Al caer la noche el mundo se apaga,
y en la sombra un milagro empieza.
Aparecen tus ojos de ámbar profundo,
y tu cabello negro que el viento besa.
Cada noche la distancia se rompe,
te miro, te encuentro, no hay prisa.
Me refugio en la calidez de tus brazos,
y detengo el tiempo en tu sonrisa.
Nos amamos en un reino de niebla,
donde el lienzo del sueño es eterno.
Nos besamos con un fuego tan vivo,
que logra vencer al más frío invierno.
Pero el alba llega como una herida,
desgarrando el lienzo de mi fantasía.
Despierto y el vacío me quema el pecho:
la cruel realidad de mi cama fría.
¡Maldita la luz que me roba tu boca!
Maldito el día que me arranca tu abrigo.
Hoy elijo morir un poco cada tarde,
para poder vivir solo cuando sueño contigo.