Mi mente flaquea,
ante un recuerdo recurrente,
y estoy loco de tenerte tan presente,
hace más de un año que estás tan ausente.
Es un recuerdo fugaz,
el roce de tus labios a los míos,
sentir electricidad y deseos impíos;
aunque trate de limpiarlos de manera audaz,
fracaso en el intento de forma mortal.
Envuelto en mis pensamientos,
recuerdo tu dulce roce, tus caricias,
y por qué eras mi centro.
Me devuelves a la tierra como un mortal,
y me dejas sin aliento.
Cada célula de mí está sedienta de tu cuerpo.
Y cuando el clímax es total,
la nube negra se cierne.
Mi mente regresa a lo que con pena no quiere:
que no eras para mí, ni yo para ti;
que mientras daba la vida por ti,
la tuya la enviabas a otro en un sobre.
A ti poco o nada le había yo importado,
y que yo solo me había enamorado,
y como era yo el que tocaba, me apartaste hacia un costado.
Como quien abandona un barco que está condenado,
con la firmeza de quien con lo justo se ha salvado.
Ahora lo entiendo,
esos recuerdos no son más que sueños,
una fantasía lírica de otros sujetos,
una sombra a la que da forma la luz del sol intenso.
Es el recuerdo vago de alguien que nunca fue,
y ahora imagino porque no estoy cuerdo.