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Dead Poets Society (La sociedad de los poetas muertos) — Que tu vida sea realmente tuya

rodrigosegade1000
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Dead Poets Society es una película sobre crecer bajo el peso de las expectativas. Sobre ese momento en el que empezamos a descubrir que existe una diferencia enorme entre la vida que los demás…

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Dead Poets Society es una película sobre crecer bajo el peso de las expectativas. Sobre ese momento en el que empezamos a descubrir que existe una diferencia enorme entre la vida que los demás imaginaron para nosotros y la vida que nosotros realmente queremos vivir. Y creo que por eso, aunque esté ambientada en 1959 y dentro de un colegio extremadamente tradicional, sigue siendo tan fácil reconocerse en ella.

Welton representa perfectamente ese primer mundo. Todo está construido alrededor de la disciplina, la tradición, el honor y la excelencia. Los chicos estudian para convertirse en médicos, abogados o empresarios, para entrar a buenas universidades y continuar un recorrido que, en muchos casos, ya fue decidido por sus familias antes de que ellos pudieran preguntarse qué querían.

Y entonces aparece John Keating.

Robin Williams podría haber interpretado fácilmente al típico profesor inspirador que llega para enseñarles a sus alumnos a perseguir sus sueños. Pero creo que Keating es bastante más interesante que eso. Él no les dice exactamente qué tienen que hacer con sus vidas. Les enseña a hacerse la pregunta.

Desde su primera clase intenta romper pequeñas estructuras. Los lleva al pasillo para que observen las fotografías de antiguos estudiantes, los hace caminar de maneras diferentes, los invita a subirse arriba de un escritorio y cuestiona esa forma casi matemática con la que pretenden enseñarles a entender la poesía. No porque las reglas sean siempre inútiles, sino porque quiere evitar que esos chicos lleguen a adultos habiendo aprendido perfectamente cómo pensar sin haberse preguntado nunca qué piensan ellos.

Ahí aparece el famoso Carpe Diem. “Seize the day.” Aprovechen el día.

Es una frase que podría quedar reducida fácilmente a un mensaje motivacional, pero la película hace algo bastante más incómodo con ella. Porque aprovechar la vida también significa hacerse responsable de elegirla. Y elegir implica equivocarse, decepcionar, enfrentarse a otras personas y aceptar que no siempre existe una decisión capaz de dejar contento a todo el mundo.

Eso se ve especialmente en Neil.

Neil Perry es probablemente quien mejor entiende lo que Keating intenta enseñar y, al mismo tiempo, quien vive en el contexto donde resulta más difícil aplicarlo. Su padre ya decidió prácticamente todo por él. Qué tiene que estudiar, qué actividades puede realizar y cuál debería ser su futuro. No parece importarle demasiado descubrir quién es su hijo porque está completamente concentrado en decidir quién debería llegar a ser.

Por eso el teatro se vuelve tan importante. Cuando Neil descubre la actuación no está simplemente encontrando un hobby. Por primera vez encuentra algo que siente verdaderamente suyo. Algo que no eligió su padre, que no estaba dentro del plan de Welton y que no necesita justificar pensando en qué utilidad tendrá dentro de diez años.

Actuar lo hace feliz.

Y cuando lo vemos sobre el escenario se nota inmediatamente. El chico que pasa buena parte de la película obedeciendo, negociando y escondiendo lo que quiere finalmente parece estar haciendo algo porque realmente quiere hacerlo.

El problema es que esa libertad dura muy poco.

Y ahí Dead Poets Society se vuelve mucho más dura que ese simple mensaje de “seguí tus sueños” con el que muchas veces se la recuerda. Porque la película también entiende que no todo el mundo tiene la misma libertad para rebelarse. Es muy fácil decirle a alguien que persiga aquello que ama. Muchísimo más difícil es entender qué ocurre cuando hacerlo significa enfrentarse a la familia, perder seguridad o romper completamente el futuro que otros construyeron para vos.

Neil queda atrapado entre dos vidas: La que quiere vivir y la que siente que tiene permitido vivir.

Y lo más doloroso es que no consigue imaginar una tercera opción.

Su muerte cambia completamente la película. Hasta ese momento, muchas de las enseñanzas de Keating podían sentirse románticas. Después entendemos que enfrentarse al mundo real es bastante más complicado que pararse arriba de un escritorio.

No creo que la película responsabilice a Keating por lo ocurrido con Neil. El problema está muchísimo más relacionado con la falta absoluta de diálogo y libertad que encuentra en su casa. Pero me gusta que exista cierta incomodidad alrededor de todo eso, porque despertar a alguien también significa hacerle descubrir cosas que quizá llevaba años aprendiendo a callar.

Y una vez que descubrís que queres otra vida, volver a aceptar la anterior puede resultar todavía más insoportable.

Ahí también cobra mucha importancia Todd.

Si Neil representa la lucha contra una autoridad externa, Todd pelea contra algo diferente: la voz que ya tiene instalada adentro. Vive bajo la sombra de su hermano, es tímido, tiene miedo de hablar y parece convencido de que cualquier cosa que pueda aportar va a ser insuficiente.

Por eso me gusta tanto la escena en la que Keating lo obliga a improvisar frente a toda la clase. Todd intenta escapar, dice que no puede, siente vergüenza. Keating insiste hasta que empiezan a salir palabras.

Y Keating no le enseñó qué decir. Le demostró que tenía algo para decir.

Creo que ahí está lo mejor del personaje de Robin Williams. Keating no les da una voz a sus alumnos. Les demuestra que ya tenían una.

Cada uno después hace algo diferente con ella. Neil encuentra el teatro, Todd empieza lentamente a animarse a hablar, Charlie lleva esa libertad hacia una rebeldía mucho más provocadora y Knox la utiliza de una manera bastante torpe en su historia romántica. No todos entienden Carpe Diem de la misma manera porque justamente la idea es que no existe una única manera correcta de vivir.

El Dead Poets Society funciona como el espacio donde pueden experimentar todo eso. Se escapan a una cueva, leen poesía, hablan, se ríen, fuman y hacen estupideces. No están intentando cambiar el mundo. Son adolescentes descubriendo quiénes son cuando, durante unas horas, ningún adulto está diciéndoles quiénes deberían ser.

Y ahí la poesía deja de ser solamente una materia.

Hay una idea de Keating que resume bastante bien todo esto: medicina, derecho, negocios e ingeniería son actividades necesarias para sostener la vida, pero la poesía, la belleza, el romance y el amor son aquello por lo que permanecemos vivos.

Puede sonar tremendamente romántico, pero dentro de esta película tiene muchísimo sentido.

Welton está preparando chicos perfectamente capacitados para construir un futuro. Keating intenta asegurarse de que, cuando lleguen a ese futuro, todavía exista alguien adentro capaz de disfrutarlo.

Porque podés hacer todo correctamente. Podés estudiar aquello que te dijeron, conseguir un buen trabajo, cumplir expectativas y construir una vida perfectamente respetable. Pero si nunca te preguntaste si realmente querías esa vida, existe el riesgo de llegar finalmente al lugar donde todos esperaban que llegaras y descubrir que vos nunca quisiste estar ahí.

Por eso también funciona tan bien el gesto de subirse al escritorio. Keating no les está diciendo que desde ahí van a descubrir una verdad superior. Está diciendo algo muchísimo más sencillo:

Mirá de nuevo.

Cambiá la perspectiva. Cuestioná incluso aquello que parece obvio. Porque muchas veces vivimos siguiendo determinadas reglas no porque las hayamos elegido, sino porque estaban ahí antes de que llegáramos y nunca se nos ocurrió preguntar por qué.

Y entonces llegamos al final.

Después de la muerte de Neil, Welton necesita encontrar un responsable y Keating se convierte en la salida perfecta. Los chicos son presionados para firmar una declaración, Keating termina expulsado y parecería que la institución ganó. Él se va, Welton continúa y las reglas permanecen exactamente donde estaban.

Hasta que Todd se levanta.

El mismo Todd que al comienzo prácticamente no podía hablar frente a sus compañeros se sube al escritorio y dice:

“O Captain! My Captain!”

Y después algunos empiezan a acompañarlo.

Me gusta especialmente que no todos se levanten. Algunos permanecen sentados. Algunos tienen miedo. Otros probablemente no quieran hacerlo. Y eso hace que la escena funcione muchísimo mejor, porque Keating nunca consiguió eliminar el miedo de esos chicos ni convertirlos a todos en pequeños clones suyos.

Les enseñó que podían elegir qué hacer frente a ese miedo.

Todd sabe que puede recibir un castigo. Sabe que Keating ya fue despedido y que probablemente su gesto no vaya a cambiar absolutamente nada.

Se levanta igual.

Y ahí está todo su recorrido.

Al principio necesitaba que alguien prácticamente le sacara las palabras de la boca. Al final decide ponerse de pie cuando toda la autoridad del lugar espera que permanezca sentado.

  • No salvó a Keating.

  • No cambió Welton.

  • No solucionó nada.

  • Pero tomó una decisión propia.

Y quizás eso sea realmente Carpe Diem.

No significa vivir haciendo locuras porque mañana podemos morir. Tampoco significa rechazar cualquier responsabilidad o hacer siempre lo que tengamos ganas.

Significa entender que el tiempo que tenemos es limitado y que, tarde o temprano, tenemos que hacernos cargo de cómo queremos utilizarlo.

Porque nuestros padres pueden tener planes para nosotros. La sociedad puede tener expectativas. El miedo puede tener argumentos excelentes. Incluso nosotros mismos podemos convencernos durante años de que estamos haciendo lo correcto.

Pero el tiempo sigue pasando.

Y eventualmente aparece una pregunta que nadie puede responder por nosotros:

cuando todo termine, ¿la vida que vivimos fue realmente nuestra?