No sé cuándo o en qué momento te volviste mi pensamiento,
ni en qué momento tu recuerdo se volvió anhelo;
solo sé que apareces cuando cierro los ojos,
y hasta en mis silencios te encuentro.
Te encuentro en cada canción, en cada sueño nuevo;
y aunque no estés conmigo, te siento tan cercano,
que a veces mi corazón te busca entre mis manos,
como si pudiera encontrarte tan solo con pensarlo.
Me basta una mirada para inventar futuros,
un mensaje para hacer mis días menos oscuros;
y si tardas en llegar, mi mundo pierde color,
porque mi corazón pregunta si algún día seré yo
la mujer que finalmente habite en tu amor.
Aún no sé qué es lo que amo de ti,
no sé si amo tus besos
o la esperanza de sentirte cerca de mí;
si amo lo que tú me has dado
o todo lo que llegué a imaginar a tu lado.
Te idealizo en mis sueños, te desnudo de defectos,
te convierto en el hombre de todos mis deseos;
y aunque sé que quizá no eres como te imagino,
mi corazón insiste en llamarte destino.
Quererte entre la duda y la esperanza,
vivir de una mirada, de un “quizá”, de una palabra,
y sentir que tu ausencia pesa
mucho más que tu presencia.
Y lo más triste, amor, es que tal vez nunca sabrás
cuántas veces te amé sin que me amaras detrás;
cuántas noches hice de tu piel mi hogar,
y cuántas veces te perdí
sin siquiera haberte podido encontrar.