Sospecho del muerto del collar con símbolos: tenía la tarjeta, estaba en la cámara central y la llave igual no abrió nada. Al tiro pensé que era el gobernador desaparecido.
Vencedores Vencidos Una Ucronia Argentina
Vencedores Vencidos: una Ucronía Argentina
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Sospecho del muerto del collar con símbolos: tenía la tarjeta, estaba en la cámara central y la llave igual no abrió nada. Al tiro pensé que era el gobernador desaparecido.
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Vencedores Vencidos: una Ucronía Argentina
En otro universo
Capítulo 3: El Enviado
1
La nave salió de la zona Lagrange segura número 27-bA. Estaba alli, a causa del caos multiversal del sector conocido como la Zona Fantasma —por estar alejado de las otras civilizaciones—, tres universos chocaron y el,como Enviado del Consejo Multiversal, debía averiguar por qué. El problema de los tres cuerpos se había demostrado de la peor forma.
Aquellos eran tres universos espejo. Similares pero no iguales, sostenidos solo por un equilibrio cercano al caos. Algo había sucedido en uno de ellos y el desastre se había desatado. Dos universos —los opuestos— se anularon al reflejarse, y el tercero se estaba convirtiendo en una anomalía que amenazaba con llegar a un punto de quiebre de consecuencias impredecibles.
Al llegar a la zona segura, el Enviado escaneó lo que quedaba del tercer universo y encontró fluctuaciones temporales en el tercer planeta de un sistema solar antiguo y perdido en las estrellas. Miró la carta estelar y le pidió a su conciencia artificial que lo llevara hacia allí.
De todo el sector colapsado, de los tres universos superpuestos, de los billones de mundos que alguna vez existieron, solo un lugar emitía una señal. Un faro láser. Un pedido de auxilio. Eso no era casualidad. Eso era un mensaje.
—¿Qué piensas encontrar? —preguntó una voz que salía desde el lateral izquierdo, donde se ubicaba un nano M.2 9000: una SSD del tamaño de una gota de lluvia. Asus tomaba el control de la nave y actuaba como el asesor personal al que él llamaba Ciro.
—Algo, no sé bien que. Si no, deberemos anular este sector. "Alimentar" a Sagitario A*, el agujero negro en el centro de la galaxia, para que crezca y evite que la anomalía llegue a la Enana del Can Mayor. Está a solo 25 000 años luz, cerca de Sagitario B2. Si bien estos tres universos colapsaron, esta anomalía puede "contagiar" a otros y colarse por ese agujero negro —dijo Daniel, el transhumano a cargo de la misión.
—¿Y hacemos crecer el agujero negro en el centro de esta galaxia y listo? Sería más operativo.
—Sí, pero esta anomalía podría replicarse y debemos equilibrar el multiverso. Recuerda: estos tres universos funcionaban como una danza caótica, pero había un orden. Ahora ese orden se rompió.
—Estamos a 3 años luz. Llegamos en 100 pulsos.
—Ajusta el tiempo a esta realidad.
—El planeta tarda 1 752 000 pulsos galácticos en dar una vuelta a su sol y rota a una velocidad de 4800 pulsos —dijo la voz en su cerebro.
—Según los registros, usan el viejo sistema de los pioneros. Un pulso son... espera... 18 segundos. Haz la escala y usemos ese sistema de tiempo.
—Llegamos en 30 minutos; 100 pulsos.
—Perfecto. Puedo dormir un rato. Avísame cuando lleguemos —cerró los ojos y durmió.
2
La nave salió de la velocidad warp y orbitó el tercer planeta.
Ciro despertó a Daniel, quien se estiró y miró a través de las pantallas. Un mundo azul y blanco lo llenó de una extraña sensación... «¿Será verdad que aquí empezó todo hace millones de eones de pulsos? ¿Millones de años de los pioneros? Y si fuera así, ¿por qué nunca volvimos?». En fin. Fue al hangar y subió a la cápsula de transporte.
—Ciro, bajemos. Deja la nave en automático.
—Hecho. ¿Piloto yo o lo haces vos?
—Hacelo vos. ¿Tenés la telemetría? ¿Hacia dónde vamos?
—Sí. Solo de un lugar salen señales de radio. Hacia allá vamos.
La cápsula comenzó la compresión extrema del aire al ingresar a la atmósfera y se formó plasma, el cual Ciro acumuló en las células de combustible para regresar a la nave.
—Carga completa —informó la IA.
—¿Tenés registros de otros universos adonde vamos? —preguntó el Enviado.
—Sí. Un sector que llamaban Argentina, según la nomenclatura loxan de hace 1000 años.
—¿Se detecta vida o algún signo vital?
—Negativo. El planeta está vacío. Si te referías a civilización: se detectan fauna y flora, pero no indicios de civilización. Si hay humanos, están en una etapa no evolucionada.
La cápsula aterrizó en una llanura extensa; unos pájaros volaron cuando los motores se apagaron con un resoplido.
—¿Qué tal el aire?
—Una mezcla de gases :nitrógeno (78,08 %), el oxígeno (20,95 %) y el argón (0,93 %) lo hacen respirable.
—Bien —dijo, al tiempo que agarraba un rifle sónico y bajaba—. ¿Hacia dónde?
Ciro tardó un segundo y lo dirigió por la llanura hacia lo que parecía una cueva.
—Dispara una onda sónica al 56 % en la ladera izquierda.
El Enviado apuntó y del rifle salió un silbido que, al chocar contra la pared de tierra, generó una explosión de sustrato y piedras, dejando a la vista una pared de metal y un escudo con símbolos que no podía identificar.
—El lenguaje de los pioneros... ¿lo traducís?
—Sí: "Imperio Literario del Sud. ¡Oh, juremos con gloria morir!".
—Gracias. ¿Podés abrir esta compuerta?
—Tengo que ingresar al sistema. Es una puerta de metal y no vas a poder entrar porque no detecto energía; está todo apagado dentro.
—¿Esclusas?
—A 15 minutos locales de distancia.
—Hay una anomalía en la señal —dijo Ciro.
—¿Qué clase de anomalía?
—El planeta no es el origen.
Daniel observó la pantalla.
—Entonces, ¿de dónde viene?
—De la montaña.
Hacia allí fue. Al llegar, volvió a disparar donde le señaló su ayudante y otra nube de tierra voló por los aires, revelando esta vez una tapa de metal redonda. Una escalera se dejaba ver. Daniel miró por el hueco negro y preguntó:
—¿Distancia?
—A 9 minutos locales.
—Luces —pensó el Enviado, e inmediatamente sus ojos se iluminaron gracias a los LED implantados a los costados de sus globos oculares.
Se cruzó el arma a la espalda y comenzó a bajar. Los dos haces de luz iluminaban las tinieblas hasta que tocó suelo.
—Izquierda —dijo su voz interior—. Detecto un mínimo de electromagnetismo.
—¿Motores? ¿Computadoras?
—No, cámaras criogénicas. Pero están rotas; detecto el motor de nitrógeno líquido pero tiene una fuga.
—Guíame.
Recorrieron pasillos desvencijados; debió usar su arma dos veces para abrir puertas trabadas hasta que llegaron a una gran cámara. Allí, diez cámaras criogénicas de la época pre-warp estaban cubiertas de polvo y algunas destruidas. En su interior, varios esqueletos aún vestían las mallas térmicas que debieron haberlos salvado. Frente a las cámaras, una consola con monitores les servía de lápida.
—Hay que revisar los cuerpos para ver si tienen una llave de acceso. En el panel central hay una ranura para una llave que podría dar vida a este lugar.
—Bueno, dame unos minutos.
Daniel lo hizo así: abrió una a una hasta que, en la central, en el cadáver de un hombre de contextura mediana que llevaba un collar con extraños símbolos, encontró también una tarjeta. La agarró y, al apretar la parte inferior, esta desplegó doce púas con diferentes formas dentadas. Se sorprendió de lo parecidos que eran los sistemas antiguos. «¿Será este realmente el origen?», se preguntó. Fue hacia la consola, colocó la llave, la giró y nada ocurrió; lo intentó hacia el otro lado y tampoco pasó nada.
—Está todo muerto —dijo, golpeando los puños contra la consola—. ¿No hay otro lugar desde donde se emita alguna señal?
—Ya me fijé. La señal es un faro láser: el último pedido de auxilio.
—¿Y podés revivir las unidades de memoria de estas computadoras en la nave?
—No, son arcaicas. En la nave todo es cuántico; estas son binarias. ¿Debemos hacer crecer a Sagitario?
—No queda otra que aislar esta zona. Escaneá todo el lugar y decime si ves algo que no puedas catalogar. Cuando lo posible se acaba, lo imposible puede funcionar.
—Da un giro con lentitud.
El Enviado empezó a girar y los haces de luz iluminaron palmo a palmo el recinto, hasta que la IA le pidió que se detuviera.
—Cápsula 4, dentro de su malla.
Fue hacia esa cámara, la abrió, metió la mano y sacó una bolsa de material sintético con un objeto en su interior.
—¿Qué es?
—Déjame buscar en mi registro —dijo Ciro—. Sácalo... Ya lo tengo: es un bloque rectangular y tridimensional, similar a una caja plana y firme, diseñado para sostenerse con las manos. Su exterior está protegido por dos cubiertas rígidas unidas en uno de sus lados por una tira vertical llamada lomo, la cual funciona como la bisagra de una puerta. En su interior resguarda cientos de láminas de papel extremadamente delgadas, flexibles y apiladas con precisión, las cuales están cosidas firmemente a ese eje central. Al levantar la cubierta superior, el bloque se despliega en dos mitades planas, permitiendo pasar las hojas una a una para revelar el contenido atrapado en su interior sin que ninguna se desprenda de la estructura. Se lo conocía como "libro", y era usado como respaldo analógico y vehículo de enseñanza y aprendizaje. Quizás allí haya algo. Trátalo con cuidado, tiene 1000 años locales.
Daniel lo sostuvo con ambas manos. Pesaba poco, pero había algo en él que lo hacía sentir más antiguo que la nave, más antiguo que el Consejo, más antiguo que cualquier cosa que hubiera tocado antes. En la tapa, casi borrada por el tiempo, había una inscripción manuscrita: "Para que no se olvide. Para que alguien lo lea algún día."
—¿En qué idioma está? —preguntó.
—Es un tipo de dialecto terrestre, tengo registros. ¿Lo querés decodificar vos o lo hago yo? Recomiendo que lo hagas vos: estos "libros" eran usados con modismos y buscando resaltar emociones humanas. Yo no puedo reaccionar a ellos y se me pueden escapar detalles importantes.
—¿Tenés el idioma?
—Sí, español. ¿Te lo instalo?
—Hacelo. Pero vamos a la nave, esto es un cementerio.
3
Ya en la nave y con el idioma instalado, se sentó en su silla de comando con el planeta azul de fondo y se dispuso a decodificar el libro. Ciro comenzó a chequear los sistemas mientras él intentaba encontrar algo que ayudara a traer el orden a esos tres universos.
Pasó la mano por lo que, según Ciro, se llamaba "tapa" y realizó una acción ancestral de la que había oído hablar pero creía un mito: se puso a "leer".
En la primera página, antes del título, había una nota manuscrita, con una letra temblorosa que no coincidía con la del resto del libro:
"Escribo esto en Madrid, en el exilio, en 2050. Ya no queda nadie en Buenos Aires que recuerde mi nombre. Mi padre, el gobernador, fue desaparecido por el régimen y hoy nuestro apellido está prohibido y borrado de los libros de historia.
Yo escribo para que esta historia no se pierda. Para que alguien, algún día, sepa lo que pasó. Si este libro llega a tus manos, lector desconocido, te pido una sola cosa: no dejes que la Noche Infame se repita.
Me han defenestrado. Ningún historiador comulga con mis teorías, pero sé que son verdad: lo viví de niño y adolescente. Y existe, en algún lugar de mi querido y lejano país, un sitio donde descansan cientos de libros y archivos perdidos. Algún día podré sacarlos a la luz.
Quizás no sea “la verdad” que la sociedad se inventó para sobrevivir... pero es la que pude reconstruir con mi investigación.
Tuyo Eduardo "
Daniel frunció el ceño. «¿Noche Infame?». Pasó la página y comenzó a leer.
───
La noche infame: crónica de la guerra civil argentina y sus consecuencias
Profesor Eduardo B. Kicillof, España, 2050
Capítulo 1 (extracto)
Argentina nació ya mal manejada. Si bien fue causa del impulso de un grupo de patriotas, fue armada y fomentada por la Gran Logia de Maryland, fundada en 1804 por un portugués enviado por el país del norte que buscaba la independencia de los pueblos del sur de la monarquía española, pero no de la anglosajona. Muchos la acusaron de enviar espías británicos y sembrar alianzas con los criollos para que las invasiones inglesas prosperaran, tanto en lo militar como en lo social. Pero no contaron con la visión de otros patriotas pertenecientes a otra logia: los Masones.
La lucha entre estos dos grupos duró dos siglos y concluyó en la "Noche Infame". A la primera logia se la llamó el Círculo Rojo, formada por grandes comerciantes, hacendados y una naciente oligarquía que veía en el gauchaje y los mestizos a una chusma ingobernable. La otra era el Círculo Argentum (azul y blanco después de 1853), formado por los patriotas educados con la doctrina de la Revolución Francesa, que veían en los pueblos originarios y en los inmigrantes el material para formar una gran nación. Estos dos antagonistas lucharon por el alma de la Argentina durante 200 años, y es un divertido ejercicio colocar a cada personaje relevante de la historia nacional en su bando correspondiente: al hacerlo, se entienden muchas cosas.
Hubo dos hechos que marcaron la historia del país. Uno fue la derrota de Rosas en la Batalla de Caseros, donde Urquiza se alió a Brasil y Uruguay, lo traicionó y, de esa traición, se colocó la pieza fundamental de la nación con su Constitución en 1853. A Urquiza lo financió un barón brasileño; ambos eran parte del Círculo Rojo. Rosas pertenecía al Círculo Celeste y Blanco.
El Círculo Rojo gobernó hasta la asunción de Yrigoyen y causó dolor y muerte en toda Sudamérica. Roca realizó un genocidio con los pueblos originarios; Mitre le devolvió el favor de años antes a Brasil y, junto con Uruguay, destruyó a la pujante República del Paraguay, la cual era patrocinada por Francia y sus ideas de libertad (casi desaparece el pueblo guaraní). Mientras tanto, el Círculo Azul y Blanco buscaba rearmarse en la figura de socialistas y radicales.
Pero sucedió lo que hasta entonces era imposible pensar: un golpe militar. Se había corrido un límite. Durante esa década (desde 1930 hasta 1943), reinaron el fraude, la violencia institucional y la persecución a los opositores. El Círculo Rojo alentó y mantuvo en el poder a cuatro presidentes de facto hasta que sucedió el segundo suceso: el nacimiento del Peronismo.
No voy a hacer hincapié en este último porque hay un capítulo entero dedicado a él, pero sí en su repercusión dentro del Círculo Rojo. Lo odió, pero no porque les quitara sus privilegios, sino porque los compartió con el pueblo. ¿De qué sirve tener todos los lujos si hay que compartirlos con los pobres? Aunque esto no era lo que más les molestaba; les molestaba su arrogancia: que un obrero mirara a los ojos al patrón, que un paisano pidiera un pago justo por su trabajo. ¿Dónde se ha visto que un paisano de alpargatas pida derechos, pueda estudiar y suba en la escala social? Esto enfureció al Círculo Rojo, y en 1955 cruzaron otro límite: bombardearon la Plaza de Mayo; 300 personas fueron asesinadas. Luego cae Perón, proscriben al peronismo y lo que sucede después es un ir y venir entre el Círculo Rojo y el Celeste y Blanco, aunque el primero tenía la convicción férrea de que la única forma de prevalecer de una vez y para siempre era destruir al otro. Ya no había un "pacto de caballeros" de dejarlos hacer esperando volver. Desde 1976 toma el poder una dictadura que buscó destruir el alma del pueblo: matar y desaparecer las ideas del Círculo Celeste y Blanco, no dejar rastro de ellos ni de su descendencia. Pero calculó mal: se metió en una guerra que no pudo ganar y la democracia volvió.
Aquí quiero hacer un paréntesis... Algunos historiadores dicen que el kirchnerismo fue una dictadura, pero son historiadores que sienten simpatía por el régimen actual. Por lo que he podido recabar y fundamentar, fue elegido siempre en elecciones y no hay registros de fraude, por lo que esta acusación sería otro engranaje en la desinformación de la que no quiero ser parte.
Cuarenta años de democracia continuaron con diferentes presidentes; hubo momentos de zozobra, como el levantamiento carapintada a Alfonsín o la semana de diciembre de 2001, pero el Círculo Rojo no pudo dar el zarpazo. La primera década del siglo XXI fue de relativa calma, pero el advenimiento de las nuevas tecnologías trajo un nuevo enemigo: la posverdad.
En 2012, el pueblo argentino vivía una época de bonanza. La distribución de la riqueza estaba en un punto inédito: 52 % para el pueblo y 48 % para los grandes grupos (cuando anteriormente solo era del 35 % para el pueblo). El Círculo Rojo estaba en su peor momento, hasta que desde el norte la CIA les trajo un experimento que estaba funcionando allá y que a los "hermanos menores" del sur les serviría.
En 1935, Hitler creó el Ministerio de Propaganda para difundir los logros de su gobierno y colocar a los judíos como los causantes de todos sus males. Si una cosecha venía mal: los judíos; si había un desfalco en un negocio: los judíos; si había una fuga de información: los judíos. Se los demonizó, se los deshumanizó, se los caricaturizó como ratas, insectos y gusanos. Cuando empezó su exterminio, el pueblo lo justificó.
Lo mismo hizo el Círculo Rojo con el peronismo, y en las elecciones de medio término le dio resultado. El partido impulsado por ellos fue el PRO: un rejunte de exiliados de otros partidos —algunos totalmente opuestos—, una antigua montonera acusada de enviar a la muerte a excompañeros y un exministro de economía que llevó al país al abismo en el 2001. Convivían junto a una fanática religiosa mesiánica y un líder que era un chico rico buscando la aprobación del padre. Pero la posverdad pudo más. El análisis detallado de cada sector electoral les permitía decir lo que todos querían escuchar. Una maquinaria mediática aceitada, formada por los medios masivos de comunicación y un ejército de trolls minando las redes sociales con noticias falsas, más el lawfare generando más confusión, logró lo improbable: que ganaran las elecciones presidenciales por un punto. Pero nunca tan poco le costó tanto al país.
Cuatro años después, el país estaba destruido. El Círculo Rojo había creado un monstruo y no lo podía detener. Desde el país del norte le dieron 55 000 millones de dólares a través del Fondo Monetario Internacional para que ganaran la reelección e invirtieran en planes sociales y obras, pero aun así perdieron, dando paso al último gobierno democrático de la historia de la Argentina.
Una pandemia, una guerra mundial silenciosa y un Círculo Rojo que entendió que la única forma de quedarse para siempre en el poder era destruir de una vez y por todas al Círculo Celeste y Blanco. Usó todas sus armas: los medios de comunicación, un ejército de trolls en las redes sociales y a la justicia. El gobierno del PRO había espiado a todo el país, pero principalmente a la oposición y a sus propios aliados; de todos tenían un secreto, y así obligaban a realizar acciones irrisorias, como juzgar a Cristina Kirchner sin tener pruebas: 52 juicios y en ninguno quedó culpable. Cuando estaban por quedar totalmente en ridículo ante la población y la comunidad internacional, ocurrió el atentado.
Me detengo un segundo para una reflexión sobre por qué creo que sucedió lo que sucedió y por qué se atrevieron a atravesar el último límte: se creyeron su propio discurso, se creyeron sus mentiras.
Durante la pandemia, el peronismo y todos los que tenían un poco de raciocinio se cuidaron y siguieron las resoluciones y recomendaciones del gobierno. El Círculo Rojo alentó a grupos marginales, como los terraplanistas y antivacunas, junto a lo más rancio de la oligarquía argentina. Salían a marchar y hacían ruido, pero no eran más que un minúsculo grupo. Sin embargo, el Círculo Rojo pensó que eso era «el pueblo». Desde los medios se envió un mensaje de odio hacia el peronismo y los pobres: no tenían derecho a quejarse, no tenían derecho a que los ayudaran; eran la basura del país. Exactamente como hizo el nazismo en Alemania con los judíos y gitanos. Día y noche se multiplicaban las noticias falsas y las agresiones hacia el gobierno y los movimientos sociales. Visto ahora, después de tantos años, no podía terminar de otra forma.
El Círculo Rojo creyó que los que salían a marchar para defenderla de los juicios manipulados que buscaban proscribirla eran rentados, que no era el verdadero pueblo. Por eso, cuando vieron que la proscripción no iba a suceder, evaluó y llevó a cabo el atentado. No vio lo que iba a suceder, no supuso que iba a patear un avispero. La noche que la bala asesinó a la vicepresidenta también mató a la Argentina... Esa noche será recordada como la Noche Infame, en la que el pueblo dolido salió a buscar venganza ardiendo de odio, y la Argentina ardió...
───
Daniel levantó la vista del libro. El planeta azul seguía girando afuera, indiferente. Pero algo en su interior había cambiado. Por primera vez en años, sintió algo que no era curiosidad ni deber. Sintió que la historia que tenía en las manos no era un simple documento: era un grito. Un grito de mil años que había atravesado el espacio y el tiempo para llegar hasta él.
Ciro interrumpió el silencio.
—¿Seguimos con la misión?
Daniel no respondió de inmediato. Miró el libro, luego el planeta, luego las estrellas.
—Sí —dijo finalmente—. Pero antes, quiero leer el resto.
Thoughts
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PermalinkVale, esto del libro que ya nadie sabe leer me ha recordado a Fahrenheit 451, que es de los que tengo siempre a mano. Lo apunto para volver cuando salga el siguiente.
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PermalinkDaniel dormilón jaja
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PermalinkMare, ya anda en el chat de mi grupo y todas nos quedamos con que la IA tuvo que explicar qué es un libro porque ahí ya nadie sabe 😭
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PermalinkSospecho del muerto del collar con símbolos: tenía la tarjeta, estaba en la cámara central y la llave igual no abrió nada. Al tiro pensé que era el gobernador desaparecido.
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PermalinkLos 1 752 000 pulsos de 18 segundos dan justo un año terrestre y los 4800 un dia, asi que se nota que los pioneros se llevaron el reloj de aqui aunque ya no se acuerden de donde salio. Apuesto a que el libro va a ser lo que les devuelva el origen a Daniel y a Ciro, y no el faro. Gracias por seguir con la serie!
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PermalinkÓrale, el capítulo termina con Daniel posponiendo la misión para seguir leyendo, y eso me deja con la duda de qué pesa más ahora para él, el Consejo o la nota de Madrid. Ciro describiendo un libro como una caja con bisagra me hizo reír, porque así vería ese objeto alguien que nunca tocó papel. Apuesto a que el faro láser y el libro vienen del mismo lugar, y que quien escribió la nota temblorosa es quien dejó la señal encendida.
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