Era un alma sin vida,
caminando en total soledad.
Mi corazón era una roca de hielo
que no conocía la verdad,
pues nunca supo lo que era amar.
Entonces ocurrió el milagro de Dios:
mi mirada se cruzó con la tuya.
En ese preciso y único instante
el resto del mundo se desvaneció.
Solo quedamos tú y yo.
Empecé a sentir cosas extrañas,
latidos que jamás conocí.
Mi corazón se aceleró por primera vez,
sentirte cerca me hacía temblar
y la piel se me empezó a erizar.
Pasamos noches enteras desvelados,
hablando hasta la madrugada.
Creamos un mundo solo para los dos,
contándonos cada vieja historia.
Se sentía como volar sin alas.
Entonces llegó el día esperado,
en que tus labios tocaron los míos.
Fue como hablar directamente con Dios.
Sentí lo que es amar con el alma,
con todo mi corazón entregado.
Tú te convertiste en mi única razón,
el motivo dulce de mi existir.
Viniste y reviviste mi pecho frío,
por eso el tiempo no cambiará nada:
siempre serás mi primer gran amor.