Pues mira, yo también tengo dos o tres películas para las noches en que no quiero sorpresas. Ya sé cómo terminan y por eso mismo las pongo, como quien deja la radio encendida.
Spider-Man: Into the Spider-Verse - El salto de fe
Pensamiento
Pues mira, yo también tengo dos o tres películas para las noches en que no quiero sorpresas. Ya sé cómo terminan y por eso mismo las pongo, como quien deja la radio encendida.
Contenido de la publicación
Volví a ver Spider-Man: Into the Spider-Verse en uno de esos días en los que no estaba demasiado bien. Tenía pensado ver otra película, pero apareció esa necesidad bastante simple de poner algo que ya conocía, apagar un poco la cabeza y dejarme llevar. Ya la había visto varias veces, así que hice un poco de trampa con el reto, pero mientras la veía me acordé de por qué siempre termino volviendo a ella.
Porque detrás de toda la animación increíble, los distintos Spider-Man, el humor, la música y el multiverso, Into the Spider-Verse habla de algo bastante sencillo que a mí me pega mucho: Que hacemos cuando sentimos que todavía no estamos preparados para aquello que tenemos enfrente.
Miles Morales pasa buena parte de la película sintiendo que está ocupando lugares que le quedan enormes. Cambia de colegio, intenta cumplir con las expectativas de sus padres, está rodeado de chicos que parecen adaptarse mucho mejor que él y, de repente, recibe poderes que tampoco sabe controlar. Todo parece llegarle antes de que esté listo y su primera reacción es bastante lógica: pensar que primero tiene que convertirse en alguien preparado y recién después podrá actuar.
Pero quizás ese sea justamente el problema. Miles pasa buena parte de la película esperando convertirse en la persona que cree que necesita ser antes de animarse a hacer algo. Quiere dominar sus poderes, entender qué está haciendo y sentirse Spider-Man antes de comportarse como Spider-Man. Hasta que aparece esa conversación con Peter B. Parker donde pregunta cuándo va a saber que está preparado y recibe probablemente la única respuesta posible: nunca puede saberlo del todo.
Es un salto de fe.
Y creo que esa idea funciona muchísimo más allá de Spider-Man. Muchas veces esperamos alguna señal que nos confirme que estamos listos para tomar una decisión, empezar algo, terminar algo, cambiar de trabajo, hablar con alguien o simplemente movernos de un lugar en el que sabemos que ya no queremos estar. Como si eventualmente fuera a aparecer una versión nuestra completamente segura, sin dudas y con todas las respuestas.
Pero ese momento casi nunca llega.
No necesariamente porque estemos haciendo algo mal, sino porque probablemente la vida no funcione así. Miles no necesita dejar de tener miedo para convertirse en Spider-Man. Necesita saltar teniendo miedo. El salto no aparece cuando desaparece la incertidumbre, sino cuando la incertidumbre sigue ahí y aun así decidimos movernos.
Por eso la escena en la que finalmente se lanza desde el edificio me parece una de las mejores escenas que se hicieron con Spider-Man. Visualmente es una locura, pero lo importante es todo lo que significa. Hasta ese momento Miles estuvo intentando convertirse en la versión de Spider-Man que los demás esperaban de él. Peter Parker ya sabía ser Spider-Man, Gwen tenía su propia historia y los demás tenían experiencia, derrotas y una identidad construida. Miles solamente parecía tener dudas.
Y cuando finalmente salta, deja de intentar demostrar que puede convertirse en ellos.
Empieza a convertirse en Miles Morales.
La película incluso lo expresa visualmente. Su traje, su música, su manera de moverse y hasta la animación empiezan a sentirse propias.
Al comienzo parece un chico intentando entrar en una historia que ya existía y, progresivamente, esa historia empieza a transformarse para hacerle lugar a él. No necesita convertirse en otro Peter Parker porque ser Spider-Man nunca significó copiar a quien vino antes.
Ahí también aparece algo que me gusta muchísimo de la película: Miles está constantemente comparándose con versiones aparentemente mejores de aquello que él debería ser. Y es muy fácil llevar eso fuera de la película.
Compararnos con otras personas, con lo que consiguieron, con el lugar en el que están o incluso con otras versiones de nosotros mismos que imaginamos que deberíamos haber alcanzado a determinada edad.
El famoso salto de fe consiste también en dejar de esperar la versión ideal de uno mismo y animarse a ser la versión posible, la que existe ahora. Con miedo, con torpeza, con dudas y con todas aquellas cosas que uno imaginaba que tendría que haber resuelto antes de empezar.
Por eso Peter B. Parker me parece tan importante para que la idea funcione. Miles inicialmente lo mira como alguien que debería tener todas las respuestas porque ya fue Spider-Man durante años, pero nosotros encontramos a un tipo separado, cansado, fuera de estado, deprimido y bastante lejos de la imagen perfecta del héroe. Peter tampoco tiene su vida resuelta. De hecho, está atravesando su propio miedo a volver a intentarlo.
Entonces la relación entre ellos deja de ser simplemente la del maestro y el alumno. Peter le enseña a Miles que no necesita sentirse preparado para empezar, pero Miles también le recuerda a Peter que fracasar una vez no significa que tenga que dejar de intentarlo para siempre. Los dos están aprendiendo a saltar nuevamente, solamente que desde lugares completamente distintos.
Y eso atraviesa prácticamente a todos los Spider-Man de la película.
Ser Spider-Man nunca significó no tener miedo, no equivocarse o tener todo resuelto.
Todos perdieron algo.
Todos fallaron.
Todos tuvieron algún momento en el que pensaron que no podían continuar.
Lo que los conecta no es la perfección, sino la decisión de volver a levantarse.Quizás por eso esta vez la película me pegó de una manera particular.
Hay días en los que uno siente que no está avanzando como debería, que otras personas parecen tener determinadas cosas mucho más resueltas o que uno tendría que estar en otro lugar y sentirse de otra manera. Y compararse permanentemente con esas versiones solamente hace que moverse sea todavía más difícil.
Into the Spider-Verse dice algo bastante claro frente a eso: Nadie llega completamente preparado. El miedo no desaparece mágicamente antes de las decisiones importantes. Muchas veces la seguridad aparece después de haber empezado, no antes.
Y eso es exactamente lo que hace Miles. No espera sentirse listo, no elimina sus dudas y no se convierte mágicamente en otra persona. Salta igual. Con miedo, con torpeza y con incertidumbre. Y es justamente durante ese salto, no antes, cuando empieza finalmente a descubrir quién es.
Pero también hubo otra razón mucho más sencilla por la que volví a verla ese día: No tenía ganas de pensar demasiado. Quería desconectarme un rato y volver a algo que ya conocía.
A veces uno regresa a determinadas películas justamente porque sabe qué va a encontrar ahí. No buscamos que nos sorprendan ni descubrir una nueva obra maestra. Simplemente queremos pasar un rato dentro de un lugar conocido.
Y quizás hice un poco de trampa volviendo a una película que ya había visto varias veces cuando tenía otra planeada para ese día. Pero la necesitaba. Y eso también forma parte de mi relación con el cine.
No todas las películas tienen que aparecer en nuestra vida para cambiarnos, enseñarnos algo o dejarnos pensando durante una semana. Algunas simplemente están ahí cuando necesitamos bajar un poco el ruido.
Lo curioso es que, justamente cuando volví a verla para no pensar demasiado, terminé encontrándome otra vez con algo que necesitaba escuchar. Que no hace falta estar bien para seguir. Que no hay que esperar a sentirse completamente listo para moverse. Que equivocarse también forma parte del proceso y que compararnos constantemente con otras versiones solamente nos aleja de lo que somos hoy.
Miles no espera a convertirse en Spider-Man para saltar. Se convierte en Spider-Man porque finalmente se anima a saltar.
Y quizás por eso uno vuelve a ciertas películas. No necesariamente porque tengan algo nuevo para decirnos, sino porque algunas ideas necesitan encontrarnos más de una vez y en momentos diferentes para significar otra cosa.
A veces el cine viene a hacernos pensar.
A veces viene a recordarnos algo que habíamos olvidado.
Y algunas noches simplemente alcanza con que esté ahí.
A veces el cine no viene a decirnos nada nuevo. Viene a quedarse con nosotros mientras descansamos.
Thoughts
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PermalinkFíjate que la película se puede dar el lujo del salto de fe porque el guion está de su lado: el edificio, la caída, el traje, todo lo espera abajo. Afuera uno salta igual y a veces cae mal, y eso no le quita razón a saltar. Por eso me quedo con Peter, que ya se cayó una vez y vuelve a probar sin garantía.
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PermalinkTa, esta película la vas a volver a ver dentro de diez años y te va a hablar Peter B. Parker, no Miles. Con las que vi de joven me pasó eso: con los años cambia el personaje que uno mira.
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PermalinkEn mi casa leemos la misma porción de la Torá cada año, el mismo sábado, desde que tengo memoria, y mi papá siempre dice que el texto no se movió pero nosotros sí. Tu cierre sobre las ideas que necesitan encontrarnos más de una vez es casi eso mismo, y me dio gusto encontrarlo en una de Spider-Man.
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PermalinkAjá, ¿y cuál era la que tenías planeada para ese día?
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PermalinkA mí la parte de Peter B. Parker me pesa más que la de Miles, vale. Un chamo de quince saltando con miedo es casi lo esperable. Un tipo de cuarenta y tantos, cansado, que tiene que volver a intentarlo desde abajo es otro salto, y lo digo porque empecé de cero a los cuarenta y cuatro. Ese tiene menos público.
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PermalinkPues mira, yo también tengo dos o tres películas para las noches en que no quiero sorpresas. Ya sé cómo terminan y por eso mismo las pongo, como quien deja la radio encendida.
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PermalinkHay dos cosas distintas debajo de "preparado". Una es tener la capacidad y otra es tener la certeza de tenerla. Cuando Miles salta ya practicó y ya se cayó varias veces, así que capacidad tiene. Lo que nunca le llega es la certeza, y la frase de Peter apunta solo a eso: dejá de esperar una sensación.
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