Y de repente, te haces presente,
con esa sonrisa tuya, perenne,
y tu mirada inocente.
Entre juegos, largos abrazos
y lágrimas de felicidad,
nos ponemos al día con la realidad,
aunque sea solo a retazos.
Sería el momento en que por fin te presente
a mi novia y a mi nueva gente;
te llevaría conmigo a todos lados.
Pero el reloj se nos quedaría corto
con tanto rincón y rostros por visitar.
Qué duro castigo sería la verdad:
saber que es solo un día el que te puedes quedar.
Y entre lágrimas, sollozos,
y un abrazo de un inmenso "te quiero, hermano",
me guardaré en el alma que te tuve aquí...
un instante, y otro poco.