La respiración vuelve a escucharse.
Lenta.
Profunda.
No proviene de las paredes.
Tampoco del vacío situado en el centro de la cámara.
El sonido asciende desde debajo de nuestros pies.
Una inhalación extensa hace vibrar los nombres grabados en los ladrillos. Después llega una exhalación, acompañada por un crujido que se extiende por todo el suelo.
No espero una tercera.
Levanto la Espada del bosque y la clavo bajo mis pies.
El primer corte abre una grieta.
El segundo separa varios metros de ladrillo.
Golpeo el centro con el pie.
El suelo se hunde.
-¡Capitán! -grita Eunbyeol.
Salto dentro del agujero.
Rompo la primera capa y encuentro otra debajo.
Ladrillos.
Betún.
Raíces endurecidas.
No hay tierra.
La torre continúa hacia abajo como si su base no tuviera final.
Corto otra vez.
La Espada del bosque atraviesa la estructura y las raíces espirituales se extienden por las grietas. Utilizo su fuerza para separar bloques enteros.
Cinco metros.
Diez.
Veinte.
El sonido continúa.
Cada respiración parece provenir de un punto más profundo.
Desciendo.
La oscuridad me rodea mientras abro un túnel vertical. Los fragmentos de ladrillo quedan suspendidos por las raíces para no aplastar al grupo.
Treinta metros.
Cincuenta.
La cámara de los nombres apenas es una abertura distante sobre mi cabeza.
Aun así, no encuentro nada.
No hay una cavidad.
No existe un cuerpo oculto.
Ni siquiera una corriente de aire que explique el sonido.
Solo más ladrillos.
Cada uno igual al anterior.
Algunos tienen símbolos que desaparecen apenas intento observarlos.
Otros están completamente vacíos.
Clavo la espada de nuevo.
El impacto se extiende hacia las profundidades.
No llega ninguna respuesta.
La respiración vuelve a escucharse.
Esta vez detrás de mí.
Me giro.
No hay nada.
Después surge desde la izquierda.
Luego desde arriba.
No estoy siguiendo el sonido.
El sonido está cambiando de lugar.
Regreso a la cámara.
Las raíces me elevan a través del túnel. Cuando alcanzo la superficie, Eunbyeol continúa junto a Kwon mientras Hejin observa el agujero con el monóculo activado.
-Hejin -digo-. Revisá toda la cámara.
Ella ya sostiene el báculo con ambas manos.
-¿Qué debo buscar?
-Una señal mágica. Un espacio superpuesto. Una criatura oculta. Cualquier cosa que explique esa respiración.
Hejin asiente.
El monóculo emite un resplandor azul.
[Cálculo mágico - B.]
[Analizando estructura del escenario.]
Miles de líneas aparecen sobre las paredes.
Las corrientes mágicas atraviesan los nombres grabados, se unen en grupos y convergen alrededor del vacío central.
Hejin gira lentamente.
Observa el suelo.
El techo.
El túnel que acabo de abrir.
Después analiza a Kwon y la inscripción que intenta devorar su nombre.
Permanece así durante varios minutos.
La respiración continúa.
En ocasiones parece estar debajo.
En otras, detrás de las paredes.
Una vez suena tan cerca de mi oído que giro la espada por reflejo.
No golpeo nada.
Hejin aumenta el flujo de Magia.
El cristal del monóculo se llena de pequeñas grietas.
-¿Encontrás algo?
No responde.
Continúa analizando.
La respiración se vuelve más lenta.
Un ciclo.
Después otro.
Finalmente, Hejin desactiva la habilidad.
La luz desaparece de su ojo.
Me mira y niega con la cabeza.
-No hay ninguna criatura.
-Tiene que haber algo.
-No detecto un núcleo, un cuerpo ni una acumulación de Magia independiente.
Señala el agujero.
-Tampoco existe una cavidad debajo de nosotros. El suelo continúa durante una distancia que mi percepción no alcanza a calcular.
-¿Una ilusión?
-Identidad despierta habría reaccionado.
-¿Un espacio falso?
-No encuentro ninguna contradicción espacial.
Hejin dirige la mirada hacia el vacío del centro.
-La respiración no está viajando por la cámara.
-Entonces ¿qué escuchamos?
Ella tarda en contestar.
-No lo sé.
La respiración se detiene.
No disminuye.
Desaparece.
El silencio que queda resulta peor.
Todos esperamos.
Cinco segundos.
Diez.
Nada.
Las inscripciones regresan lentamente a sus paredes. Los nombres que empezaban a elevarse vuelven a hundirse en los ladrillos.
El vacío central se contrae hasta recuperar su forma inicial.
Como si nunca hubiera ocurrido nada.
Miro a Kwon.
Continúa de pie, pero su postura cambió.
Tiene una de las dagas en la mano.
La otra permanece en el suelo.
Parece no haber notado que la dejó caer.
-Kwon.
Levanta la cabeza.
Tarda demasiado en reaccionar.
-¿Sí?
-Tenemos que salir.
Mira alrededor.
-¿De dónde?
Eunbyeol endurece la expresión.
Aunque ya no lo reconoce, comprende que la pregunta no es normal.
-De esta cámara -responde.
Kwon observa las paredes llenas de nombres.
-¿Cómo entramos?
No contesto.
Me acerco y recojo su daga.
Cuando intento entregársela, mira el arma como si nunca la hubiera visto.
-Es tuya.
-¿Mía?
-Sí.
La toma.
El metal no reacciona.
Antes, ambas dagas reconocían su maná apenas tocaban sus manos.
Ahora la sostiene como un arma común.
-¿Sé usarla? -pregunta.
Eunbyeol me mira.
Esta vez no hay desconfianza en su rostro.
Solo preocupación por alguien que todavía considera un desconocido.
-Sí -respondo-. Mejor que casi todos.
Kwon observa la hoja.
-No lo recuerdo.
El sonido de una alarma atraviesa la cámara.
Las paredes vibran.
Desde el otro lado del muro llegan golpes.
Los guardias encontraron la entrada.
-Tenemos que movernos -dice Hejin.
Una parte del muro se abre.
Las raíces se retuercen, intentando mantener cerrado el paso, pero varias hojas curvas las atraviesan.
Elfos.
Detrás aparecen humanos y enanos.
No pertenecen a una misma guardia. Las especies continúan separadas, pero todas reconocen la cámara como un lugar prohibido.
-¡Intrusos! -grita uno de los elfos.
-¡Aléjense del Archivo Profundo!
Más soldados entran por otros sectores.
Puertas que antes no existían se abren sobre las paredes.
La cámara se llena de pasos.
Decenas.
Después cientos.
-¿Por dónde salimos? -pregunta Eunbyeol.
Miro el muro por el que entramos.
Ya no tiene la forma de Kwon.
La superficie volvió a ser completamente sólida.
-Por arriba.
Señalo el agujero que abrí.
-Hejin primero. Después Eunbyeol.
Las raíces de la Espada del bosque ascienden por el túnel.
Hejin se sujeta a una.
Eunbyeol toma otra.
Los soldados avanzan.
-¡Deténganse!
Una lluvia de flechas élficas atraviesa la cámara.
Giro la espada.
[Segundo estilo.]
[Postura contra la tormenta - SS.]
Establezco el centro.
La hoja recibe las primeras flechas.
No intento devolverlas.
Cambio sus ángulos para que golpeen el suelo.
Una lanza humana llega desde la derecha.
La desvío.
Un martillo enano impacta sobre mi espada.
La fuerza desciende por los brazos, atraviesa la postura y se acumula dentro de mi cuerpo.
-¡Suban!
Hejin asciende.
Eunbyeol va detrás.
Miro hacia Kwon.
Continúa inmóvil.
Observa a los soldados como si no comprendiera por qué lo atacan.
Ellos tampoco lo ven correctamente.
Las armas pasan a pocos centímetros de su cuerpo sin intentar alcanzarlo.
Un elfo choca contra él.
Se detiene, confundido.
Mira a su alrededor.
Después continúa corriendo.
Kwon baja la vista hacia sus propias manos.
-No me ven.
-Kwon.
No reacciona.
-¡Kwon Taesung!
Gira hacia mí.
-¿Ese soy yo?
La pregunta llega en mitad del combate.
No tengo tiempo para responderla como merece.
Libero la fuerza acumulada.
El contraataque golpea el suelo.
Una onda atraviesa la cámara.
Los soldados caen.
No los mato.
Solo necesito unos segundos.
Abandono la postura y corro hacia Kwon.
Lo sujeto por el brazo.
Su cuerpo reacciona.
La daga sube hacia mi cuello por puro instinto.
La detengo con dos dedos.
-Todavía sabés pelear.
Kwon observa la hoja cerca de mi garganta.
-No recuerdo haber hecho eso.
-No necesitás recordarlo ahora.
Tiro de él hacia el túnel.
-Subí.
-¿Por qué debería seguirte?
La pregunta me obliga a detenerme.
Detrás, los soldados empiezan a levantarse.
Las puertas continúan abriéndose.
No tenemos tiempo.
-Porque soy tu capitán.
Kwon me estudia.
No encuentra ningún recuerdo detrás de la palabra.
-¿Capitán de qué?
-De un grupo que hace demasiadas cosas estúpidas.
-Eso no parece una buena razón.
-Nunca te importó.
Algo cambia en sus ojos.
No es reconocimiento.
Solo una sensación breve.
La sombra de una costumbre.
-¿Yo también hacía cosas estúpidas?
-Más que el resto.
-Eso suena injusto.
-También te quejabas mucho.
Kwon mira el túnel.
Después a los guardias.
-No sé quién sos.
-Lo sé.
-Tampoco sé quién soy.
-Yo sí.
Aprieto su brazo.
-Por ahora alcanza.
Kwon no responde.
Pero permite que las raíces lo levanten.
Asciende detrás de Eunbyeol.
Yo subo último.
Emergemos en un corredor situado muchos niveles debajo de la entrada original.
No sé cómo.
El túnel debería habernos devuelto a la cámara superior.
En cambio, las raíces atraviesan un suelo diferente.
La geometría interna de Babel cambió mientras estábamos debajo.
Hejin sale primero.
Eunbyeol cae a su lado.
Kwon aparece después.
Cuando intento seguirlo, una mano me sujeta desde abajo.
No es un guardia.
Los dedos están formados por ladrillos unidos con betún negro.
La mano emerge de la oscuridad del túnel y se cierra alrededor de mi tobillo.
Corto.
Los dedos se separan.
No sangran.
Cada fragmento contiene un nombre grabado.
Durante un instante, todos intentan pronunciarse dentro de mi cabeza.
Miles de voces.
Identidad despierta reacciona.
La presión se rompe.
Salgo del agujero.
Las raíces cierran la abertura detrás de mí.
-¿Qué fue eso? -pregunta Hejin.
-No lo sé.
El suelo vuelve a quedar intacto.
No hay marcas.
Ni siquiera polvo.
Como si nunca hubiera excavado.
Los guardias gritan desde algún punto inferior.
No tardarán en encontrar otra ruta.
-Sigamos -ordena Eunbyeol.
Corre por el corredor.
Hejin va detrás.
Kwon permanece junto al agujero cerrado.
-¿Qué pasa? -pregunto.
Mira hacia abajo.
-Escuché algo.
-¿La respiración?
Niega.
-Una palabra.
-¿Cuál?
Kwon abre la boca.
No consigue decirla.
Se lleva una mano a la garganta.
-No sé.
-Entonces dejala.
-Era importante.
-Lo recordaremos después.
-¿Cómo sabés?
No respondo.
No sé si podremos hacerlo.
Lo empujo suavemente para que avance.
Nos movemos por corredores que se reorganizan a nuestro paso.
Las raíces cambian de posición.
Las puertas aparecen y desaparecen.
A veces escuchamos guardias detrás.
Otras veces delante.
Hejin intenta memorizar el camino, pero las marcas mágicas se desplazan.
-La Torre está alterando sus niveles internos -dice.
-¿Para atraparnos? -pregunta Eunbyeol.
-No necesariamente.
-¿Qué otra razón tendría?
Hejin mira a Kwon.
-Podría estar reorganizándose alrededor de algo.
Kwon no escucha.
Camina observando sus dagas.
La primera todavía responde débilmente.
La segunda sigue siendo un objeto sin dueño.
Después de varios minutos, guarda una.
Intenta guardar la otra.
El inventario la rechaza.
La daga cae.
Esta vez no la recoge.
-Kwon.
Continúa caminando.
Recojo el arma.
-La dejaste.
Mira hacia atrás.
-No es mía.
-Sí lo es.
-¿Cómo lo sabés?
-Son dagas gemelas.
Le muestro ambas.
Una tiene su maná.
La otra no.
-Las obtuviste después del tercer piso.
Kwon intenta recordar.
No puede.
-No me gustan las dagas.
-Son tus armas principales.
-¿Por qué elegiría algo tan corto?
A pesar de la situación, casi puedo escucharlo burlándose de sí mismo.
Pero su expresión es seria.
No reconoce ni siquiera sus preferencias.
Guardo la daga dentro de mi inventario.
No puedo devolverle el vínculo.
Al menos impediré que se pierda.
Eunbyeol se detiene frente a una bifurcación.
-La salida debería estar hacia el oeste.
Hejin observa las corrientes.
-No existe oeste dentro de esta sección.
-Entonces hacia la corriente humana.
-Se dividió en tres.
Kwon pasa junto a ellas.
Toma el corredor central.
-Por ahí.
Eunbyeol lo mira.
-¿Cómo lo sabés?
-No lo sé.
-No podemos seguirlo basándonos en eso.
Kwon se detiene.
-Entonces no me sigas.
Continúa solo.
Eunbyeol gira hacia mí.
-Capitán.
-Vamos con él.
-No recuerda quién es.
-Pero la Torre sí sabe qué quiere hacer con él.
-Eso es precisamente lo peligroso.
-También puede guiarnos hacia una respuesta.
Eunbyeol aprieta el libro.
No le gusta.
A mí tampoco.
Seguimos a Kwon.
El corredor central desciende.
A cada paso, los ladrillos pierden símbolos.
Primero desaparecen las marcas élficas.
Después los grabados enanos.
Los colores.
Las formas.
Al final, las paredes son completamente lisas.
No pertenecen a ninguna especie.
Tampoco a una cultura.
Solo ladrillos idénticos.
Kwon se detiene frente a una puerta blanca.
No tiene cerradura.
Ni manija.
Sobre ella existe una única inscripción:
[SOLO PUEDE ENTRAR AQUEL QUE NO POSEA NOMBRE.]
Kwon lee la frase.
-Puedo entenderla.
Es la primera inscripción que reconoce desde que su nombre empezó a desaparecer.
Eunbyeol se acerca.
-¿Por qué vos sí?
-No sé.
Kwon levanta una mano.
-Siento que tengo que entrar.
Lo sujeto antes de que toque la puerta.
-No.
-¿Por qué?
-Porque eso es lo que quiere.
Kwon me mira.
-¿Qué cosa?
Pienso en la respiración.
En la mano de ladrillos.
En los millones de nombres.
-Todavía no lo sabemos.
-Entonces quizá esté del otro lado.
-Exactamente.
-¿No vinimos a buscar respuestas?
-No a entregarte a cambio.
Kwon aparta lentamente mi mano.
-No sabés quién soy.
-Sí sé.
-Yo no.
Coloca la palma sobre la puerta.
-Quizá ahí adentro lo recuerde.
La puerta se abre.
No hay una habitación detrás.
Solo oscuridad.
Un aire helado sale desde el interior.
Y, después de varios minutos de silencio, la respiración regresa.
Esta vez no proviene de debajo de nosotros.
Proviene de Kwon.
Su pecho se eleva.
Desciende.
Vuelve a elevarse.
Demasiado lento.
Cada inhalación dura varios segundos. El aire entra en sus pulmones con un sonido profundo, imposible para un cuerpo humano.
El corredor entero vibra al mismo ritmo.
Kwon permanece con la mano apoyada sobre la puerta.
No parece darse cuenta.
-Kwon.
No responde.
Tiro de su brazo.
Su cuerpo no se mueve.
No porque esté resistiéndose.
La mano parece unida a la superficie blanca.
-Alejate de la puerta -ordena Eunbyeol.
Kwon gira lentamente la cabeza.
Sus ojos permanecen abiertos.
Pero no me están mirando.
-¿Quién es Kwon? -pregunta.
La respiración continúa saliendo de él.
Hejin levanta el báculo.
-Capitán, su flujo mágico está cambiando.
-¿Cómo?
Activa Cálculo mágico.
Las líneas de energía aparecen alrededor de Kwon.
No convergen en su núcleo.
Entran en él desde la puerta.
Después salen por su espalda y se extienden hacia las paredes.
Como si su cuerpo fuera solamente un conducto.
-No está absorbiendo Magia -dice Hejin-. Algo está utilizando su circuito.
Golpeo la muñeca de Kwon con la empuñadura.
La mano se separa.
La puerta se cierra de inmediato.
La oscuridad desaparece.
Kwon cae hacia atrás.
Lo sujeto antes de que golpee el suelo.
La respiración profunda se detiene.
Durante unos segundos no respira en absoluto.
Jiwon no está con nosotros.
Coloco dos dedos sobre su cuello.
Hay pulso.
Lento.
Pero estable.
-Kwon.
Sus párpados tiemblan.
Abre los ojos.
Esta vez me enfoca.
-¿Qué pasó?
-Tocaste la puerta.
Mira la superficie blanca.
-¿Qué puerta?
Hejin y Eunbyeol guardan silencio.
-La que está detrás de vos -respondo.
Kwon gira.
La observa.
Lee la inscripción.
---
[SOLO PUEDE ENTRAR AQUEL QUE NO POSEA NOMBRE.]
---
-No entiendo -dice.
-Hace un momento pudiste leerla.
-¿En qué idioma está?
Coreano.
Pero él no puede reconocerlo.
Se pone de pie con dificultad.
Parece mareado.
-¿Quiénes son ustedes?
La pregunta ya no está dirigida únicamente a mí.
Mira a Eunbyeol.
Después a Hejin.
No reconoce a ninguna.
Eunbyeol mantiene el libro contra el pecho.
-Kim Eunbyeol.
Kwon repite el nombre.
-Kim Eunbyeol.
No existe ninguna reacción en su rostro.
Hejin se presenta después.
-Lee Hejin.
-Lee Hejin.
Finalmente me mira.
Espera.
-Kim Cheonro.
Kwon inclina la cabeza.
-Cheonro.
No utiliza capitán.
Tampoco mi apellido.
Solo repite el sonido.
-¿Somos amigos? -pregunta.
Eunbyeol baja la mirada.
-Formamos un equipo.
Kwon observa sus manos.
-¿Desde hace cuánto?
-No importa ahora -respondo.
-Para mí sí.
No sé qué decirle.
Cuatro pisos.
Meses.
Años, si contamos el tiempo dentro de las pruebas.
Para mí, milenios manteniendo su nombre dentro de la memoria.
Pero nada de eso existe para él.
-Lo suficiente para que vengas con nosotros sin hacer preguntas -digo.
Kwon levanta una ceja.
El gesto es familiar.
-Eso suena como algo que una persona peligrosa diría.
-También hacías muchas preguntas.
-Entonces quizá no deba obedecerte.
-Eso también suena como vos.
Durante un instante, su boca intenta formar una sonrisa.
No llega a hacerlo.
La puerta blanca emite un pulso.
Kwon lleva una mano al pecho.
La respiración profunda vuelve a comenzar.
Una sola inhalación.
El corredor vibra.
Después se corta.
Hejin se acerca.
-No puede permanecer cerca.
-¿La puerta está provocándolo? -pregunta Eunbyeol.
-No puedo confirmarlo.
-Entonces alejémonos.
Retrocedemos.
La puerta no nos sigue.
Después de veinte metros, la respiración de Kwon recupera un ritmo normal.
Al menos por el momento.
---
El corredor no cambia mientras nos alejamos.
Continúa blanco.
Liso.
Sin símbolos.
Las especies que construyeron Babel no dejaron marcas aquí.
Ni siquiera las corrientes mágicas conservan sus colores.
Todo es pálido.
Uniforme.
Kwon camina en medio del grupo.
No intenta escapar.
Tampoco pregunta demasiado.
Cada tanto observa sus dagas.
Una continúa respondiendo débilmente a su energía.
La otra permanece dentro de mi inventario.
-¿Yo peleaba con eso? -pregunta.
-Sí.
-¿Era bueno?
-Bastante.
-Eso no parece un cumplido.
-No suelo hacerlos.
-¿Entonces era muy bueno?
-No exageres.
Su respuesta tarda una fracción de segundo.
-Creo que me caés mal.
Eunbyeol cierra los ojos.
La frase debió sonar familiar incluso para ella.
Pero cuando vuelve a mirarlo, solo ve a un extraño que imita una confianza que no comprende.
Llegamos a una intersección.
Tres caminos idénticos.
Hejin analiza las líneas.
-No encuentro diferencias.
-Tomemos el de la izquierda -dice Kwon.
-¿Por qué? -pregunta Eunbyeol.
-No sé.
-No podemos seguir decidiendo de esa manera.
Kwon mira los tres corredores.
-El del medio me incomoda.
-¿Por qué?
-Siento que ya estuve allí.
-No recordás el camino anterior.
-Precisamente.
Señala el corredor central.
-No recuerdo haberlo visto, pero mi cuerpo quiere evitarlo.
Eunbyeol me mira.
No pregunta directamente qué debemos hacer.
Espera mi decisión.
-Izquierda.
Avanzamos.
Después de varios minutos, las paredes recuperan algunos colores.
Primero aparecen vetas verdes.
Luego líneas plateadas.
Finalmente símbolos pertenecientes a diferentes especies.
Hejin deja escapar el aire.
-Estamos regresando a los sectores registrados.
A lo lejos se escuchan gritos.
Guardias.
No sabemos de qué especie.
Tampoco importa.
-Necesitamos salir de la torre -dice Eunbyeol.
-Primero tenemos que descubrir qué le ocurrió -responde Hejin.
-No lo haremos mientras nos persiguen.
-La cámara de los nombres contenía la respuesta.
-Y también lo empeoró.
Kwon escucha la discusión.
-¿Qué cámara?
Todos nos detenemos.
Lo miro.
-La cámara en la que perdiste tu nombre.
-¿Perdí mi nombre?
-Sí.
-¿Cuál era?
La pregunta llega con una tranquilidad que me resulta desagradable.
No debería poder preguntar eso sin miedo.
-Kwon Taesung.
Repite el sonido.
-Kwon Taesung.
Nada.
-No se siente mío.
-Lo era.
-¿Cómo puede un nombre dejar de pertenecerle a alguien?
Nadie responde.
La Torre probablemente sí podría hacerlo.
Pero no pienso preguntarle.
---
Los guardias aparecen por ambos extremos.
Elfos adelante.
Humanos y enanos detrás.
No están cooperando por confianza.
Solo porque todos recibieron la orden de detenernos.
-No los maten -dice Eunbyeol.
-Eso complica demasiado las cosas -murmura Kwon.
Hejin lo mira.
-¿Recordó algo?
-No.
Adopta una postura baja.
-Pero supongo que antes tampoco me gustaban los planes difíciles.
La daga en su mano responde.
Una sombra se extiende bajo sus pies.
---
[Paso de sombra menor.]
---
Kwon desaparece.
Reaparece detrás de uno de los elfos.
Golpea la parte posterior de su rodilla.
Después el cuello.
El guardia cae inconsciente.
Kwon observa su propia mano.
-Eso salió solo.
-Seguí haciéndolo -ordeno.
-Ahora sí sonás como un capitán.
Los guardias atacan.
Eunbyeol abre el Libro de los siete frentes.
-¡Hejin, barrera frontal! ¡Cheonro, retenga a los de atrás!
No intenta darle una orden a Kwon.
No porque no confíe en él.
Porque su habilidad no puede registrarlo.
Hejin crea una barrera.
Las flechas élficas golpean contra ella.
Me giro hacia los humanos y enanos.
No necesito una técnica avanzada.
Golpeo armas.
Rompo posturas.
Utilizo la parte plana de la espada.
Uno de los enanos intenta inmovilizarme con una cadena.
La tomo.
Tiro.
Su cuerpo atraviesa a dos humanos.
Kwon continúa moviéndose entre los elfos.
No conoce sus habilidades por nombre.
Pero el cuerpo las recuerda.
Paso de sombra.
Corte incapacitante.
Silencio de callejón.
Todo aparece mediante instinto.
Durante algunos segundos parece el mismo de siempre.
Después se detiene frente a una guardia elfa.
Ella no lo ve.
Kwon levanta la daga.
Podría derribarla.
No lo hace.
-¿Por qué no me mira? -pregunta.
La elfa escucha la voz.
Gira.
Sus ojos pasan por encima de él.
-¿Dónde estás?
Kwon retrocede.
La guardia lanza una flecha hacia el lugar de donde provino el sonido.
Él la esquiva.
Pero ya no ataca.
-Kwon -lo llamo.
La flecha siguiente va hacia su pecho.
Me interpongo.
La desvío.
-Movete.
Kwon mira a la guardia.
-Para ella no soy nada.
-Ahora no importa.
-Para las otras tampoco.
-Kwon.
-¿Vos cuánto tiempo vas a recordarme?
La pregunta ocurre mientras un enano intenta golpearme por la espalda.
Lo derribo con el codo.
-Hasta que recuperemos tu nombre.
-Eso no responde.
-Entonces hasta que no pueda hacerlo.
Kwon permanece inmóvil.
La guardia elfa vuelve a disparar.
Esta vez él se mueve.
Desaparece dentro de la sombra.
La golpea en el costado del cuello.
-Respuesta horrible -dice al reaparecer.
-Seguís hablando demasiado.
-Eso parece importante.
Termina de derribar a los últimos elfos.
Hejin rompe la formación trasera mediante una onda mágica.
Eunbyeol señala una puerta lateral.
-¡Por ahí!
Corremos.
---
La puerta conduce a una plataforma exterior.
El aire cálido de Babel golpea mi rostro.
Estamos a varios cientos de metros sobre la ciudad.
Las calles parecen líneas.
Las personas, puntos.
La torre continúa elevándose por encima de nosotros.
La cima sigue oculta entre las nubes.
El índice aparece.
---
[Índice de propósito común: 76,4 %.]
[Integridad estructural: 98,9 %.]
---
Empeoró mientras estábamos dentro.
Desde aquí puedo ver los sectores separándose.
Los jardines élficos retiraron varias conexiones vivas.
Las forjas enanas cerraron sus puentes.
Los canales acuáticos disminuyeron su flujo hacia los hornos.
Cada especie intenta sobrevivir sin depender de las demás.
La torre se inclina apenas.
No lo suficiente para que la población lo note.
Nosotros sí.
-Tenemos que encontrar al segundo grupo -dice Eunbyeol.
-No sabemos dónde aparecieron -responde Hejin.
-Tal vez ya están investigando otro sector.
-O tienen una misión diferente.
No hay manera de comunicarnos.
El sistema separó los grupos desde el ingreso.
Kwon se acerca al borde.
Mira la ciudad.
-¿Yo conocía a los otros?
-Sí -respondo.
-¿Cuántos?
-Cuatro.
-¿También me olvidaron?
No contesto.
La ausencia de una respuesta es suficiente.
Kwon observa el vacío.
Por un instante creo que va a saltar.
No lo hace.
-Quiero volver a la cámara.
Eunbyeol gira.
-No.
-Mi nombre está allí.
-También algo que está utilizando tu cuerpo.
-Entonces tenemos dos razones.
-Entrar otra vez puede borrarte por completo.
Kwon la mira.
-Ya no sabés quién soy.
Eunbyeol soporta la frase.
-No.
-Entonces no podés perder mucho más.
-Vos sí.
Su respuesta lo detiene.
Eunbyeol aprieta el libro.
-No te recuerdo. Eso no significa que no seas una persona.
Kwon la observa durante varios segundos.
-¿Siempre hablaba así?
-Peor -respondo.
Ella me mira.
-No era una pregunta para usted.
Kwon suelta una risa breve.
La primera real desde que salimos de la cámara.
Después se lleva una mano a la boca.
Parece sorprendido por su propia reacción.
-Creo que eso me resultó familiar.
No alcanza para recuperar un recuerdo.
Pero es algo.
Hejin se acerca al borde y observa las líneas mágicas que recorren la ciudad.
-Hay una corriente que no vimos antes.
-¿Dónde? -pregunto.
Señala hacia abajo.
No hacia la base visible.
Mucho más abajo.
Debajo de las calles.
Debajo de la torre.
Una línea oscura asciende desde las profundidades.
No posee color racial.
Es la misma energía que atravesaba el sector blanco.
-¿Estaba antes?
-No.
-¿Apareció después de abrir la cámara?
-No puedo confirmarlo.
La línea atraviesa la estructura.
Sube por el centro de Babel.
Al llegar a nuestro nivel, se divide.
Una parte continúa hacia la cima.
La otra se dirige hacia Kwon.
Hejin lo observa.
-Está conectado.
Kwon baja la mirada hacia su pecho.
No hay una marca visible.
La corriente entra directamente en él.
-¿Podés cortarla? -pregunta Eunbyeol.
Hejin intenta interferir.
La energía atraviesa el sello sin reaccionar.
-No es una conexión mágica normal.
Saco la espada.
-Entonces probaré.
-Espere -dice Hejin-. No sabemos qué parte de él sostiene.
-Tampoco podemos dejarla.
-Podría ser lo único que impide que su identidad termine de desaparecer.
Kwon contempla la corriente que solo nosotros podemos ver.
-O lo que la está borrando.
Hejin no responde.
No lo sabe.
Yo tampoco.
La línea pulsa.
Kwon se dobla.
Cae sobre una rodilla.
La respiración profunda vuelve a salir de su pecho.
La plataforma tiembla.
Una grieta recorre el suelo.
Desde la ciudad llegan gritos.
La torre se inclina otro poco.
---
[Integridad estructural: 98,9 % → 99,1 %.]
---
La integridad aumenta.
Al mismo tiempo, Kwon pierde fuerza.
-Está alimentando la torre -dice Eunbyeol.
La corriente oscura se vuelve más gruesa.
Un símbolo desaparece de la capa de Kwon.
Después otro.
No son decorativos.
Representan las habilidades vinculadas al manto.
-Cortala -ordena Kwon.
Hejin se interpone.
-Todavía no.
-La torre está comiéndome.
-No sabemos qué ocurrirá si-
Kwon la toma del cuello de la túnica.
No con violencia.
Solo para obligarla a mirarlo.
-Yo tampoco sé quién soy.
Su respiración vuelve a profundizarse.
-Pero sé que no quiero convertirme en esto.
Hejin observa la corriente.
Después me mira.
-Una sola conexión.
-La cortaré sin dañar el cuerpo.
Fijo el objetivo.
La línea oscura.
El punto en que atraviesa su pecho.
Un único resultado:
Separar la conexión sin cortar aquello que mantiene vivo a Kwon.
La espada se estabiliza.
---
[Quinto estilo.]
[Absoluto - SSS.]
---
Ejecuto el corte.
La hoja atraviesa la corriente.
Durante un instante, la línea se separa.
Kwon toma aire.
La respiración ajena desaparece.
La torre deja de vibrar.
Después, desde algún punto bajo la ciudad, algo tira.
La conexión vuelve a unirse.
No se regenera.
Nunca fue cortada por completo.
Solo separé la parte visible.
La corriente no empieza en Kwon.
Ni siquiera termina en él.
Forma parte de algo mucho mayor.
Una presión recorre mi brazo.
La Espada del bosque emite un crujido.
Retrocedo.
La conexión permanece.
Kwon vuelve a respirar al ritmo de la torre.
-No funcionó -dice Eunbyeol.
-Funcionó sobre la línea.
Miro hacia abajo.
-Pero la línea no es la conexión verdadera.
Hejin sigue su recorrido.
La corriente baja hasta perderse bajo la base.
-Entonces el origen está en los cimientos.
Kwon se pone de pie con dificultad.
-¿Podemos llegar?
-No desde acá -responde Eunbyeol.
-Entonces encontremos una forma.
Las alarmas empiezan a sonar detrás de nosotros.
Los guardias recuperaron el camino.
No podemos permanecer.
Miro la ciudad.
Luego la corriente oscura.
Si desciende hasta los cimientos, quizá allí encontremos el origen de la respiración.
Y quizá al segundo grupo.
-Bajamos -digo.
Kwon observa la distancia.
-¿Saltando?
-Sí.
-¿Yo sabía volar?
-No.
-Es una información importante.
Invoco raíces desde la Espada del bosque.
Se extienden por el exterior de la torre, buscando apoyo entre los ladrillos.
Eunbyeol sujeta el libro.
Hejin prepara una barrera de caída.
Los guardias atraviesan la puerta.
No esperamos.
Saltamos.
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Las raíces frenan el descenso.
No buscamos regresar a la ciudad.
Descendemos pegados a la superficie de la torre.
Cientos de metros.
Después miles.
La estructura parece no terminar.
Las corrientes raciales pasan junto a nosotros como ríos de luz.
Algunas se encuentran dañadas.
Otras se separan deliberadamente.
La línea oscura continúa hacia abajo.
La seguimos.
Kwon desciende en silencio.
No hace preguntas.
Mantiene una mano sobre el pecho.
Cada vez que la corriente pulsa, sus dedos se cierran.
Finalmente alcanzamos la base visible.
La ciudad queda arriba.
Pero la energía continúa descendiendo.
Debajo de Babel existe una abertura.
No figura en la arquitectura exterior.
Una grieta estrecha entre los cimientos.
Las raíces entran.
Nosotros también.
El aire cambia.
Huele a humedad.
Sangre.
Arcilla.
Y algo más.
Podredumbre.
Hejin crea una luz.
El túnel aparece.
Las paredes están hechas de ladrillos oscuros.
No poseen nombres escritos.
Pero algunos se mueven.
Uno se contrae.
Después otro.
Como músculos.
Eunbyeol se aproxima a uno.
-No lo toques -digo.
El ladrillo vuelve a moverse.
Un sonido sale desde su interior.
Débil.
No es una respiración.
Es una voz.
-Ayuda...
Todos quedamos inmóviles.
La palabra se repite desde otro bloque.
-Ayuda...
Después desde diez.
Cien.
Miles.
Las paredes enteras empiezan a susurrar.
-Ayuda.
Kwon observa los ladrillos.
La corriente oscura que atraviesa su pecho se divide y se conecta con ellos.
Hejin lleva una mano a la boca.
-No son ladrillos.
Uno de los bloques abre los ojos.
Un rostro está atrapado dentro de la arcilla.
No puedo saber a qué especie pertenece.
Sus rasgos fueron aplastados hasta perder casi toda forma.
Aun así, sigue vivo.
Eunbyeol retrocede.
-¿Cuántos hay?
Hejin levanta la luz.
El túnel se extiende más allá de nuestra visión.
Cada ladrillo contiene una presencia.
Algunas todavía hablan.
Otras solo respiran.
La respiración que escuchamos no pertenecía a una criatura escondida bajo Babel.
Pertenecía a los cimientos.
A millones de seres obligados a inhalar al mismo tiempo.
Kwon toca su pecho.
La corriente oscura pulsa con ellos.
Un rostro atrapado abre la boca.
No pide ayuda.
Pronuncia algo diferente.
-Vacío.
Los demás ladrillos repiten la palabra.
-Vacío.
-Vacío.
-Vacío.
Todos miran a Kwon.
Él retrocede.
La pared frente a nosotros se abre.
No mediante una puerta.
Los ladrillos se apartan como carne.
Al otro lado hay cuatro figuras.
Mujin.
Jiwon.
Doyun.
Seolhwa.
El segundo grupo nos apunta con sus armas.
Están cubiertos de sangre y polvo.
Jiwon sostiene entre sus brazos a una criatura parcialmente extraída de un ladrillo.
Mujin levanta el escudo.
-¡Capitán!
Seolhwa mira a Kwon.
Sus ojos pasan sobre él.
No se detienen.
-¿Por qué son solo tres? -pregunta.
Kwon cierra los ojos.
No dice nada.
Yo sí.
-Somos cuatro.
Mujin me mira confundido.
Después sigue la dirección de mi mirada.
-Capitán...
La corriente oscura vuelve a pulsar.
Todos los ladrillos inhalan.
Y Kwon lo hace con ellos.