estoy loco por qué estoy consagrado con la fe.
Ni el futuro ni el ayer causan en mí caos; ya que el mañana no existe y el ayer, ayer pasó.
Él viene, viene solo por conocidos.
Hilos de humo en aflicción, estoy cansado de inhalar, de exhalar, escupir sangre.
La noche, serena noche donde todo calla, nada interviene, la oscuridad arropa la razón y la fe levanta la mirada a la luna. ¡Qué profundo silencio donde se puede reposar! ¡Qué dulce nada! donde la…
Fauces, bilis, rastro.