Eso de que tiene que soltar el cuerpo en el agua para que se lo lleven es más literal de lo que uno espera en una película de aviones. Lo he visto muchas veces: llega un momento en que alguien tiene que abrir la mano y nadie en la habitación sabe cómo decírselo. Que le dedique media hora a eso ya dice bastante.
Top Gun — La excelencia también tiene un precio
Top Gun es una película sobre la excelencia. Sobre qué pasa cuando llegás a un lugar donde todos son extraordinarios y, aun así, necesitás encontrar una manera de demostrar que sos mejor que el…
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Eso de que tiene que soltar el cuerpo en el agua para que se lo lleven es más literal de lo que uno espera en una película de aviones. Lo he visto muchas veces: llega un momento en que alguien tiene que abrir la mano y nadie en la habitación sabe cómo dec
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Top Gun es una película sobre la excelencia. Sobre qué pasa cuando llegás a un lugar donde todos son extraordinarios y, aun así, necesitás encontrar una manera de demostrar que sos mejor que el resto. Y cuanto más conozco sobre cómo se hizo la película, más siento que esa idea no solamente define a Maverick: define a la propia película, a Tony Scott y hasta al Tom Cruise que empezaba a construirse en esos años.
De hecho, el concepto estaba desde el origen del guion. Jack Epps Jr., que era piloto privado, había leído un artículo llamado Top Guns sobre la escuela real de aviación y de ahí comenzó a desarrollarse el proyecto junto a Jim Cash. Cuando investigaron ese mundo, los propios asesores les explicaron que varias cosas que estaban escribiendo no funcionaban exactamente así. Una de las más importantes era el famoso trofeo por el que compiten Maverick e Iceman. Les dijeron que ese premio no existía y que fomentar semejante competencia entre los alumnos sería incluso peligroso. Pero los guionistas tenían bastante claro qué película estaban haciendo: no querían hacer un documental sobre Top Gun, querían hacer un drama sobre la búsqueda de la excelencia.
Eso me parece fundamental porque explica prácticamente toda la película. Top Gun reúne a los mejores pilotos jóvenes del país y los pone frente a los mejores instructores posibles. Todos saben volar. Todos tienen talento. Todos llegaron hasta ahí porque ya demostraron ser excepcionales. Entonces la pregunta deja de ser quién es bueno y pasa a ser qué significa realmente ser el mejor cuando todos los que te rodean también son extraordinarios.
Y Maverick vive atrapado dentro de esa pregunta. No le alcanza con ser brillante: necesita demostrarlo. Necesita ganar, necesita ir más rápido, necesita hacer la maniobra que los demás no harían y necesita que cada vuelo confirme que él pertenece ahí. Por eso su verdadero rival nunca me parece Iceman. El verdadero conflicto de Maverick es su necesidad permanente de demostrar que vale algo.
Iceman funciona justamente porque representa otra forma de excelencia.
Es disciplinado, calculador, profesional. No necesita convertir cada vuelo en una declaración de identidad. Maverick, en cambio, vuela como si cada maniobra dijera algo sobre quién es. Para él no alcanza con completar una misión: tiene que hacerlo de una manera que solamente podría hacer Maverick. Uno entiende que el talento también necesita límites; el otro siente que ser talentoso prácticamente le concede el derecho de romperlos.
Y hay algo muy interesante detrás de esa construcción.
Cash y Epps siguieron escribiendo el personaje pensando en Tom Cruise incluso después de que inicialmente rechazara hacer la película, y la referencia que tenían especialmente presente no era solamente Risky Business, sino el Cruise de All the Right Moves: otro joven extremadamente competitivo, atrapado dentro de una estructura donde su futuro parece depender de demostrar que es mejor que los demás.
Eso hace que Top Gun me parezca casi una ampliación gigantesca de algo que Cruise ya venía trabajando. En All the Right Moves era el deporte; acá son aviones de combate. Cambia completamente la escala, pero permanece esa necesidad de convertir la excelencia en identidad. Y ahí aparece una pregunta que me interesa mucho:
¿Qué pasa cuando aquello en lo que sos bueno deja de ser algo que hacés y empieza a determinar cuánto creés que valés?
Porque si tu identidad está construida sobre ser el mejor, perder deja de significar simplemente perder. Se convierte en una amenaza contra quién sos.
Y Tony Scott filma todo eso como si él también tuviera algo que demostrar.
La apertura ya es una declaración de principios. Aviones, humo, hombres trabajando sobre la cubierta, siluetas, motores, música y ese cielo naranja imposible mientras Scott ralentiza el movimiento hasta transformar una operación militar en algo casi mitológico. En el análisis cuentan que cuando llegó al portaaviones y no tenía la luz que quería, Scott consideró que “el sol estaba en el lugar equivocado”. Para conseguir la posición correcta había que mover el barco, algo carísimo, y terminó firmando un cheque de su propio bolsillo para poder obtener esos minutos de luz.
La anécdota me encanta porque explica mucho de Tony Scott. El cielo naranja no era decoración. Era cine.
Y eso se siente durante toda Top Gun. Los atardeceres, las pistas, los hangares, los cuerpos recortados por contraluces, la moto de Maverick corriendo junto al avión, los interiores cargados de humo, los uniformes, las miradas. Scott filma prácticamente todo con una intensidad visual enorme. Durante mucho tiempo ese tipo de puesta fue desestimada como “estética de videoclip”, como si una película comercial, sensual y llena de música no pudiera tener una verdadera concepción cinematográfica.
Pero mirás Top Gun y hay puesta en escena hasta en los planos que supuestamente no deberían importar.
Un simple plano detalle del micrófono, con la mano entrando a agarrarlo. Es casi un plano funcional, uno de esos que cualquier director podría filmar únicamente para resolver el montaje, y sin embargo Scott consigue que tenga textura, movimiento y presencia.
Eso para mí dice muchísimo. Tony Scott no tiene solamente cinco grandes imágenes para vender la película. Piensa visualmente incluso el descarte. Una mano, un cable, una máscara, una mirada o un avión estacionado pueden tener la misma intención formal que una gran maniobra aérea.
Y quizás por eso Top Gun terminó imponiendo una estética en vez de simplemente seguir una.
Los colores, los anteojos, las camperas, la música, los cortes de pelo y hasta cierta forma de representar la masculinidad quedaron ligados a la película. El propio análisis cuenta que Scott mostró a los actores referencias fotográficas con una estética pensada deliberadamente para resultar atractiva tanto para mujeres como para hombres, incluso enfrentándose a la apariencia más práctica que tenían realmente los pilotos militares.
Por eso tampoco creo que el famoso componente homoerótico de Top Gun sea solamente un chiste posterior de Tarantino.
Está en cómo Scott filma los cuerpos, la competencia, el sudor, las miradas y esa proximidad física entre hombres que se admiran, compiten y se miden permanentemente. La escena del vóley es el ejemplo más evidente, pero esa energía atraviesa toda la película. Scott filma los cuerpos masculinos prácticamente con la misma fascinación con la que filma los aviones.
Y al mismo tiempo, por debajo de toda esa estética ochentosa, hay una película sorprendentemente clásica.
En el análisis aparece una referencia que me gusta muchísimo: Only Angels Have Wings, de Howard Hawks. La aviación, los profesionales definidos por aquello que saben hacer, los códigos entre hombres, la camaradería, el riesgo y una mujer que entra en ese mundo sin limitarse a observarlo. Incluso la relación entre Maverick y Charlie tiene algo de esa dinámica hawksiana basada en el ida y vuelta, la provocación y personajes que demuestran mucho más mediante lo que hacen que mediante grandes confesiones.
Ahí Charlie me parece bastante más importante que “la novia de Maverick”. Ella sabe de aviación, lo evalúa, lo contradice y puede detectar cosas que él no ve. Maverick puede entrar a una cabina creyéndose prácticamente invencible y, sin embargo, volverse muchísimo más torpe intentando conquistarla. El personaje que controla un avión a velocidades absurdas no controla necesariamente una conversación con la mujer que le gusta.
Y Cruise vende las dos caras.
Risky Business había mostrado que existía una estrella. Pero para mí Top Gun convierte definitivamente a Tom Cruise en Tom Cruise.
Lo interesante es que el propio camino hacia la película ya contiene algo de aquello que después va a definir toda su carrera. Cruise inicialmente no quería hacerla. Estaba rodando Legend, y ahí Ridley Scott, que sabía de su fascinación por los aviones, le habló del proyecto que estaba preparando su hermano Tony. Finalmente lo llevaron a volar con pilotos y la experiencia fue brutal: según cuentan, hicieron maniobras intentando ponerlo al límite, Cruise terminó vomitando durante el vuelo y, apenas aterrizó, llamó para decir que tenía que hacer esa película.
Pero hay un detalle todavía más interesante: cuando aceptó, no quiso limitarse a ser el actor. Quería asistir a las reuniones, conocer las decisiones de producción, entender los presupuestos, las locaciones, el entrenamiento y cómo se estaba construyendo la película. Al principio podían mirarlo como “el actorcito” que se estaba metiendo donde no correspondía, pero esa curiosidad terminó formando parte del proceso.
Cuando uno conoce todo lo que Cruise va a hacer después, es imposible no verlo como una especie de origen secreto del Tom Cruise productor.
Ya aparece esa característica que terminará definiendo su carrera: No le alcanza con estar dentro de la película; quiere entender la máquina completa.
Y Maverick es casi el personaje perfecto para él porque comparte esa obsesión. Ir más lejos. Hacerlo mejor. Controlar cada detalle. No conformarse con ser bueno cuando existe la posibilidad de ser excepcional.
Pero lo que realmente hace grande a Top Gun es que la película después rompe esa fantasía de invencibilidad.
Y lo hace matando a Goose.
Hasta ahí podemos pensar que estamos viendo una película competitiva bastante clásica. Maverick llega a Top Gun, aparece Iceman, existe un trofeo, hay rivalidad, romance y entrenamiento. Uno imagina fácilmente que la película terminará con Maverick ganando la competencia y demostrando que era el mejor.
Pero la película cambia completamente cuando muere Goose.
Y me parece importantísimo que sea justamente él. Goose es probablemente el personaje más cálido, simpático y humano de toda la película. Maverick necesita demostrar constantemente quién es; Goose no necesita demostrar prácticamente nada. Es su compañero, su amigo, su familia dentro de ese mundo.
Entonces cuando muere no desaparece solamente un personaje. Desaparece el equilibrio de Maverick.
Y Scott filma su muerte con una brutalidad bastante sorprendente. La eyección, el golpe, el cuerpo en el agua, Maverick agarrándolo desesperadamente mientras llega el rescate. No hay una muerte heroica ni una despedida perfecta. Hay un accidente.
Y después aparece esa frase simple: Tiene que soltarlo.
Literalmente tiene que soltar el cuerpo para que se lo lleven. Pero toda la segunda mitad de la película consiste, de alguna manera, en Maverick aprendiendo a hacer eso.
No olvidarlo.
No dejar de quererlo.
No “superarlo” como si Goose hubiera sido una etapa que tiene que dejar atrás.
Aprender a seguir viviendo con su ausencia.
Y me gusta muchísimo que Top Gun se tome tiempo para mostrar ese duelo. No utiliza la muerte de Goose simplemente como combustible emocional para una victoria final. Maverick se rompe.
Pierde confianza.
Vuela mal.
Duda.
Piensa en irse.
Por primera vez, el lugar donde siempre sabía exactamente quién era deja de darle seguridad.
Hasta ese momento Maverick podía tener problemas con Charlie, con Iceman, con sus instructores o con la historia de su padre. Pero cuando se subía al avión todo parecía ordenarse.
Después de Goose, ni siquiera el aire es un lugar seguro. Y lo más cruel es que oficialmente le dicen que no fue su culpa.
La investigación lo exonera.
Nadie lo responsabiliza.
Pero eso no importa.
La culpa no siempre escucha evidencias.
Maverick estaba ahí.
Goose murió.
Él sobrevivió.
Y para él eso alcanza.
Ahí Tom Cruise me parece mucho mejor actor de lo que a veces se reconoce cuando se habla de Top Gun solamente como la película que lo convirtió en estrella. Tiene que interpretar a un personaje que durante una hora se movió por el mundo convencido de que prácticamente nada podía tocarlo y, de repente, transformarlo en alguien que ya ni siquiera sabe si quiere volver a volar.
Y lo sostiene durante varias secuencias.
El análisis hace un punto que me parece muy bueno: la película se anima a matar a su personaje más carismático y después confía en Cruise para sostener el duelo durante el tiempo necesario. No todos los actores podrían hacer funcionar esa transición sin que el segundo tramo pareciera pertenecer a otra película.
Y ahí llegamos a la secuencia que, después de escuchar todo el análisis que me pasaste, me parece todavía más importante: Maverick visitando a Viper en su casa un domingo.
Viper no es simplemente el profesor que viene a darle la charla motivacional que necesita el protagonista.
Es la vieja escuela.
Es alguien que conoció a su padre.
Es alguien que atravesó situaciones que Maverick solamente conoce como historias.
Y la propia casa cuenta quién es.
Los guionistas imaginaban lo que llamaban un “I love me room”, una habitación llena de fotografías, premios, recuerdos y memorabilia de una vida entera ligada a la aviación. Incluso mientras Maverick mira una foto donde aparecen Viper y su padre, Viper entra en profundidad de campo bajando por la escalera rodeado por más recuerdos.
Me encanta esa imagen porque el pasado está literalmente ocupando toda la habitación. Y me encanta todavía más que Maverick vaya a verlo un domingo.
No está cumpliendo una orden.
No está en una clase.
No hay público.
Es un pibe completamente perdido buscando a alguien mayor que pueda decirle algo que le permita acomodar la cabeza.
A veces necesitas precisamente eso: Ir a hablar con alguien que estuvo antes, alguien de la vieja escuela, no necesariamente porque pueda solucionarte el problema, sino porque quizás pueda ayudarte a verlo desde un lugar que vos todavía no podés.
Viper no puede devolverle a Goose.
No puede eliminar la culpa.
Pero sí puede darle algo que Maverick nunca tuvo: contexto.
Le cuenta la verdad sobre su padre y, de alguna manera, le devuelve una parte de su propia historia.
Después Maverick se despide agradeciéndole el consejo, intenta buscar a Charlie y descubre que ella se fue, y termina nuevamente cerca de los aviones. Tony Scott lo pone frente a uno de esos atardeceres imposibles mientras un avión aterriza y Maverick parece preguntarse simplemente si todavía puede hacerlo.
Para mí, ese es el verdadero clímax emocional de Top Gun.
No la batalla final.
No el trofeo.
Maverick decidiendo volver.
Y esto se conecta con algo del guion que me parece excelente: la película no presenta desde el comienzo una gran misión final. El conflicto bélico que ocupa el desenlace aparece prácticamente cuando la película está terminando. No pasamos dos horas preparándonos para derrotar a un gran enemigo.
Porque Top Gun nunca necesitó realmente esa misión. La misión definitiva era otra:
¿Maverick puede volver a subirse a un avión después de Goose?
El desenlace simplemente pone esa respuesta a prueba.
Por eso la relación con Iceman también cambia. Al principio Maverick necesita derrotarlo porque siente que la excelencia solo puede existir si alguien termina por encima del resto. Pero después de Goose, Iceman se acerca y le deja claro que él también lo quería. De repente el rival deja de ser rival por un instante.
Y cuando finalmente vuelan juntos, Maverick tiene que aprender algo que al principio parecía casi contrario a su naturaleza: ser extraordinario también implica confiar en otra persona.
La excelencia deja de ser una demostración individual.
Ya no se trata del trofeo.
Ni de acumular puntos.
Ni de demostrar que puede hacer una maniobra que nadie más haría.
Se trata de hacer el trabajo y conseguir que todos vuelvan.
Ese cambio me parece el verdadero crecimiento del personaje.
Y por eso también creo que la famosa lectura de Top Gun únicamente como propaganda militar se queda corta. La fascinación por los aviones y por la Navy es evidente, y la producción contó con participación militar. Pero la propia película inventa una competencia extrema entre esos jóvenes y después dedica buena parte de su historia a mostrar el costo psicológico que puede aparecer cuando esa obsesión con ser el mejor se estrella contra la realidad.
Lo que me interesa no es decidir si la película “está a favor” o “en contra” de ese mundo. Me interesa que Tony Scott está claramente fascinado por él y, al mismo tiempo, entiende que la excelencia que está celebrando tiene consecuencias.
Y eso también hace que mire de otra manera la historia de la producción. Tony Scott llegó a ser despedido varias veces durante el rodaje —según recuerda él mismo en los materiales comentados en el podcast— porque muchas de sus decisiones parecían excesivas para el estudio: el uso del slow motion, determinadas elecciones visuales, vestuario y otros elementos. Y sin embargo muchas de esas cosas terminaron siendo exactamente aquello que convirtió a Top Gun en Top Gun.
Con el diario del lunes todo parece obvio.
Claro que tenían que existir esos cielos.
Claro que había que filmar los aviones así.
Claro que Cruise tenía que ser Maverick.
Claro que esa música tenía que estar ahí.
Pero no era obvio mientras la estaban haciendo.
Y quizás por eso me gusta tanto pensar Top Gun como una especie de accidente perfecto. El director correcto, los productores correctos, los guionistas correctos, el actor correcto y el momento correcto.
Un rayo dentro de una botella.
Por eso también entiendo cada vez más la reivindicación de Tony Scott. Es muy fácil mirar una película semejante desde cierta superioridad cinéfila y pensar que, por ser popular, ochentosa, sensual, cargada de rock y extremadamente estilizada, necesariamente es menos cine que otra cosa.
Pero Top Gun tiene cine por todos lados.
En un micrófono.
En el cuerpo de Goose flotando en el agua.
En Cruise poniéndose una máscara y dudando antes de volar.
En Viper apareciendo detrás de una fotografía.
En Charlie mirando a Maverick.
En una moto corriendo junto a un avión.
En un F-14 atravesando un cielo naranja.
La expresividad visual no deja de ser cine porque tenga “Danger Zone” de fondo.
Y ahí me parece que Top Gun también pertenece profundamente a los años ochenta. El análisis propone algo que me interesa: después de unos setenta donde el cine estadounidense dialogó muchísimo con las vanguardias europeas, los ochenta recuperan cierto clasicismo norteamericano. Y Top Gun, detrás de toda su modernidad visual, tiene muchísimo de eso. Profesionales, códigos, competencia, camaradería, deseo, acción y personajes definidos por aquello que saben hacer.
Tony Scott consigue entonces algo rarísimo: Hacer una película profundamente clásica con una forma visual que parecía completamente nueva.
Y en el centro está Tom Cruise, empezando a convertirse en la estrella que conocemos. Pero me gusta que Top Gun no termine diciendo que Maverick es grande porque nunca pierde.
Es exactamente al revés.
Maverick empieza creyendo que ser el mejor significa no tener miedo, no equivocarse, no necesitar a nadie y hacer siempre aquello que los demás no pueden hacer.
Goose destruye esa fantasía. Y después Maverick tiene que reconstruirse.
No vuelve porque dejó de tener miedo - Vuelve con miedo.
No vuelve porque olvidó a Goose - Vuelve llevándolo con él.
No vuelve porque haya recuperado aquella idea adolescente de ser invencible - Vuelve porque entendió que nunca lo fue.
Por eso, cuanto más la pienso, menos siento que Top Gun termine siendo una película sobre ganar.
Es una película sobre volver.
Volver al avión.
Volver a confiar.
Volver a hacer aquello que amabas después de que quedó asociado al peor momento de tu vida.
Y quizás esa sea la verdadera excelencia que la película termina encontrando.
No ser siempre el mejor.
No ganar todos los trofeos.
No volar más rápido que todos.
Sino descubrir quién sos cuando algo te demuestra que el talento no alcanza, atravesar el miedo y, aun así, encontrar la manera de volver a subir.
Porque cualquiera puede sentirse invencible cuando todo sale bien.
La verdadera prueba empieza cuando dejas de sentirte invencible y tenés que decidir si todavía querés volver a volar.
Thoughts
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PermalinkUn apunte para tu final: la "areté" griega, que traducimos como excelencia, no era estar por encima de otros. Era que una cosa hiciera bien aquello para lo que está. Un cuchillo excelente corta, no le gana a otros.
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PermalinkEso de que tiene que soltar el cuerpo en el agua para que se lo lleven es más literal de lo que uno espera en una película de aviones. Lo he visto muchas veces: llega un momento en que alguien tiene que abrir la mano y nadie en la habitación sabe cómo decírselo. Que le dedique media hora a eso ya dice bastante.
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PermalinkEl cheque que Tony Scott firmó de su propio bolsillo para mover el portaaviones y conseguir esa luz es lo que me quedó dando vueltas. Para mí ahí está la película entera: alguien peleando por unos minutos de cielo naranja que nadie le estaba pidiendo. Me gustó mucho leerte esto, gracias por compartirlo!
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PermalinkVos mismo decís que el clímax es Maverick decidiendo volver, en la casa de Viper, un domingo. Si eso es cierto, el combate final no prueba nada nuevo: es un epílogo que confirma algo que ya pasó veinte minutos antes. Y la película lo sabe, por eso mete la misión casi sobre el final y ni presenta al enemigo.
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