Se nos está cansando el sol, mi vida,
lo siento en cada tarde que se acorta;
tu abrazo, que fue hoguera encendida,
hoy tiembla.
Todavía arden nuestros recuerdo,
todavía queda arena entre las sábanas;
pero el viento pronuncia otro secreto
y me llena de invierno las entrañas.
Quédate un segundo, sin palabras,
mientras la luz se vuelve ámbar y lenta;
déjame creer que el calor no acaba,
aunque la sombra ya roce la puerta.
Bésame ahora, con rabia, con ganas,
antes que el cielo se vuelva ceniza;
si el frío ha de encontrarnos mañana,
que me encuentre encendida, no vencida.
Es el último rayo de un amor que muere,
la última tregua de un verano cansado;
te amo mientras el sol todavía nos quiere,
aunque el viento ya anuncie que todo ha cambiado.