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Risky Business - Crecer también es aprender cuánto cuesta todo
Risky Business tiene una de esas escenas que terminaron siendo más famosas que la propia película. Tom Cruise en camisa, calzoncillos y medias, deslizándose por el piso mientras suena “Old Time Rock…
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Risky Business tiene una de esas escenas que terminaron siendo más famosas que la propia película. Tom Cruise en camisa, calzoncillos y medias, deslizándose por el piso mientras suena “Old Time Rock and Roll”. Es una imagen que probablemente todos vimos alguna vez, incluso sin haber visto la película. Y quizás por eso esperaba encontrarme con una comedia adolescente mucho más simple, una de esas historias de padres que se van de viaje y dejan al hijo solo en casa.
Pero Risky Business es bastante más rara e interesante que eso.
Joel es prácticamente el hijo perfecto del sueño americano. Vive en una casa enorme, está por terminar el colegio, sus padres esperan que entre a una buena universidad y él parece tener toda su vida organizada antes siquiera de haber decidido qué quiere hacer con ella. Su mayor preocupación es Princeton, las notas y cumplir con las expectativas que los adultos construyeron alrededor suyo. Es un pibe al que aparentemente no le falta nada, salvo quizás la sensación de estar tomando alguna decisión propia.
Entonces sus padres se van de viaje y aparece la fantasía adolescente más básica del mundo: casa sola, amigos, alcohol, el auto del padre, sexo y ninguna autoridad mirando. Solo que Risky Business empieza con esa fantasía y la empuja cada vez más lejos hasta convertirla en algo completamente descontrolado.
Joel empieza queriendo aprovechar unos días solo y termina prácticamente administrando un prostíbulo en la casa de sus padres.
Escaló bastante rápido.
Y ahí aparece gran parte de la gracia de la película. Cada solución que encuentra Joel parece generar un problema todavía peor. Conoce a Lana, aparece Guido. Usa el Porsche de su padre y el Porsche termina en el agua. Necesita recuperar plata y termina convirtiendo su casa en un negocio. Durante buena parte de la película parece estar permanentemente a cinco minutos de que sus padres vuelvan y lo maten.
Pero en medio de todo ese caos empieza a ocurrir algo bastante interesante: Joel aprende.
Porque Eddie Felson probablemente estaría orgulloso de él. Joel empieza la película sin entender demasiado bien cómo funciona el mundo y termina descubriendo algo parecido a lo que Eddie intentaba explicarle a Vincent en The Color of Money: tener algo valioso no alcanza; también hay que saber convertirlo en negocio.
Y ahí entra Lana.
Rebecca De Mornay podría haber quedado simplemente como la chica atractiva que aparece para despertar sexualmente al protagonista, pero la película le da bastante más inteligencia y control. Lana entiende el dinero, entiende a las personas y, sobre todo, entiende que casi cualquier cosa puede convertirse en una transacción. Mientras Joel todavía piensa en términos de lo que está bien, lo que está mal y lo que sus padres dirían si se enteraran, Lana piensa en oportunidades.
Joel cree al principio que está entrando en el mundo de ella, pero lentamente es Lana quien empieza a enseñarle cómo funciona el suyo.
Porque Risky Business está obsesionada con el dinero. Todo parece tener un precio: el auto, la universidad, el sexo, la libertad, la casa y hasta la posibilidad de equivocarse. Joel vive en un mundo donde los adultos hablan constantemente de éxito, futuro y responsabilidad, pero cuando finalmente sale de esa estructura descubre que detrás de todas esas palabras hay algo bastante más sencillo.
Plata.
Y ahí está para mí uno de los mejores chistes de la película. Sus padres quieren que Joel sea exitoso, responsable, competitivo, que entre a Princeton y eventualmente se convierta en alguien capaz de moverse dentro del mundo de los negocios. Pero es justamente cuando hace absolutamente todo lo que sus padres le prohibirían que empieza a desarrollar esas capacidades.
Aprende a negociar, a vender, a detectar oportunidades, a asumir riesgos, a conseguir clientes y a resolver problemas bajo presión.
Básicamente, Joel pasa unos días haciendo todo aquello por lo que sus padres podrían matarlo y termina convirtiéndose exactamente en el empresario que probablemente querían que fuera.
Por eso la entrevista universitaria funciona tan bien dentro de la película. Joel está obsesionado con demostrar que tiene las características necesarias para entrar a Princeton, cuando para ese momento acaba de atravesar una experiencia bastante más formativa que cualquier respuesta preparada que pudiera dar. El pibe literalmente convirtió un desastre en un negocio rentable.
Hay algo muy estadounidense en esa contradicción. La película parece burlarse de un sistema que habla permanentemente de responsabilidad y valores mientras termina premiando exactamente a quien aprende a vender, negociar y hacer dinero. Joel rompe prácticamente todas las reglas que le enseñaron, pero en el proceso comprende perfectamente la regla fundamental del mundo adulto al que está intentando entrar.
Y eso hace que Risky Business tampoco se sienta como una simple celebración de todo lo que ocurre. La película tiene un tono extraño. Por momentos es una comedia adolescente bastante divertida y, de repente, la música de Tangerine Dream, las luces nocturnas y la fotografía convierten todo en algo casi melancólico, como si Joel estuviera atravesando un sueño del que sabe que eventualmente tendrá que despertarse.
La relación con Lana funciona especialmente bien ahí. Hay deseo y negocio mezclados constantemente, pero también momentos donde parece aparecer algo genuino entre ellos. El problema es que la película nunca nos permite olvidar del todo que su relación nació dentro de una transacción. Incluso cuando parecen acercarse emocionalmente, el dinero sigue dando vueltas alrededor.
Y después está Tom Cruise.
Ver Risky Business sabiendo en quién terminaría convirtiéndose es particularmente divertido porque todavía no estamos viendo al Tom Cruise completamente formado, pero ya podemos reconocerlo por todos lados. Está la sonrisa, la energía física, el carisma y esa capacidad que tiene para apropiarse de una escena. Pero Joel todavía no es Maverick ni Vincent Lauria.
De hecho, es casi lo contrario.
Joel empieza siendo inseguro, obediente y completamente aterrorizado por la posibilidad de decepcionar a sus padres. Y me parece buenísimo que una de las películas que convirtió a Cruise en una estrella tenga como protagonista justamente a un pibe que todavía está aprendiendo a tener confianza.
Eso hace todavía más interesante verla después de The Color of Money. En aquella película Scorsese agarra a Cruise cuando Top Gun ya lo estaba convirtiendo en una estrella gigantesca y utiliza toda esa energía para construir a Vincent. Acá estamos unos años antes, viendo cómo empieza a aparecer.
Joel todavía está aprendiendo a arriesgarse.
Vincent ya está convencido de que es invencible.
Y en ese sentido la famosa escena del baile funciona mucho mejor de lo que podría parecer después de tantas parodias. Joel está solo por primera vez. No están sus padres, no está Princeton, no está intentando impresionar a Lana ni convencer a nadie de nada. Durante unos minutos simplemente pone música, se queda en calzoncillos y hace el ridículo por toda la casa.
Es probablemente uno de los pocos momentos de la película donde no hay una transacción detrás.
No está vendiendo nada.
No está comprando nada.
No está intentando entrar a ningún lado.
Simplemente está disfrutando de que, por primera vez, nadie lo está mirando.
Y resulta bastante gracioso que esa escena haya terminado convirtiéndose en una de las imágenes más reconocibles de una de las estrellas más grandes de Hollywood.
Porque antes de Top Gun, antes de Scorsese, antes de Paul Newman y antes de convertirse en el tipo que décadas después seguiría saltando de aviones y corriendo como si alguien le hubiera prohibido caminar, Tom Cruise estaba ahí.
En calzoncillos, deslizándose por el living de una casa. Y todavía no tenía idea de hasta dónde iba a llegar.
Thoughts
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PermalinkSus padres querían exactamente lo que Joel aprendió haciendo todo lo que ellos prohibían.
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PermalinkEso.
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PermalinkLana sabe demasiado. Pero Joel es más arriesgado que ella, solo que no lo sabe todavía.
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PermalinkEl baile en calzoncillos sin que nadie lo vea: eso es el único momento sin transacción. Te quedó lindo.
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PermalinkTreinta y ocho años en primaria me dejaron claro que el aprendizaje real nunca es por las lecciones. Es por lo que hacés cuando nadie te está mirando.
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PermalinkLa película dice que aprendes negociando, no escuchando. Eso es verdad en cualquier lado, desde una casa hasta un servidor.
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