Hace tres meses que cruzas mi puerta,
llegas callada, con paso perdido,
como un espejismo que el miedo despierta.
Por dentro me quiebro de tanta emoción,
por fuera simulo que el alma está fuerte;
por miedo a perderte, por miedo a morderte,
escondo el temblor de mi fiel corazón.
—¿Por qué estás tan rara?
—¿Por qué tanto llanto?
te pregunto, mas nunca respondes.
Me basta tu rostro, la luz que me escondes,
para aliviar este amargo quebranto.
Intento tocarte y mi cuerpo no avanza,
me quedo atrapado, inmóvil y solo;
la culpa me pesa, me arrastra en el lodo,
mientras tu sombra se vuelve distancia.
Siempre esperé una oportunidad
para decirte que te amaba;
mi fe silenciosa por ti de rodillas rezaba,
y hoy cargo el castigo de la realidad.
Te desvaneces con el Sol, no eres humana.
Eres un sueño que me rompe el corazón en la mañana.
Aquel viernes con lluvia te perdí,
vi tu vida evaporarse mientras sujetaba tus manos;
los ruegos humanos resultaron vanos,
hoy sufro el infierno de tu despedida.
Maldigo a la vida y su falsa promesa.
La vida me prometió estar contigo,
y fue ella misma la que nunca va a dejarte estar conmigo.
Dormido construyo aquel cuento de hadas,
mentira bendita que frena mi herida;
no importa el dolor si, aunque falso, al final,
te tengo de vuelta en cada madrugada.
La noche en el carro persiste, tú tan perfecta:
te miro a los ojos, tome tu mano;
Sonreiste y besaste mi mejilla,
hoy llueven mil recuerdos que marchan en fila,
quemándome con fuerza mi alma herida.
La vida sin ti ya no tiene sentido,
Prefiero vivir de noche, sentir que tú no te has ido;
soñando voy a tenerte hasta que se acabe mi vida.
Prefiero morir soñando que vivir con tu partida.