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Capítulo 64: Piso 4 (1)

NicolasPeanl
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El tiempo pasa rápido cuando llega la paz.

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Pensamiento

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Mi sobrina me hizo esa misma discusión de Superman punto por punto y también perdí. Che, y ella tampoco aceptaba lo de poco práctico.

Mi sobrina me hizo esa misma discusión de Superman punto por punto y también perdí. Che, y ella tampoco aceptaba lo de poco práctico.

Contenido de la publicación

El tiempo pasa rápido cuando llega la paz.

Estos días son así.

Sin grietas desbordándose.

Sin anuncios de emergencia.

Sin delegaciones extranjeras exigiendo respuestas.

Por primera vez desde que regresé, el mundo tiene tiempo para respirar.

La ventana aparece frente a todos cuando termina el plazo del tercer piso.

[Felicidades a todos por sus logros en el nuevo piso.]

[Tasa mundial de éxito: 100 %.]

[Todos los países participantes han completado el piso 3.]

[No se aplicarán penalizaciones.]

[Tiempo de espera para la apertura del piso 4: 30 días.]

Observo el mensaje durante varios segundos.

Cien por ciento.

Todos los países consiguieron superar la prueba.

Hubo heridos.

Algunas bajas.

Cazadores que despertaron llorando, incapaces de diferenciar inmediatamente a sus familias de las imitaciones que habían visto dentro de sus pesadillas.

Sin embargo, ningún país fracasó.

Ninguna grieta de castigo apareció sobre la Tierra.

Ninguna ciudad tuvo que evacuar por culpa del tiempo agotado.

Nuestro despeje perfecto hizo lo que debía hacer.

Redujo la dificultad.

Eliminó al apóstol.

Convirtió una prueba creada para destruir la identidad de los participantes en algo que, con suficiente preparación, podía superarse.

La gente celebra.

Las noticias muestran plazas llenas, banderas y grupos de cazadores regresando junto a sus familias.

Algunos gobiernos organizan ceremonias.

Otros entregan medallas.

Corea intenta hacer lo mismo con nosotros.

Me niego.

Kwon acepta una entrevista hasta descubrir que no le pagarían.

Después también se niega.

Durante los treinta días de espera, el equipo continúa trabajando junto.

Entrenamos casi todos los días.

No siempre con intensidad.

Jiwon sigue controlando nuestras heridas y limita cualquier práctica que pueda retrasar la recuperación. Aun así, podemos trabajar coordinación, desplazamientos y combinaciones de habilidades.

Mujin practica sosteniendo posiciones mientras Kwon intenta atravesar su defensa.

Doyun dispara contra objetivos que Hejin modifica con pequeñas distorsiones visuales.

Eunbyeol utiliza la Página del octavo frente para comprobar cuánto tarda cada uno en reconocer al grupo bajo interferencias.

Seolhwa aprende a detener una carga sin destruir todo lo que encuentra delante.

Eso último resulta más difícil de lo esperado.

—Otra vez —ordena Eunbyeol.

Seolhwa retrocede hasta el punto inicial.

Frente a ella hay una estructura móvil construida por Jang. Tres paredes de madera, varios muñecos que representan civiles y una abertura lateral por donde debe retirarse después de atacar.

—Entrás, destruís el objetivo rojo y salís por la derecha —explica Eunbyeol—. No golpees los muñecos azules.

—Ya entendí.

—La última vez destruiste cuatro.

—Estaban mal ubicados.

—Eran civiles.

—Los civiles deberían alejarse de una berserker cargando.

Eunbyeol cierra los ojos.

—Empezá.

Seolhwa activa Asalto de ruptura.

El suelo tiembla.

La primera pared se parte.

El objetivo rojo sale despedido.

Seolhwa gira.

Su pie resbala apenas, pero consigue corregir la dirección y abandonar la estructura por el lado indicado.

Solo uno de los muñecos azules cae.

Kwon aplaude desde un banco.

—Sobrevivió el ochenta por ciento de la población.

Seolhwa lo mira.

—Puedo hacer que baje.

Kwon deja de aplaudir.

Coordinar no resulta difícil porque el grupo carezca de capacidad.

Resulta difícil porque cada uno posee demasiadas posibilidades.

Cuanto más aumentan nuestras estadísticas, más peligroso se vuelve un error.

Un paso demasiado largo de Seolhwa puede romper una formación aliada.

Una flecha mal corregida de Doyun puede atravesar varias paredes.

Un hechizo de Hejin puede desestabilizar una estructura que todavía necesitamos.

Incluso Kwon puede quedar fuera del alcance de nuestras habilidades de reconocimiento si combina mal sus técnicas de ocultamiento.

Por eso entrenamos.

Para que todos conozcan mis habilidades.

Y para que yo conozca las suyas.

Aunque en el siguiente piso no necesitaremos coordinación.

No de esta manera.

No puedo decírselos.

La causalidad no me permite revelar información directa del futuro. Y aunque pudiera, los pisos ya cambiaron demasiado.

Sé lo que era el cuarto piso en mi vida anterior.

No sé qué será ahora.

Pero si conserva la regla principal...

Entraremos juntos.

Y aun así, cada uno estará solo.

Tengo un carácter difícil.

Lo sé.

No necesito que nadie me lo diga.

Durante demasiado tiempo sobreviví sin depender de otras personas.

La soledad creó una barrera a mi alrededor.

No es invisible.

La siento cada vez que el grupo se reúne para comer y yo termino sentado en un extremo de la mesa.

Cada vez que Kwon hace un comentario y todos ríen mientras yo tardo varios segundos en comprender que esperaba una respuesta.

Cada vez que Mujin intenta preguntarme algo que no tiene relación con la Torre y termino convirtiéndolo en una conversación sobre entrenamiento.

No es que no quiera acercarme.

Es que olvidé cómo hacerlo.

Durante siglos, conocer a alguien significaba aprender cuánto tiempo podía sobrevivir a mi lado.

Sus debilidades.

Sus habilidades.

La forma en que reaccionaría cuando todo saliera mal.

Ahora intentan hablarme de películas, comida o lugares que quieren visitar.

No sé qué hacer con esas cosas.

Aun así, lo intento.

Una tarde permanezco en la sala mientras Kwon mira una película, aunque no comprendo por qué el protagonista resuelve todos sus problemas destruyendo media ciudad.

Otra noche me siento junto a Mujin mientras limpia el escudo.

No hablamos durante casi una hora.

Parece suficiente para ambos.

Acepto probar una sopa que Jiwon prepara siguiendo una receta de su madre.

Digo que está buena.

Su expresión demuestra que esperaba una opinión más elaborada.

Agrego que tiene la cantidad correcta de sal.

Eso parece empeorarlo.

También entreno con ellos cada vez más seguido.

No solo para corregir sus movimientos.

Participo.

Permito que Doyun me utilice como objetivo móvil.

Dejo que Kwon intente tocar mi espalda sin ser detectado.

Practico contra Mujin sin usar la diferencia de experiencia para derribarlo inmediatamente.

Le doy órdenes incompletas a Eunbyeol para que aprenda a interpretarlas.

Y dejo que Seolhwa me ataque con suficiente fuerza como para obligarme a moverme.

—Está sonriendo —dice ella después de uno de nuestros combates.

Me detengo.

—No.

—Sí.

—Te equivocaste.

Seolhwa apoya el hacha sobre el hombro.

—Entonces su cara se rompió.

Me toco la comisura de los labios.

No siento ninguna sonrisa.

Kwon grita desde lejos:

—¡Yo también la vi!

—Nadie te preguntó.

—Eso confirma que ocurrió.

No continúo la discusión.

Pero esa noche, al recordar el entrenamiento, descubro que tal vez tenían razón.

Los días siguen avanzando.

Jang aparece de vez en cuando con informes.

Los centros rituales continúan desapareciendo.

Las autoridades desmantelan redes de tráfico de personas y células menores relacionadas con los Adoradores del Fin.

No encuentran otro mensaje en demoníaco antiguo.

Tampoco una pista sobre quién escribió la frase.

EL CIELO QUE REGRESÓ YA FUE ENCONTRADO.

La fotografía permanece dentro de mi inventario.

No la reviso todos los días.

Solo algunos.

Suficientes para impedir que la duda desaparezca.

Pero por ahora no hay nada que pueda perseguir.

Así que espero.

Entreno.

Observo el contador.

[Tiempo restante para la apertura del piso 4][1 día, 20 horas.]

Antes de que llegue el día, me siento en el patio.

El sol empieza a descender, aunque todavía queda suficiente luz. El aire está fresco y el pasto se mueve suavemente con el viento.

Los niños juegan cerca.

Eunji estuvo conmigo desde el principio.

Está sentada a mi lado con un juguete nuevo entre las manos. Es una figura de plástico con capa roja, traje azul y un brazo levantado hacia el cielo.

La hace volar alrededor de mis piernas.

—Ya falta poco para que entren —dice tranquilamente.

No levanta la mirada.

—Sí.

—¿Estás preocupado?

La observo.

—¿Vos lo estás?

Eunji mueve el muñeco sobre mi rodilla y lo hace aterrizar en mi mano.

—No.

—¿Por qué?

—Porque son poderosos, ¿no?

Sonríe.

Le faltan algunos dientes.

—Como los héroes. Como Superman.

Miro el juguete.

—Somos más fuertes que Superman.

Intento animarla.

Eunji levanta la cabeza.

Sus ojos se abren.

—¿Podés volar?

—No.

—Superman sí.

—Eso no significa que sea más fuerte.

—También dispara rayos con los ojos.

—Doyun puede disparar flechas.

—Pero no con los ojos.

—Sería poco práctico.

Eunji frunce el ceño.

Analiza el argumento con una seriedad que no corresponde a su edad.

—¿Podés levantar una casa?

Pienso en el refugio del tercer piso cayendo sobre Mujin y sobre mí.

—Una parte.

—Superman levanta edificios enteros.

—No tenemos que competir.

—Vos empezaste.

No puedo negarlo.

La niña coloca al muñeco de pie sobre mi rodilla.

—Entonces Superman es más fuerte.

—Tal vez.

—Pero vos sos mejor con la espada.

—Sí.

—Y tenés amigos.

Miro hacia la casa.

A través de una ventana puedo ver a Mujin moviendo el hombro recién recuperado. Kwon intenta quitarle algo a Seolhwa. Jiwon discute con ambos. Hejin permanece sentada junto a varios papeles. Doyun revisa su arco. Eunbyeol escribe frente a la mesa.

—Superman también tiene amigos —digo.

Eunji piensa.

—Pero no viven todos en la misma casa.

—Eso es cierto.

Vuelve a hacer volar el juguete.

Durante unos minutos permanecemos en silencio.

No es un silencio incómodo.

Con los niños nunca parece serlo.

Ellos no esperan que diga algo inteligente.

Solo que permanezca cerca.

Otro de los pequeños se acerca y se sienta sobre el pasto. Lleva una pelota pequeña y la hace rodar hasta mi pie.

La devuelvo con cuidado.

Eunji mira el cielo.

—¿Cuánto van a tardar esta vez?

—No lo sé.

—¿Un día?

—Tal vez.

—¿Una semana?

—También es posible.

Ella deja de mover el juguete.

—Eso es mucho.

—Para nosotros puede sentirse diferente.

No debería explicarle las reglas de la Torre.

Pero tampoco quiero mentirle.

—¿Y si no vuelven?

La pregunta llega sin dramatismo.

Los niños pueden decir aquello que los adultos evitan.

Miro sus manos pequeñas alrededor del muñeco.

—Vamos a volver.

—La otra vez dijiste que lo intentarían.

Recuerda.

Jang me pidió que regresáramos todos.

Yo respondí que lo intentaríamos.

Eunji estaba cerca.

Escuchó.

—Esta vez también lo intentaremos —digo.

Ella no parece satisfecha.

—Los héroes prometen.

—Los héroes de las historias saben cómo termina todo.

—Superman no.

—El escritor sí.

Eunji vuelve a fruncir el ceño.

—Eso es trampa.

—Un poco.

Coloca el muñeco sobre mi mano.

—Entonces prometé como vos.

No sé qué significa eso.

Tal vez ella tampoco.

Miro otra vez hacia la casa.

No puedo prometer que el piso será sencillo.

No puedo asegurar que nadie sufrirá.

Tampoco puedo decirles que el cuarto piso, en mi recuerdo, no dependía de nuestra formación ni de la fuerza del grupo.

Pero puedo prometer una cosa.

—Voy a hacer todo lo posible para traerlos de vuelta.

Eunji me observa.

—¿A todos?

—A todos.

—¿También a Kwon?

La pregunta me sorprende.

—También a Kwon.

—Aunque roba comida.

—Aunque roba comida.

Ella asiente.

Parece una promesa aceptable.

Después levanta el muñeco y lo hace volar nuevamente.

—Cuando vuelvan, quiero que me muestres cómo peleás.

—No.

—¿Por qué?

—Es peligroso.

—Desde lejos.

—Lo pensaré.

—Eso significa que sí.

—No significa eso.

—Jiwon dice que siempre decís eso cuando no querés decir que sí.

No sé cuándo tuvieron esa conversación.

Probablemente no quiera saberlo.

La puerta del patio se abre.

Eunbyeol sale con dos tazas.

Me entrega una sin preguntar.

Café.

Se sienta al otro lado de Eunji.

—¿Qué están hablando?

—Cheonro es más débil que Superman —responde la niña.

Eunbyeol mira el juguete.

Después me mira a mí.

—Tiene sentido.

—No conocés mis estadísticas completas.

—Superman puede volar.

—Eso no define la fuerza.

—Ayuda bastante.

Eunji sonríe, satisfecha de tener apoyo.

Bebo el café.

—¿El grupo terminó de revisar el equipo?

—Sí. Kwon intentó guardar tres botiquines en su inventario personal.

—Son recursos compartidos —digo.

—Ya los devolvió.

—Jiwon lo amenazó —supongo.

—Seolhwa lo sostuvo mientras Jiwon se los quitaba.

Eso también funciona.

Eunbyeol observa a los niños.

—Están tranquilos.

—No comprenden completamente lo que ocurre.

—Tal vez comprenden lo suficiente.

Eunji continúa haciendo volar al muñeco.

—Somos más fuertes que Superman —dice de pronto Eunbyeol.

La miro.

—Hace un momento dijiste lo contrario.

—Cambié de opinión.

—¿Por qué?

Ella toma un sorbo.

—Superman trabaja solo con demasiada frecuencia.

No respondo.

La frase queda suspendida entre nosotros.

Hace tiempo habría pensado que trabajar solo era una ventaja.

Menos personas que proteger.

Menos errores ajenos.

Menos pérdidas.

Ahora observo la casa.

El grupo.

Los niños.

La barrera que construí durante siglos continúa dentro de mí.

Pero ya no es tan alta.

No desapareció.

Solo tiene algunas grietas.

Tal vez sea suficiente.

Una ventana aparece sobre el patio.

[Tiempo restante para la apertura del piso 4][1 día, 19 horas, 42 minutos.]

Eunji no puede verla.

Sigue jugando.

Eunbyeol sí.

Su mirada se eleva hacia el contador.

—Ya falta poco.

—Sí.

—¿Sabés algo de este piso?

La causalidad espera.

No siento todavía la presión, porque no intento responder.

—Nada en lo que podamos confiar.

Es la verdad más cercana que puedo darle.

Eunbyeol asiente.

—Entonces entraremos como siempre.

—No.

Me mira.

—¿No?

Observo los nombres de todos dentro de la casa.

—Esta vez tenemos que estar preparados para que la formación no sirva.

Su expresión cambia.

—¿Separación?

No respondo directamente.

—Entrená a todos para actuar sin órdenes.

Eunbyeol deja la taza sobre el suelo.

—¿Por qué no dijiste eso antes?

—Porque primero necesitaban aprender a permanecer juntos.

—Y ahora necesitan aprender a estar solos.

Asiento.

Ella no pregunta cómo lo sé.

No todavía.

Se pone de pie.

—Voy a reunirlos.

Antes de entrar, se detiene.

—Capitán.

—¿Qué?

—Aunque nos separen, seguimos siendo un grupo.

La miro.

—Lo sé.

Eunbyeol entra en la casa.

Las voces comienzan a elevarse poco después.

Kwon se queja.

Jiwon pregunta por qué cambiamos el entrenamiento.

Mujin empieza a preparar el equipo sin pedir explicaciones.

Seolhwa quiere saber si eso significa que puede utilizar los puntos libres.

Los niños continúan a mi lado.

Miro el cielo.

Las nubes se mueven lentamente.

Todavía queda un día.

Suficiente para preparar sus cuerpos.

No para explicarles qué clase de soledad podría esperarlos en el cuarto piso.

Porque, si la regla no cambió, la próxima prueba no intentará atacarnos como grupo.

Nos quitará todo lo que nos define.

Nuestras estadísticas.

Las armas.

Los compañeros.

Y después nos preguntará quiénes somos cuando no quede nada más.


Thoughts

  • subrayoTodo

    ¡Seolhwa me mata! 😂

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  • pnavarro64

    Vengo siguiendo esto y la duda sobre la causalidad me acompaña desde el piso 2. Contestarle a Eunbyeol "nada en lo que podamos confiar" roza el límite: si no le deja soltar nada del futuro, ¿le deja mentir?

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  • Ovid

    Todo el capítulo pasa en el patio, con el contador del piso 4 corriendo de fondo. Un hombre que sobrevivió siglos discutiendo con una nena si Superman es más fuerte, y aceptando prometer "como él" sin saber qué significa. Que la promesa incluya a Kwon aunque robe comida me dejó pensando un buen rato en lo que le está costando quedarse.

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  • relatoBreve

    Mi sobrina me hizo esa misma discusión de Superman punto por punto y también perdí. Che, y ella tampoco aceptaba lo de poco práctico.

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