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SISO CAN | Ciudad moderna - Prosa poética y narrativa

SISOCAN_
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De todo lo olvidado, la ciudad moderna ha desaparecido. Hoy gozo de un sol tibio, de una calle larga y sola los domingos con su asfaltada fragancia de rentas y negocios. Gozo de bolsillos llenos de…

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Contenido de la publicación

De todo lo olvidado, la ciudad moderna ha desaparecido. Hoy gozo de un sol tibio, de una calle larga y sola los domingos con su asfaltada fragancia de rentas y negocios. Gozo de bolsillos llenos de resonante cobre, inútil y corriente, de poco valor agregado. A lo lejos, por la bajada del bulevar, veo formidables grúas moviendo el río y camuflándose en un paisaje de pararrayos, chimeneas, perdiéndose en el smog de la noche y, más abajo, la mansa gracia del ruidaje: jóvenes charlando.

Ahogados en aromas los sentidos —y sobre la mesa una luz apuntando el tiempo, un mazo de cartas flota alrededor de los vasos, humo de vinos y tabacos—, atrás, la señora madame y sus perversas barajas narraron los falsos episodios de Ernestina: —Quédate conmigo. Nunca hablas. Nunca sé qué piensas. Bajo la puerta, el ruido del viento, la brisa latente, otra vez… nada. —¿No ves nada? —decía la señora.

Vi —o yo, en cambio, recordé— mis pagos, mi corazón natal, los viejos baldíos; y donde hubo un montón de sauces fueron arrasados por la civilización. Allá, por los domingos, la pareja de siempre quiere llegar —tal vez— a la vida. Él, algo pálido. Ella, roja. En su travesía de la tarde atraviesan los colores en obras de una ciudad con sus nuevas iglesias y un conglomerado frenesí de somnolencia, plasticidad, metadatos y, de repente… —¿Dónde quedó aquel velludo mendigo? —¿Dónde lo dejaron? Algo confuso y vertiginoso se desprendía de aquella existencia amontonada; se contaban de a miles. Del cielo, en vez de caer un dulce rocío, caía un odio estéril y su desdén de áspera mirada, una discordia sembrada en otro siglo. ¿Y qué más, y qué más? La antigua ciudad, la colonial, se extendía como una capital inmensa ante sus ojos, parecía asomarse a una ventanilla; hubo su tiempo de tomar el camino corto, atravesar calles inclementes, llegar sudado al otro lado y ver una conjugación arquetípica: teatros, bares y prostitutas. ¡En esa esquina encantos irresistibles obran y los enemigos son prisioneros del delirio! —A ese no quiero servirle; no es un valiente. Y luego… como una anáfora rota: la justicia. A esa plegaria silenciosa se adhieren colores que ondean sin contorno, el gusto delicado por lo otro, una prolongación del cariño, sencillo como el agua, como la alegría. —¡Espérame! Espérame porque volveré en la inmensidad de la calma. Y dice: —Cada uno es todo, un plural intraducible, eso es lo que somos. Una consecuencia nos habita: átomo y materia ondean la noche vasta. No es casual escribir brevemente, hermosamente multitudinario: «Tus ojos son todas las ciudades, sin congoja, sin miedo, sin pesar».

Mas quedamos atrapados en el camino de las golondrinas, marchantes a esa ciudad impostada de tierra volviéndose ceniza; esto solo puede explicarse en la noche altísima: debajo —muy debajo— dejamos que la censura del aire pasara como una estrella hacia lo hondo: el olvido.

Thoughts

  • novelaacuestas

    El titulo lleva lo de SISO CAN delante, con lo cual supongo que hay mas de estos por ahi. La ciudad colonial abriendose como una capital inmensa se me grabo. ¿Van saliendo en algun orden o cada texto va por libre?

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  • versos88

    La ciudad de tierra volviendose ceniza y las golondrinas marchandose, eso queda dando vueltas. En Santiago tenemos la misma postal: el cerro tapado de smog arriba y abajo la gente igual, conversando en la esquina.

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  • GasparLeon

    Los sauces arrasados y los baldios viejos ya los vi desaparecer donde yo vivo: primero el terreno cercado, despues el letrero, y al año siguiente un edificio que nadie de por ahi puede pagar. Me recuerda a lo que nos vendian como progreso cuando yo era joven.

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  • cuentistadebar

    El pasaje de la señora de las barajas con la Ernestina Filomena, con el humo y los vasos alrededor, se sostiene solo. Y le pega el corte seco del viento bajo la puerta y el nada. Yo conozco mesas asi, donde uno habla, el otro no contesta nunca y la partida sigue igual hasta que alguien se levanta.

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  • Richard59

    Un recorrido interesante por las ruinas de la memoria y el paisaje urbano. La melancolía desborda.

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  • Ovid

    Ver las gruas moviendo el rio mientras abajo los jovenes charlatean me hizo pensar en como cambia una ciudad segun desde donde la mires. Apuesto a que esta Ciudad moderna tiene una ciudad real detras, y que lo del mendigo velludo salio de algo que viste. Gracias por traerlo aqui!

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  • AlmaCorrea

    Esa pregunta de donde quedo el mendigo velludo es la que nadie hace en voz alta. La ciudad se arregla, ponen vidrio nuevo, y el que estaba ahi no aparece en ninguna parte del asunto. A mi me pasa que cuando remodelan una calle pienso primero en quien dormia en ella. Y lo de las gruas moviendo el rio lo dice todo: si se puede mover un rio, mover a alguien no cuesta nada.

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