Princesa de X.Video
(Tiempos modernos)
Tu boca repartía sonrisas
mientras tus ojos, melancolía.
Y tu cuerpo era un páramo extraño.
Me invitaste a la guerra
y acepté encantado.
Me sentí Alejandro,
cabalgando
hacia la batalla,
sabiendo que era la última,
la que no buscaba,
pero esperaba
con toda mi alma.
Pero qué mejor muerte
que sobre tus pechos,
qué mejor despedida que tu amor,
qué mejor adiós
que el de tus labios.
Había un problema entre nosotros,
un problema de años,
30 para ser exactos.
Aunque fue lo que al principio te atrajo,
después te alejó:
nadie quiere oír eternamente
consejos de un anciano
después de hacer el amor.
Te fuiste como llegaste,
con tus 20,
a vivir otras aventuras
mientras yo pasaba de moda,
tomando Gin Tonic con Calamaro
en un bar de la estación…
Final feliz,
quizás para vos,
pero se hicieron realidad todos mis miedos
al encontrarte en X.VIDEO,
haciendo lo que sabés hacer mejor.
¡Ay, Princesa de mi melancolía!
Cómo me dolió que te hayan
traicionado otra vez.
Te advertí que no todos son
caballeros para borrar los souvenirs
de tu pasión.
Algunos son tan cobardes
que prefieren lastimarte al dejarte ir.
Pero ya no es asunto mío,
me dije antes de llamarte;
cualquier excusa es buena
para dejar de olvidarte.
Necesitaba avisarte de la traición.
Tu voz me dio escalofríos. «Y sí, todavía la quiero»,
me decía mientras te contaba,
y tu risa me despertó.
Y me sentí viejo, muy viejo,
cuando dijiste con un suspiro:
«No seas boludo, a esos videos
los subí yo.
¿Querés comprar contenido?
Tengo varios en promoción».
Hoy, si te extraño, adormezco mis prejuicios
y te busco en X.Video.
Veo cómo cambian tus amantes
con cada estación.
Mi esposa me pregunta por qué salgo del baño llorando:
«Me estoy poniendo viejo», digo yo.
Princesa de X.Video… me diste una lección.
¿Cuál? Ya la vas a aprender vos…
Princesa de X.Video.