Estoy viviendo, pero no estoy presente.
Inmerso en mis pensamientos,
viendo a través de los cristales,
viendo otras realidades,
mundos donde me pierdo en el encanto.
Llenando mi mente
como la lluvia llena el camino de charcos,
de tantos recuerdos que duelen tanto
y que, al mismo tiempo, guardan hermosas vivencias
de vidas que tuvieron tanto
y que prefirieron ahogarse en un vaso.
Tal vez, en el fondo,
quiero buscarle,
alcanzarle,
quererle
y sentirme vivo un poco más.
Pero se rompe el silencio.
La realidad se cierne, y me hablan:
—¿Cómo se llama?
—¿Qué?
—La canción que escuchas.
—No… no lo sé.
—¿En qué piensas, amor?
—En nada.