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Casablanca — A veces amar también es saber dejar ir

rodrigosegade1000
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Hay películas que con los años terminan convertidas en algo más grande que la propia película. Casablanca es una de ellas. Uno llega conociendo frases, imágenes, la música, el aeropuerto, a Humphrey…

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Hay películas que con los años terminan convertidas en algo más grande que la propia película. Casablanca es una de ellas. Uno llega conociendo frases, imágenes, la música, el aeropuerto, a Humphrey Bogart mirando a Ingrid Bergman. Es una de esas películas que parecen formar parte de la historia del cine incluso antes de haberlas visto.

Y quizás por eso sorprende descubrir que, debajo de todo ese peso de “clásico”, Casablanca es una historia de amor bastante sencilla y profundamente triste.

Rick Blaine vive en Casablanca y maneja un café por donde pasa prácticamente todo el mundo. Estamos en plena Segunda Guerra Mundial y la ciudad funciona como una especie de sala de espera gigantesca: refugiados, criminales, militares, oportunistas y personas desesperadas por conseguir documentos que les permitan escapar hacia Lisboa y, desde ahí, llegar a Estados Unidos.

Todos quieren irse. Rick, en cambio, parece haberse acostumbrado a quedarse.

Y me gusta mucho cómo presentan al personaje porque Bogart construye a un tipo que parece haber decidido que nada le importa demasiado. No se compromete políticamente, evita involucrarse en los problemas ajenos y repite esa idea de que no arriesga el cuello por nadie.

Pero enseguida entendemos que esa indiferencia tiene algo de actuación.

Rick no es un hombre al que nunca le importó nada. Es un hombre al que alguna vez le importó demasiado y decidió que no iba a volver a pasarle.

Entonces entra Ilsa por la puerta. Y de golpe entendemos todo.

La película hace algo hermoso con París porque hasta ese momento conocemos a Rick como un tipo seco, irónico y bastante cerrado. Cuando volvemos al pasado encontramos prácticamente a otra persona. Está enamorado, sonríe, toma champagne con Ilsa y parece imaginar una vida junto a ella.

Hasta que llega el día en que tienen que escapar.

Rick espera en la estación.

Ilsa no aparece.

Solamente llega una carta.

Y ahí nace el Rick que conocimos al principio de la película.

Por eso “Of all the gin joints in all the towns in all the world, she walks into mine” funciona tan bien. No es solamente la mala suerte de encontrarse con una ex. Es que aparece exactamente la persona alrededor de la cual Rick había construido toda esa coraza.

Y encima aparece casada con Victor Laszlo.

Ahí Casablanca podría haber sido simplemente un triángulo amoroso. Rick ama a Ilsa, Ilsa ama a Rick, pero está casada con otro hombre. Sin embargo, la película agrega algo que vuelve muchísimo más complicada cualquier decisión: Laszlo no es solamente el marido que está molestando en el medio.

Es un líder de la resistencia perseguido por los nazis. Y, peor todavía para Rick, es un buen tipo.

Eso me parece fundamental. Habría sido facilísimo convertir a Laszlo en alguien despreciable para que nosotros quisiéramos que Ilsa lo abandonara. La película hace exactamente lo contrario. Es valiente, comprometido y está dispuesto a arriesgar la vida por algo mucho más grande que él.

Entonces ya no existe una salida romántica sencilla.

Rick tiene en sus manos las cartas de tránsito que permitirían escapar de Casablanca y, por primera vez en mucho tiempo, tiene que decidir qué clase de persona quiere ser.

Porque la guerra está ocurriendo alrededor suyo desde el comienzo. Rick simplemente había conseguido fingir que no era asunto suyo.

Hay una escena que para mí explica perfectamente ese cambio: “La Marsellesa”.

Los oficiales alemanes empiezan a cantar en el café. Laszlo mira a la banda y les pide que toquen el himno francés. Los músicos miran a Rick esperando autorización.

Y Rick asiente.

Nada más.

Pero ese pequeño gesto dice muchísimo.

Todo el bar empieza a cantar. Algunos lloran. Los alemanes quedan completamente tapados por las voces. Y por unos minutos Casablanca deja de ser solamente la historia de Rick e Ilsa y nos recuerda el mundo en el que están viviendo.

Rick acaba de tomar partido.

Quizás todavía no quiera admitirlo, pero el tipo que decía no arriesgar el cuello por nadie ya empezó a regresar.

Y eso hace que su relación con Ilsa también cambie.

Cuando finalmente ella le explica qué ocurrió en París, descubrimos que tampoco lo había abandonado porque dejó de quererlo. Creía que Laszlo había muerto. Cuando descubre que está vivo, siente que tiene que volver con él.

De repente desaparece buena parte del resentimiento que sostuvo a Rick durante años. Los dos seguían enamorados. Y eso vuelve el final mucho más difícil...

Porque ahora podrían quedarse juntos.

No hay una revelación que destruya el amor. No descubren que ya no funcionan. No existe una traición definitiva que permita cerrar la relación fácilmente.

El problema es exactamente el contrario: Se aman y aun así Rick entiende que no deberían quedarse juntos.

Y ahí creo que Casablanca encuentra algo mucho más interesante que el típico final romántico.

Rick podría utilizar las cartas para escapar con Ilsa. De hecho, durante un momento parece que eso va a ocurrir. Ella está dispuesta a quedarse con él y dejar que tome la decisión.

Pero Rick comprende algo que probablemente el Rick de París no habría podido comprender. Hay cosas más grandes que lo que él quiere.

Si Ilsa se queda, Laszlo pierde algo fundamental. La resistencia pierde algo. Y Rick sabe que, tarde o temprano, ella también terminaría preguntándose si tomó la decisión correcta.

Por eso en el aeropuerto toma la decisión por los dos. No porque haya dejado de quererla.

Precisamente porque todavía la quiere.

Eso es lo que hace tan buena la despedida. Rick no consigue aquello que pasó toda la película deseando recuperar. Tiene nuevamente a Ilsa enfrente, sabe que ella todavía lo ama y, cuando finalmente podría quedarse con ella, decide dejarla subir al avión.

  • El Rick del principio probablemente habría pensado solamente en su propio dolor.

  • El Rick del final puede mirar más allá.

Y ahí cobra muchísimo más sentido toda la película. Rick no solamente recupera a Ilsa para volver a perderla. Recupera la parte de sí mismo que había perdido cuando ella desapareció en París.

  • Vuelve a involucrarse.

  • Vuelve a elegir.

  • Vuelve a arriesgarse por alguien.

Por eso tampoco siento que el final sea simplemente triste. Rick pierde la posibilidad de estar con Ilsa, sí, pero sale de Casablanca siendo una persona distinta de la que era cuando ella llegó.

Incluso su relación con Renault cambia. Durante toda la película los dos mantienen una especie de amistad construida alrededor del cinismo, donde cada uno sabe perfectamente cómo funciona el otro. Pero cuando Renault decide no entregar a Rick después de la muerte de Strasser, también toma partido.

Y entonces llega otra de esas frases que uno conoce incluso sin haber visto la película: “Louis, I think this is the beginning of a beautiful friendship.”

Me encanta que Casablanca termine así. No termina con Rick solo mirando despegar el avión, termina caminando hacia otro lugar.

Ilsa pertenece a una parte importantísima de su vida, pero su vida no termina cuando ella se va.

Y quizás ahí esté lo que hace que Casablanca siga funcionando tantos años después. Porque no convierte el amor en posesión. Rick no demuestra cuánto ama a Ilsa consiguiendo quedarse con ella.

Lo demuestra siendo capaz de renunciar a eso. Hay relaciones que no terminan porque se acabó el amor. Algunas terminan cuando dos personas entienden que quererse no alcanza para construir el mismo futuro.

Y eso duele muchísimo más, porque no hay alguien a quien culpar. Rick e Ilsa siempre van a tener París, y no es poco.

Pero París pertenece al pasado.

Y Rick finalmente entiende que amar ese recuerdo no significa tener que vivir atrapado dentro de él.

Durante años creyó que Ilsa le había arruinado la vida cuando no apareció en aquella estación. Cuando vuelve a encontrarla descubre la verdad, puede perdonarla y, sobre todo, puede dejar de organizar su vida alrededor de aquella herida.

Por eso creo que el gran acto romántico de Casablanca no es un beso, una declaración ni una pareja escapando junta.

Es Rick viendo cómo el avión se va.

Porque algunas veces amar significa luchar para que alguien se quede.

Y otras, mucho más difíciles, significa entender por qué tenes que dejarlo ir.

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