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Happy Gilmore 2 - Volver al lugar donde fuiste feliz

rodrigosegade1000
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Happy Gilmore 2 tenía una tarea bastante complicada: volver casi treinta años después a una comedia que nunca necesitó una secuela. La primera Happy Gilmore funcionaba por algo bastante simple: Adam…

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Happy Gilmore 2 tenía una tarea bastante complicada: volver casi treinta años después a una comedia que nunca necesitó una secuela. La primera Happy Gilmore funcionaba por algo bastante simple: Adam Sandler agarraba el mundo educado, silencioso y tradicional del golf y metía adentro a un tipo que jugaba como si estuviera en una cancha de hockey. Era absurda, agresiva, bastante estúpida por momentos y tenía esa energía del Sandler de los noventa que parecía dispuesto a convertir cualquier situación en una pelea.

Y creo que justamente por eso esta segunda parte funciona bastante bien como secuela. No intenta hacer exactamente la misma película treinta años después, pero tampoco se avergüenza de lo que era Happy Gilmore. Siguen estando los chistes de Adam Sandler, las situaciones ridículas, los golpes, los cameos y ese humor medio infantil que forma parte del personaje. Pero, por suerte, siento que no saturan tanto. La película sabe que necesita todo eso porque sin esa estupidez dejaría de ser Happy Gilmore, pero también entiende que el personaje ya no está en el mismo momento de su vida.

Happy envejeció. Y la película lo deja envejecer.

Pasaron casi treinta años para nosotros, pero también para él. Happy consiguió aquello por lo que peleaba en la primera película, se quedó con Virginia, formó una familia, tuvo hijos y construyó una vida. El problema es que cuando volvemos a encontrarlo, esa vida se rompió.

La muerte de Virginia me parece una decisión bastante fuerte para una película que tranquilamente podría haberse limitado a juntar cameos y repetir chistes de la original. Pero justamente ahí encuentra una razón para existir. Happy no vuelve al golf simplemente porque Netflix necesitaba otra película.

Happy vuelve porque después de perder a Virginia también perdió una parte de sí mismo.

Y me gusta bastante cómo la película afronta ese duelo porque no intenta transformar de repente a Happy Gilmore 2 en un drama solemne. Sigue siendo una comedia de Adam Sandler. Sigue habiendo estupideces. Pero detrás de ellas hay un tipo que claramente no supo qué hacer con la muerte de su mujer.

Happy está roto. Toma demasiado, abandonó el golf y parece haberse quedado detenido en el momento en que perdió a Virginia. Y eso cambia bastante el significado de su regreso. Ya no estamos viendo al pibe de la primera película intentando demostrar que puede triunfar en un deporte que ni siquiera respeta. Estamos viendo a un padre intentando volver a ponerse de pie.

Y ahí entran sus hijos, que me parecen una de las mejores formas que encuentra la película de conectar con la original.

Porque los hijos varones de Happy son básicamente pequeños Happy Gilmore.

Tienen sus actitudes, su energía, su manera bastante particular de resolver los conflictos y esa sensación de que cualquier problema cotidiano puede terminar convirtiéndose innecesariamente en una pelea. Happy envejeció, pero después mirás a sus hijos y entendés que dejó varias copias suyas dando vueltas por la casa.

Y después está su hija.

Porque ella funciona de una manera completamente distinta. Mientras los hermanos parecen haber heredado muchísimo de Happy, ella es el reflejo de Virginia. Tiene otra sensibilidad, otra forma de relacionarse con las cosas y representa justamente esa parte de la familia que Happy perdió.

Eso hace que Virginia siga estando presente durante toda la película aunque ya no esté físicamente. Happy está rodeado de hijos que le recuerdan constantemente quiénes fueron él y su mujer. En los varones se encuentra a sí mismo. En su hija encuentra a Virginia.

Y creo que eso hace que el duelo funcione mucho mejor.

No se trata solamente de que Happy extrañe a su esposa. Tiene que seguir criando una familia donde hay pedazos de ella por todos lados. Y también tiene que entender que quedarse destruido por haberla perdido no es una manera de conservarla. En algún momento tiene que volver a ser padre.

Por eso el golf termina siendo una excusa bastante más emocional de lo que esperaba.

Happy no vuelve únicamente porque quiera demostrar que todavía puede jugar. Necesita recuperar algo de sí mismo para poder volver a estar presente para sus hijos. Y ahí la película consigue que toda la nostalgia tenga un propósito.

Obviamente sigue siendo Happy Gilmore, así que esa reconstrucción personal incluye gente recibiendo pelotazos, peleas completamente innecesarias y Adam Sandler comportándose de maneras que conseguirían que una persona normal fuera expulsada de cualquier campo de golf del planeta.

Y me hizo reír bastante.

Creo que también hay que reconocérselo porque era muy fácil caer en el peor Sandler. Ese humor donde cada treinta segundos aparece un personaje gritando, haciendo una voz rara o recibiendo un golpe simplemente porque sí. Happy Gilmore 2 tiene bastante de eso, porque evidentemente estamos hablando de una secuela de Happy Gilmore, pero para mí no llega a saturar.

Incluso diría que encuentra un equilibrio bastante bueno entre el Sandler más bobo y ese Sandler que con los años empezó a interesarse por personajes algo más golpeados.

Los cameos, eso sí, son directamente ridículos. Golfistas, deportistas, músicos y famosos aparecen constantemente. Llega un momento donde uno deja de preguntarse quién va a aparecer y empieza a preguntarse quién faltaba llamar.

Pero eso también tiene mucho que ver con el cine de Sandler. Sus películas hace tiempo tienen algo de reunión entre amigos. Vuelven actores con los que trabajó durante décadas, aparecen familiares, invita deportistas y famosos y parece organizar una fiesta gigantesca alrededor de una película.

Y dentro de todo ese caos hay algo que me gusta mucho: El mundo del golf también cambió mientras Happy envejecía.

En 1996 él era el intruso. Era el tipo que llegaba para romper las reglas, jugar de una manera distinta y atraer a un público que ese deporte no estaba acostumbrado a tener. Ahora Happy forma parte de la historia de ese mundo.

De alguna manera, el rebelde terminó convirtiéndose en el veterano.

Por eso su regreso funciona mejor que si simplemente hubieran intentado repetir la primera película. El problema ya no es demostrar que puede jugar al golf. Sabemos que puede. La pregunta es para qué necesita volver a hacerlo.

Y la respuesta tiene mucho más que ver con su familia que con recuperar la gloria.

El verdadero rival de Happy ya no puede ser Shooter McGavin. Shooter puede aparecer, seguir odiándolo y demostrar que después de treinta años probablemente nadie haya pensado tanto en Happy Gilmore como él, lo cual, si uno lo piensa demasiado, empieza a parecer otra clase de relación, pero el verdadero conflicto está en otro lado.

El rival de Happy es el tiempo.

Es aceptar que no puede volver a 1996. Que Virginia no va a regresar, que sus hijos crecieron y que él tampoco es el mismo tipo que apareció por primera vez en un campo de golf con una camiseta de hockey.

Y la película tampoco puede volver realmente a 1996.

Por eso creo que Happy Gilmore 2 funciona como secuela. Porque cuando utiliza la nostalgia solamente para repetir un chiste, puede ser divertida y nada más. Pero cuando utiliza esa nostalgia para mostrar cuánto cambiaron Happy, Sandler y hasta nosotros desde la primera película, encuentra algo bastante más interesante.

Hay una diferencia entre volver a hacer lo mismo y volver al mismo lugar.

Esta película vuelve al mismo lugar.

Y mira qué cambió.

También hay algo inevitablemente emotivo en ver a Sandler regresar al personaje. El Adam Sandler que hizo Happy Gilmore tenía alrededor de treinta años y todavía estaba construyendo su carrera. El que vuelve ahora lleva décadas siendo una de las figuras más reconocibles de la comedia estadounidense. Envejeció Sandler, envejeció Happy y también envejeció buena parte del público que vio aquella película.

Entonces la nostalgia funciona en dos direcciones. Happy recuerda quién era y nosotros también.

Por eso puedo perdonarle bastante el exceso, los cameos, algunas referencias demasiado evidentes y varios chistes que quizás podrían haberse quedado en 1996. Porque debajo de todo eso hay una idea bastante sencilla que me funciona: no siempre volvemos a los lugares donde fuimos felices porque creemos que todo va a ser igual. A veces volvemos para descubrir qué quedó de nosotros ahí.

Happy vuelve al golf después de perder a Virginia y encuentra algo que creía perdido. Pero también descubre que nunca desapareció completamente, está en sus hijos.

En esos pibes que tienen sus mismos gestos y sus mismas actitudes. En una hija que le devuelve constantemente algo de la mujer que amó. Y en él mismo, que debajo del duelo, el alcohol y los años todavía conserva algo de aquel animal que agarraba un palo de golf como si estuviera por empezar una pelea.

Por eso Happy Gilmore 2 no necesitaba superar a la primera. Probablemente tampoco podía hacerlo. La original pertenece a un momento específico de Sandler y de la comedia.

Esta tenía otra tarea.

Justificar por qué valía la pena volver.

Y para mí lo consigue.

Porque Happy no vuelve para demostrar que todavía puede ser el tipo que era hace treinta años.

Vuelve porque necesita aceptar que ese tipo ya no existe exactamente de la misma manera, que Virginia tampoco está y que su vida cambió para siempre.

Pero cuando mira a sus hijos descubre algo.

Una parte de él sigue ahí.

Y una parte de ella también.