No entenderé nunca/ el silencio voraz de los espejos
ni las erratas (si es que la fe existe) de los deseos.
El lúbrico susurro de este lenguaje evoca
antiguos y complejos andamiajes/ la indiferente
máquina ciega incita a desnudar la memoria
donde invoco la más pura rebeldía. Las palabras
se escurren de mi boca como un líquido inevitable,
articuladas (claro está), por el arraigo de esta tierra.
Pero mi convicción es fuerte/ ya no dejaré trastabillar
el sentido de mi existencia/ habré de dar el salto
que me lleve a la más fina creación: existir.