¿Lee Hejin va a poder controlar lo que tiene? Suena peligroso.
Capítulo 21: Preparación
Pensamiento
¿Lee Hejin va a poder controlar lo que tiene? Suena peligroso.
Contenido de la publicación
A la mañana siguiente, Kwon abre su panel y selecciona la opción para equipar todas las piezas del Kit de protección de Clemen.
No intento detenerlo.
Necesita aprender que las recompensas de la Torre no son simples prendas que uno puede ponerse sin consecuencias.
Apenas termina de ajustar la última pieza, una ventana azul aparece frente a él.
[Kit de protección de Clemen — B equipado.]
[Sincronizando el equipo con el cuerpo del usuario.]
[La estructura corporal será reajustada para aprovechar correctamente los atributos del conjunto.]
[Advertencia: el proceso puede provocar dolor intenso.]
—¿Dolor intenso? —alcanza a preguntar Kwon.
Un crujido recorre su cuerpo.
Todos sus músculos se contraen al mismo tiempo y cae de rodillas. Los huesos de las piernas, los hombros y la espalda empiezan a reajustarse para soportar la velocidad adicional.
—¡Kugh...!
Intenta quitarse la pechera, pero sus dedos dejan de responder.
—No te resistas —le advierto—. Solo vas a empeorarlo.
—¡Podrías haberme avisado antes!
—Lo estás descubriendo ahora.
—¡Eso no es avisar...!
Su espalda se arquea.
Después cae inconsciente.
El proceso no es tan severo como el que yo sufrí. El equipo solo posee rango B y su cuerpo ya empezó a fortalecerse dentro de la Torre.
Aun así, permanece desmayado durante casi veinte minutos.
Cuando abre los ojos, se lleva una mano a la cabeza.
—Siento como si alguien hubiera utilizado mi cerebro para golpear una pared.
—Eso explicaría por qué ahora parecés más inteligente.
Kwon me mira con odio.
Intenta ponerse de pie, pero sus piernas reaccionan con demasiada fuerza y está a punto de golpearse contra la mesa. Lo sujeto del hombro antes de que caiga.
—Tus movimientos cambiaron —explico—. El equipo reduce el esfuerzo al desplazarte y obliga a tus articulaciones a responder de otra manera. Vas a necesitar tiempo para acostumbrarte.
—¿Cuánto?
—Depende de tu talento.
—Entonces será rápido.
—Eso todavía está por demostrarse.
Antes de que responda, mi teléfono comienza a sonar.
Atiendo.
—¿Sí?
—Señor Cheonro, ya tengo la información que solicitó sobre las cuatro personas —dice el secretario presidencial—. Le enviaré los expedientes resumidos por mensaje. Los documentos completos estarán disponibles cuando los necesite.
—Entendido.
Antes de que corte, recuerdo algo.
—Señor secretario.
—¿Sí?
—¿Cuál es su nombre?
Al otro lado se produce un silencio prolongado.
—¿Mi nombre?
—Llevamos hablando varios días y sigo llamándolo secretario.
—Jang Seongho.
—Entiendo. Gracias, secretario Jang.
Escucho un suspiro contenido.
—A estas alturas, empiezo a sospechar que trabajo más para usted que para el presidente.
—También lo había pensado.
—No era un cumplido, señor Cheonro.
—Necesitaré algo más —continúo—. Transporte para visitar a los cuatro candidatos y autorización para ofrecerles las prestaciones de la Asociación. Algunos tienen familiares que requieren asistencia médica.
Jang guarda silencio un momento, probablemente tomando nota.
—Podrá ofrecer entrenamiento, salario, alojamiento y cobertura médica dentro del programa de reclutamiento —responde—. Las ayudas extraordinarias deberán constar en los contratos y ser aprobadas individualmente.
—Es suficiente.
—Un vehículo lo esperará abajo. También reservaré su traslado a Daegu.
La llamada termina.
Pocos segundos después recibo cuatro mensajes.
Kang Mujin
Edad: veintiséis años.
Residencia: Guro, Seúl.
Ocupación: guardia nocturno en un depósito y peleador ocasional en combates clandestinos.
Familia: hermana menor, Kang Sora, diecisiete años.
Situación: sus padres murieron en un accidente. Mujin abandonó sus estudios para cuidar de su hermana. Sora sufrió lesiones en la columna durante el mismo accidente y necesita rehabilitación prolongada. Las deudas médicas continúan acumulándose.
Observaciones: posee antecedentes por peleas, pero ninguna condena. La mayoría de los incidentes ocurrió al defender a su hermana o a compañeros de trabajo.
Han Jiwon
Edad: veintidós años.
Residencia: Bupyeong, Incheon.
Ocupación: estudiante de enfermería y asistente nocturna en un hospital.
Situación: se encuentra suspendida temporalmente de sus prácticas por ignorar órdenes durante un incendio provocado por un despertado. Entró en una zona insegura y consiguió evacuar a tres pacientes.
Observaciones: podría perder su beca y ser expulsada. Presentó varias solicitudes para trabajar en emergencias relacionadas con despertados.
Seo Doyun
Edad: treinta años.
Residencia: Gwangmyeong.
Ocupación anterior: trabajador de la construcción.
Situación: sufrió un accidente que destruyó parcialmente los tendones de su mano izquierda.
Familia: mantiene económicamente a su madre.
Observaciones: fue arquero competitivo durante su juventud. Abandonó el deporte después del accidente y actualmente está desempleado.
Lee Haejin
Edad: diecinueve años.
Residencia: Daegu.
Ocupación: estudiante becada de ciencias.
Situación: vive con su abuela. Presenta una quemadura antigua en el hombro derecho, producida durante el incendio en el que murieron sus padres.
Observaciones: posible despertada no registrada. Se informaron fallas eléctricas, cambios repentinos de temperatura y daños inexplicables en el laboratorio donde estudiaba. Su beca está siendo revisada después de un accidente reciente.
Leo los expedientes dos veces.
El sistema alteró el cronograma, pero ellos siguen siendo, en esencia, las mismas personas.
Mujin todavía carga con el peso de su hermana.
Jiwon continúa corriendo hacia quienes necesitan ayuda.
Doyun ya perdió su arco.
Y Haejin empieza a temer un poder que aún no comprende.
—Voy a salir —le digo a Kwon.
Él intenta caminar sin tropezar con sus propias piernas.
—¿Adónde?
—A buscar compañeros.
—¿Más subordinados?
—Posibles compañeros.
—¿También vas a golpearlos hasta que acepten?
—Solo funcionó con vos.
—No funcionó. Todavía considero la posibilidad de traicionarte.
—Cuando consigas caminar en línea recta, podés intentarlo.
Lo dejo adaptándose al equipo y bajo al encuentro del vehículo enviado por Jang.
Encuentro a Kang Mujin en un depósito industrial de Guro. Ya es de noche y, según el expediente, falta una hora para que termine su turno.
Espero sobre uno de los edificios hasta verlo salir por una puerta lateral.
Es alto y ancho de hombros.
La cicatriz pequeña debajo de la barbilla confirma su identidad.
Dos hombres lo esperan junto a una motocicleta.
—Mujin —dice uno—. El jefe quiere saber cuándo vas a pagar.
—Ya pagué lo de este mes.
—Eso eran los intereses.
El segundo hombre lo empuja.
Mujin no reacciona.
—Necesito unos días.
—Tu hermana lleva demasiados años consumiendo dinero.
La expresión de Mujin cambia.
El primer golpe es tan rápido que el hombre apenas alcanza a verlo.
Su nariz se rompe.
El segundo intenta sacar un cuchillo, pero Mujin le atrapa la muñeca y lo arroja contra la motocicleta.
No es un peleador refinado. Utiliza demasiada fuerza y deja espacios abiertos, pero cada golpe contiene una violencia difícil de enseñar.
El futuro Caballero Sanguinario ya está allí.
Solo necesita un campo de batalla.
Desciendo del edificio y aterrizo entre ellos.
Los dos cobradores me miran.
—¿Quién demonios sos?
—Alguien que quiere hablar con él.
El hombre del cuchillo intenta atacarme.
Le doy un golpe controlado en el pecho. Sale despedido y cae junto a su compañero.
—Váyanse.
No necesitan una segunda advertencia.
Mujin me observa con cautela.
—No te pedí ayuda.
—Lo sé.
—¿Entonces qué querés?
—Sé que tu hermana necesita rehabilitación.
Sus ojos se endurecen.
—No vuelvas a hablar de ella.
—También sé cuánto debés y cuánto tiempo llevás trabajando para pagar tratamientos que apenas producen resultados.
Mujin avanza hacia mí.
—¿Me investigaste?
—Sí.
No tiene sentido mentir.
—Puedo cancelar tus deudas con mis propios fondos. La Asociación también puede conseguirle a Sora un tratamiento mejor y cubrir sus estudios.
Se detiene.
—¿A cambio de qué?
—De que entrenes conmigo y consideres entrar en la Torre.
Mujin deja escapar una risa sin humor.
—Entonces querés comprarme.
—Quiero darte una razón para escucharme.
—Mi hermana no es una moneda.
—Por eso el pago de las deudas no dependerá de que aceptes. Consideralo el precio de esta conversación.
Le extiendo una tarjeta con el contacto del secretario Jang.
Mujin no la toma.
—Nadie entrega tanto dinero sin querer algo.
—Quiero que seas fuerte.
—¿Por qué yo?
—Tengo una habilidad que me permite identificar potencial.
Es la misma mentira que utilicé con Seolhwa y Eunbyeol.
Una mentira útil.
—Sos capaz de recibir golpes, continuar avanzando y devolver cada uno con más violencia —añado—. Pero peleás como alguien que espera morir antes de los treinta.
La mandíbula de Mujin se tensa.
—No sabés nada de mí.
—Sé que, si mañana aparece un despertado frente a tu casa, no vas a poder proteger a Sora.
Eso es suficiente.
Mujin toma la tarjeta.
—¿Y vos podés darme ese poder?
—Puedo mostrarte dónde conseguirlo.
—¿Y si muero dentro de la Torre?
—Tu hermana seguirá recibiendo tratamiento y tendrá dinero suficiente para terminar sus estudios.
Me mira durante un largo rato.
—Quiero verlo por escrito.
—Lo tendrás.
—Y quiero elegir cuándo entro.
—También.
Guarda la tarjeta.
—Entonces escucharé el resto de tu propuesta.
No ha aceptado completamente, pero Mujin nunca entrega su lealtad con facilidad.
Es exactamente lo que esperaba de él.
Han Jiwon se encuentra en la salida de empleados de un hospital de Incheon. Lleva el uniforme de enfermería bajo un abrigo y sostiene una caja con sus pertenencias.
Una mujer mayor sale detrás de ella.
—Jiwon, intenté hablar con el director.
—No se preocupe.
—No debieron suspenderte. Esas personas habrían muerto si no hubieras entrado.
Jiwon sonríe, aunque sus ojos están cansados.
—Las reglas dicen que debía esperar a los bomberos.
—Las reglas no siempre tienen razón.
—Pero el hospital necesita culpar a alguien.
La mujer la abraza antes de regresar al edificio.
Jiwon camina hacia la parada del autobús.
Me siento junto a ella.
—Han Jiwon.
Se aparta de inmediato.
—¿Quién es usted?
—Kim Cheonro.
Su expresión cambia.
—¿El primer conquistador?
—Sí.
Mira alrededor, buscando cámaras.
—¿Por qué está acá?
—Quiero ofrecerte trabajo.
—Acaban de suspenderme por ignorar órdenes. No soy la mejor empleada.
—Por eso vine.
Frunce el ceño.
—Entraste en un edificio incendiado para sacar pacientes.
—Soy enfermera.
—Todavía sos estudiante.
—Ellos no iban a esperar que me graduara para dejar de respirar.
Exactamente la respuesta que esperaba.
—Estoy formando un equipo para la Torre.
Jiwon queda inmóvil.
—No sé pelear.
—No necesito que luches en primera línea.
—Entonces, ¿qué quiere de mí?
—Que mantengas vivos a quienes sí lo hagan.
Sus ojos cambian ligeramente.
—¿La Torre puede otorgar habilidades de curación?
—Sí.
La respuesta es honesta.
—No puedo garantizar qué habilidad recibirás —añado—, pero tenés afinidad para ese camino.
—¿Su habilidad se lo dijo?
—Algo parecido.
Jiwon contempla la caja sobre sus piernas.
—Aunque aceptara, perdería mi carrera.
—Tu beca será restaurada.
—El hospital no va a aceptarme otra vez.
—No dependerás de este hospital. El gobierno está creando una división médica para despertados. Podrás continuar tus estudios y trabajar bajo supervisión.
—¿El gobierno sabe que está ofreciendo esto?
—Sí. El contrato llegará por medio de la Asociación.
Le entrego otra tarjeta.
Jiwon la toma, pero no la guarda.
—¿Cuántas personas murieron en el primer piso?
La pregunta me sorprende.
—Muchas.
—¿Y la persona que entró después de usted?
—También vio morir soldados.
—Entonces no necesita una enfermera.
Me mira directamente.
—Necesita a alguien dispuesto a ver morir personas sin paralizarse.
—Sí.
Jiwon baja la mirada.
—En el incendio había un hombre al que no pude sacar. Lo escuché pedir ayuda mientras llevaba a otra paciente. Cuando regresé, el techo había caído.
Aprieta la tarjeta entre los dedos.
—No quiero volver a escuchar algo así sabiendo que no puedo hacer nada.
—Dentro de la Torre lo escucharás muchas veces.
—Entonces tendré que volverme capaz de responder.
Guarda la tarjeta en el bolsillo.
—Quiero revisar el contrato antes de aceptar.
—Es razonable.
—Y no voy a abandonar a un herido porque usted me lo ordene.
—Mientras no condenes a todo el equipo para salvar a una sola persona.
Jiwon no responde.
Eso será un problema en el futuro.
También es la razón por la que llegará a convertirse en una gran clériga.
Seo Doyun vive en un apartamento pequeño de Gwangmyeong.
Cuando golpeo la puerta, un hombre delgado abre con la mano izquierda envuelta en una venda rígida.
—¿Seo Doyun?
—Sí.
—Quiero hablar de su mano.
Intenta cerrar la puerta.
La detengo con dos dedos.
—No vendo tratamientos milagrosos —digo—. Tampoco pertenezco a la empresa que se negó a pagarle.
—Entonces no tenemos nada de qué hablar.
—Usted era arquero.
Su mirada se detiene.
Dentro del apartamento veo un arco guardado en una vitrina.
Está cubierto de polvo.
—Fui arquero —corrige.
—Podría volver a serlo.
Doyun levanta la mano lesionada. Apenas puede cerrar los dedos.
—Los médicos dicen lo contrario.
—Los médicos todavía no comprenden el sistema.
Finalmente me deja entrar.
Su madre duerme en una habitación cercana, así que hablamos en voz baja. Sobre la mesa hay facturas, medicamentos y cartas de rechazo de la empresa.
—¿Quién es usted?
—Kim Cheonro.
Reconoce el nombre.
—Entonces esto tiene que ver con la Torre.
—Sí.
—¿La Torre puede curarme?
—Puede reconstruir un cuerpo para adaptarlo a estadísticas y equipos nuevos.
No le prometo algo seguro.
—También podría empeorar la lesión o matarlo durante la prueba.
Doyun deja escapar una risa amarga.
—Al menos es honesto.
—Mientras se prepare, el gobierno cubrirá los gastos de su madre. También tendrá vivienda, salario y rehabilitación.
—¿Y qué quiere a cambio?
Señalo el arco.
—Que vuelva a utilizarlo.
Doyun mira la vitrina.
—Aunque recuperara la mano, llevo años sin entrenar.
—El cuerpo recuerda.
—¿Cómo puede saberlo?
Porque lo vi disparar una flecha a través del ojo de un dragón desde más de dos kilómetros de distancia.
—Mi habilidad detecta capacidades que todavía no se han desarrollado —respondo.
Doyun abre la vitrina, saca el arco con la mano derecha y recorre la madera con los dedos.
—Mi madre cree que lo conservo porque quiero volver a competir.
—¿Y no es así?
—Lo conservo porque no tuve valor para tirarlo.
Permanece observándolo.
—¿Cuándo empezaría el entrenamiento?
—En cuanto firme.
—¿Puedo retirarme antes de entrar en la Torre?
—Sí.
—¿Y el tratamiento de mi madre?
—Continuará.
Doyun asiente lentamente.
—Entonces acepto entrenar.
No necesita más tiempo.
Para algunos hombres, recuperar una dirección es más valioso que recibir dinero.
Lee Haejin es la más difícil de alcanzar.
Cuando llego a Daegu, ya ha anochecido. Vive con su abuela en una habitación pequeña sobre un comercio cerrado.
Antes de acercarme, siento una vibración irregular en el aire.
Mana.
Débil.
Inestable.
Subo las escaleras y escucho un golpe al otro lado de la puerta.
Después, un vidrio rompiéndose.
—¡Haejin! —grita una anciana—. ¡Alejate!
Abro la puerta.
La joven se encuentra en el centro de la habitación. Tiene el cabello corto y una cicatriz de quemadura asoma por su hombro derecho.
A su alrededor flotan fragmentos de vidrio. Las lámparas parpadean y el aire se calienta y se enfría al ritmo de su respiración.
Su abuela está acorralada contra una pared.
—¡No te acerques! —grita Haejin—. ¡No puedo detenerlo!
Entro.
Los fragmentos salen disparados hacia mí.
Golpeo el aire con la palma. La presión física desvía los vidrios y los arroja contra el suelo antes de que alcancen a nadie.
Haejin me mira aterrada.
—¿Qué hizo?
—Desvié el flujo.
Me acerco lentamente.
—Respirá.
—¡No puedo!
—Sí podés.
Coloco dos dedos sobre su frente.
—No intentes expulsar la energía. Hacé que gire.
—No sé cómo.
—Imaginá un círculo.
Las lámparas continúan parpadeando.
—Más lento —indico—. La energía sigue al pensamiento antes que al cuerpo.
Haejin cierra los ojos.
El calor disminuye y los objetos dejan de temblar.
Finalmente, la habitación queda en silencio.
Sus piernas ceden.
La sostengo antes de que golpee el suelo.
—¿Qué me está pasando?
—Despertaste con afinidad mágica.
—Dicen que la mayoría de las personas no tiene Magia.
—En vos es diferente.
Su abuela se acerca con cautela.
—¿Puede ayudarla?
—Sí.
Haejin levanta la mirada.
—¿Quién es usted?
—Kim Cheonro.
Me reconoce de inmediato.
—¿Vino a llevarme con el gobierno?
—No.
—No quiero que me encierren.
—No permitiré que lo hagan.
—¿Por qué?
Observo la habitación. Hay libros de física, matemática y química apilados junto a la cama. De las paredes cuelgan hojas llenas de ecuaciones.
Antes de aprender magia, Haejin ya intentaba comprender las reglas del mundo.
Ese es el origen de la futura Maestra Maga.
—Porque sería un desperdicio.
Le explico mi propuesta: entrenamiento, un laboratorio seguro, continuidad de sus estudios, una vivienda mejor para su abuela y la oportunidad de controlar su poder antes de lastimar a alguien.
Haejin escucha sin interrumpir.
—¿Tengo que entrar en la Torre?
—No de inmediato.
—¿Y si nunca quiero entrar?
—Recibirás entrenamiento hasta que puedas controlar la energía. Después decidirás.
—Parece demasiado generoso.
—Necesito personas capaces.
—También podría ser peligrosa.
—Por eso necesito enseñarte.
Haejin mira a su abuela. La anciana toma su mano.
—No quiero volver a ponerla en peligro.
—Entonces aprendé a controlar lo que tenés.
—¿Usted puede enseñarme magia?
—Puedo enseñarte los fundamentos.
En realidad, mis conocimientos mágicos son limitados comparados con los que ella alcanzará algún día, pero sé lo suficiente para guiar sus primeros pasos.
—¿Y después?
—Después probablemente seas vos quien tenga que enseñarme.
Haejin me mira sorprendida.
—¿Lo dice en serio?
—Sí.
Una pequeña sonrisa aparece en su rostro.
—Entonces acepto.
Regreso a Seúl al día siguiente.
Cuatro personas.
Cuatro futuros diferentes.
Un caballero que necesita proteger a su hermana.
Una clériga incapaz de abandonar a los heridos.
Un arquero que perdió la capacidad de sostener un arco.
Y una maga aterrada por el poder que acaba de despertar.
Cuando entro en el departamento, Kwon está de pie en medio de la sala. Ya consigue moverse con el equipo sin tropezar.
—¿Los encontraste?
—Sí.
—¿Aceptaron?
—Aceptaron escucharme. Algunos empezarán a entrenar.
Kwon sonríe.
—Entonces ya tenemos un equipo.
Niego.
—Tenemos seis personas con problemas.
—¿Seis?
—Me incluyo.
—Eso es bastante consciente de tu parte.
Tomo un palo de entrenamiento.
—Y vos sos el problema más urgente.
La sonrisa de Kwon desaparece.
—Acabás de volver de viajar por medio país.
—No estoy cansado.
—Yo todavía estoy adaptándome.
Le arrojo un cuchillo de madera.
—La Torre no espera a que termines de adaptarte.
Kwon atrapa el arma y adopta una postura.
Esta vez, cuando ataca, sus pasos no producen ningún sonido.
Thoughts
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PermalinkEl equipo es real o van a empezar a pelear por poder entre ellos cuando la presión crece?
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PermalinkEl narrador está armando un equipo de gente en situaciones imposibles. Cada uno con algo que perder si sale mal, pero todo que ganar si funciona.
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Permalink¿Lee Hejin va a poder controlar lo que tiene? Suena peligroso.
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PermalinkMujin en esa situación es tan real. Trabajar años sin parar para alguien que necesita rehabilitación, deudas que crecen, sin salida a la vista.
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PermalinkKwon dudando si el narrador puede ofrecerle el poder, y el narrador sin dudarlo. No es transacción, es confianza que aparece de la nada entre dos desconocidos.
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PermalinkKwon no tenía opción. Tomar el equipo o seguir siendo vulnerable. Al menos el narrador fue honesto de que iba a doler.
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