Tus ojos tienen la calma de un mar detenido,
dos faros de miel donde el tiempo se pierde,
y cuando me miras, mi mundo rendido
se queda en silencio, se entrega y se vierte.
Hay algo en tus ojos que no sé nombrar,
un fuego tranquilo, profundo y sereno;
parecen dos lunas cansadas de andar,
buscando en mi alma quedarse de lleno.
Y si el agua los toca, parecen brillar,
como astros dormidos debajo de un velo;
yo quiero perderme, sin miedo a caer,
en ese oleaje que sabe a consuelo.
Porque no es tu mirada tan solo, mi vida,
es todo el secreto que guardas,
es esa manera, tan dulce y prohibida,
de hacer que mi alma se entregue obediente.
Y si alguna noche me vuelves a mirar,
yo dejaré que el alma confiese primero:
que hay ojos que alumbran la orilla del mar,
y los tuyos, mi amor,
son capaces de hacer al mundo arrodillar..