Harvey Keitel poniendo dinero para el casting en Nueva York de un guionista que nadie conocía todavía. Me quedé pensando en eso más que en la oreja. Sin él habría salido la versión en 16 mm con amigos, quizás igual de buena, pero muy poca gente la habría encontrado. Gracias por seguir con el reto, se nota el cariño que le tienes a cada película!
Reservoir Dogs (Perros de la calle) — Cuando la confianza empieza a sangrar
Pensamiento
Harvey Keitel poniendo dinero para el casting en Nueva York de un guionista que nadie conocía todavía. Me quedé pensando en eso más que en la oreja. Sin él habría salido la versión en 16 mm con amigos, quizás igual de buena, pero muy poca gente la habría
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Reservoir Dogs no es una película sobre un robo, sino sobre lo que queda cuando la confianza se rompe. Y lo primero que hace Tarantino para dejarlo claro es bastante jugado: el robo que supuestamente sostiene toda la historia nunca aparece en pantalla. No vemos a los tipos entrar a la joyería, no vemos el plan ejecutándose ni el momento exacto en que todo sale mal. Vemos las consecuencias: cuerpos heridos, miradas paranoicas, versiones contradictorias y palabras que ya no alcanzan para sostener una alianza.
Y me parece todavía más impresionante cuando uno piensa que esta fue la primera película de Quentin Tarantino. No tenía detrás el presupuesto ni la libertad que tendría después. Reservoir Dogs costó alrededor de 1,2 millones de dólares, una cifra muy chica para una película criminal de este tipo. Y en lugar de intentar disimular esa limitación haciendo un atraco barato, Tarantino prácticamente la convierte en una decisión narrativa: si no puedo mostrarte el gran robo, voy a hacer que te importe muchísimo más lo que ocurrió después.
Ahí aparece algo que después va a atravesar prácticamente todo su cine. Tarantino entiende que una escena puede ser fascinante sin una persecución, un tiroteo o una explosión. Puede poner a un grupo de tipos sentados alrededor de una mesa hablando de Madonna, de Like a Virgin y de por qué Mr. Pink no deja propina, y conseguir que durante esa conversación empecemos a entender quién es cada uno.
No parece estar pasando nada, pero está pasando todo.
Antes de conocerlos como criminales, los conocemos hablando. Mr. Pink discutiendo obsesivamente sobre las propinas ya nos muestra su pragmatismo, su necesidad de justificar cada decisión y esa forma casi profesional de mirar todo. Mr. White se comporta de otra manera. Mr. Blonde transmite algo inquietante incluso cuando está tranquilo. Tarantino utiliza conversaciones aparentemente inútiles para construir personajes, y eso en su primera película ya aparece completamente formado.
Después ocurre el robo que nunca vemos y todo se desarma.
La estructura es clave. Fragmentada, no lineal, casi como las mentes de los personajes. Nadie tiene el control del relato completo y nosotros tampoco lo tenemos desde el principio. Tarantino nos va entregando pedazos: qué ocurrió antes, cómo llegaron algunos al trabajo, qué pasó después, quién conoce a quién.
El tiempo no ordena: desconfía.
Cada salto temporal agrega información, pero esa información no necesariamente tranquiliza. Muchas veces hace exactamente lo contrario. Cada escena parece una nueva prueba de lealtad que siempre llega demasiado tarde. Sabemos un poco más y, justamente por eso, empezamos a confiar un poco menos.
Los personajes ni siquiera tienen nombres propios:
Mr. White.
Mr. Orange.
Mr. Pink.
Mr. Blonde.
Mr. Brown.
Mr. Blue.
En principio es una medida de seguridad: nadie debería conocer demasiado sobre los demás. Pero también termina diciendo algo bastante interesante sobre el grupo. Son identidades construidas exclusivamente para hacer un trabajo.
Y ahí aparece la contradicción. Todo está diseñado para que no exista intimidad, pero aparece igual. Especialmente entre Mr. White y Mr. Orange.
Para mí, ahí está el verdadero corazón de la película. Después del atraco, Orange está desangrándose y White intenta mantenerlo vivo. Lo tranquiliza, lo protege y empieza a involucrarse emocionalmente con alguien con quien, en teoría, no debería tener ninguna relación más allá del trabajo.
Y Tarantino hace algo todavía mejor: nos revela que Orange es el policía infiltrado antes de que lo sepan los demás.
En una película más convencional, la identidad del infiltrado probablemente sería el gran giro del final. Tarantino sacrifica esa sorpresa porque encuentra algo mucho más interesante: la tensión de saber la verdad mientras Mr. White sigue confiando en él.
Ya no nos preguntamos quién es la rata.
Nos preguntamos cuándo van a descubrirla.
Y cada vez que White defiende a Orange, la situación se vuelve un poco más dolorosa porque nosotros sabemos exactamente a quién está defendiendo. Pero tampoco es una relación completamente falsa. Orange está mintiendo sobre quién es, sí, pero mientras avanza la película empieza a sentirse que el vínculo que se construyó entre ellos dejó de ser solamente parte de su trabajo.
Eso vuelve muchísimo más interesante el tema de la traición. La traición no siempre es un acto claro; a veces es una sensación. Un gesto mínimo, una palabra de más, una duda mal planteada. Y cuando la confianza empieza a erosionarse, todo se vuelve arma: el silencio, la información, incluso la sangre.
También me encanta cómo Tarantino nos muestra la preparación de Orange para infiltrarse. El tipo tiene que convertirse prácticamente en actor. Aprende una anécdota que nunca vivió, la memoriza, la practica una y otra vez hasta poder contarla con naturalidad. Y Tarantino termina mostrándonos esa historia inventada como si realmente hubiera ocurrido.
Es cine dentro del cine.
Orange inventa un personaje para convencer a esos criminales exactamente de la misma manera en que un actor construye un personaje para convencernos a nosotros. Y cuanto mejor interpreta su papel, más cerca está de personas que eventualmente empiezan a confiar realmente en él.
Después está Mr. Blonde.
Y ahí aparece otro Tarantino que también vamos a volver a encontrar muchas veces: el tipo capaz de convertir una canción alegre en algo completamente perturbador.
La escena de la tortura con Stuck in the Middle with You es probablemente la más famosa de la película. Mr. Blonde pone música, empieza a bailar y tortura al policía como si todo formara parte de un pequeño espectáculo privado.
Lo tremendo es que la violencia no aparece como una explosión de furia. Mr. Blonde está tranquilo. Disfruta. Y eso lo vuelve muchísimo más inquietante.
Incluso el famoso momento de la oreja demuestra que Tarantino ya entendía algo importante sobre cómo filmar violencia. La cámara se aparta. No necesitamos ver cada detalle porque nuestra cabeza termina haciendo buena parte del trabajo. Reservoir Dogs tiene fama de ser extremadamente violenta y lo es, pero muchas veces la sensación de violencia es mayor que aquello que realmente vemos.
Y acá aparece para mí uno de los mayores méritos de la película: Tarantino convierte sus limitaciones en estilo.
El galpón donde transcurre buena parte de la historia podría sentirse como una consecuencia del bajo presupuesto. En sus manos se convierte en una olla a presión. Cada vez que entra alguien nuevo cambia completamente la dinámica. Cada personaje trae una información diferente. Cada conversación puede terminar con alguien sacando un arma.
Pero detrás de todo esto hay además una historia bastante increíble teniendo en cuenta que estamos hablando de la primera película de Tarantino. Reservoir Dogs originalmente iba a ser algo muchísimo más chico. La idea era hacer una producción casi artesanal, rodada en 16 mm, en blanco y negro, con unos pocos miles de dólares y conocidos ocupando varios de los papeles. Tarantino incluso tenía pensado interpretar a Mr. Pink.
Hasta que el guion termina llegando a Harvey Keitel. Y ahí cambia todo.
Keitel no solamente acepta interpretar a Mr. White. Se involucra como coproductor, ayuda a conseguir financiación y pone dinero para que Tarantino pueda hacer casting en Nueva York. Y eso me parece increíble porque uno de los primeros tipos que realmente apuesta por Quentin Tarantino cuando todavía no existía “Quentin Tarantino” como nombre dentro del cine es justamente un actor de la talla de Harvey Keitel.
A partir de ese salto empieza a tomar forma el reparto que conocemos: Tim Roth, Steve Buscemi y Michael Madsen, junto al propio Keitel. Tarantino ya no está simplemente intentando hacer una película pequeña con los recursos que tiene. De repente tiene enfrente a actores enormes diciendo esos diálogos larguísimos que escribió.
Y aprovecha cada uno.
Keitel sostiene emocionalmente toda la relación entre White y Orange. Tim Roth puede pasar buena parte de la película desangrándose en el piso y aun así convertirse en el centro de la historia. Steve Buscemi transforma una discusión absurda sobre dejar propina en una presentación perfecta de su personaje. Y Michael Madsen puede generar una incomodidad enorme simplemente caminando, sonriendo y poniendo una canción.
Eso vuelve todavía más interesante el bajo presupuesto. Tarantino no puede hacer explotar media ciudad ni montar un atraco gigantesco, así que concentra absolutamente todo en aquello que sí puede controlar:
Los actores.
Los diálogos.
La música.
El montaje.
La tensión.
Y con eso le alcanza.
De hecho, termina siendo casi una declaración de principios del director que vendría después. Tarantino todavía no había hecho Pulp Fiction, Kill Bill, Inglourious Basterds ni Django Unchained. Era un director debutante tratando de levantar una película criminal pequeña y bastante extraña.
Pero muchas de las cosas que después asociaríamos inmediatamente con su cine ya estaban ahí.
Los diálogos sobre cosas aparentemente irrelevantes. La estructura no lineal. La cultura popular. Las canciones utilizadas en contraste con la violencia. Los criminales hablando como personas comunes. Los estallidos repentinos de brutalidad. Y, sobre todo, esa confianza absoluta en que dos tipos hablando dentro de una habitación pueden resultar tan cinematográficos como una persecución.
Por eso me gusta pensar que Tarantino no hizo una gran primera película a pesar de tener poco presupuesto. En cierta manera, hizo Reservoir Dogs gracias a tener poco presupuesto. Al no poder apoyarse en el espectáculo, tuvo que apoyarse en aquello que mejor sabía hacer: escribir personajes, hacerlos hablar y dejar que lentamente se destruyeran entre ellos.
Y ahí volvemos al profesionalismo del que tanto hablan los personajes.
La violencia, cuando finalmente estalla, es seca, incómoda y bastante torpe. Nadie parece realmente tener el control. Cada disparo empeora las cosas en vez de resolverlas. Y eso destruye cualquier fantasía de estos tipos como criminales perfectos.
Hablan muchísimo de profesionalismo.
Pero la película consiste prácticamente en ver cómo dejan de comportarse como profesionales.
Mr. Pink probablemente sea quien mejor entiende eso. Es desconfiado, egoísta y por momentos parece el más miserable del grupo, pero insiste constantemente en volver al trabajo, analizar lo ocurrido y no involucrarse emocionalmente. Y resulta bastante gracioso que el tipo que al principio se niega a dejar propina termine siendo probablemente el más profesional de todos.
Mientras tanto, el humor funciona como mecanismo de defensa. Hablan de cualquier cosa para no mirar el desastre. Esa mezcla entre conversaciones absurdas y situaciones terribles termina convirtiéndose en una de las marcas más reconocibles de Tarantino, pero acá ya está prácticamente completa.
Y todo conduce nuevamente a Mr. White y Mr. Orange.
Cuando Joe finalmente acusa a Orange de ser el infiltrado, White no puede aceptarlo. Ya no está defendiendo simplemente a un compañero de trabajo. Está defendiendo a alguien en quien decidió confiar.
Eso termina provocando el desastre final.
Todos apuntándose.
Todos convencidos de saber quién está diciendo la verdad.
Y prácticamente todos muertos.
Pero todavía falta el golpe más importante. Orange está agonizando junto a White y finalmente le confiesa:
“I'm a cop.”
Y para mí ahí termina realmente Reservoir Dogs. Porque nosotros ya lo sabíamos.
El giro no es para nosotros. Es para Mr. White.
Tarantino construyó toda la película para llegar a la cara de Harvey Keitel en ese momento. White acaba de descubrir que la persona por la que arriesgó todo, a la que protegió y por la que incluso estuvo dispuesto a enfrentarse a sus propios compañeros era exactamente la persona que estaban buscando.
Pero lo hermoso y terrible es que Orange tampoco parece decírselo simplemente porque es policía. Está muriendo. White está destruido. Y da la sensación de que ya no puede permitir que ese hombre siga protegiéndolo desde una mentira.
La identidad era falsa. Quizás el cariño ya no. Y ahí la traición se vuelve muchísimo más dolorosa.
El final no ofrece catarsis. Ofrece vacío. Escuchamos a la policía entrar, White apunta a Orange, suenan los disparos y termina todo. No hay celebración, no hay dinero, no hay escapatoria gloriosa.
Nadie gana porque, en realidad, nadie podía ganar desde el momento en que la confianza desapareció.
Y creo que ahí está lo impresionante de Reservoir Dogs como ópera prima. Tarantino tenía muy poco dinero para hacer la película criminal que imaginaba y terminó demostrando que no necesitaba demasiado. Le alcanzaron un galpón, unos trajes negros, un puñado de actores enormes, canciones elegidas de manera brillante y diálogos capaces de transformar una habitación vacía en un campo de batalla.
No mostró el robo. No hacía falta.
Porque Reservoir Dogs no celebra el crimen: lo desnuda. Saca la persecución, el gran golpe y buena parte del espectáculo para quedarse con lo que ocurre después, cuando seis tipos que prácticamente no saben nada unos de otros tienen que decidir en quién confiar.
Y quizás por eso siga siendo una presentación tan perfecta de Tarantino. Con su primera película y casi sin recursos ya estaba diciendo cómo iba a hacer cine:
Si no tengo dinero para mostrarte el espectáculo, voy a conseguir que una conversación sea el espectáculo.
Al final, cuando el pacto se rompe, el grupo deja de existir.
Quedan las sospechas.
Las mentiras.
La sangre.
Y algo bastante peor que perder los diamantes: Descubrir que confiaste en la persona equivocada cuando ya es demasiado tarde para hacer algo al respecto.
Thoughts
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PermalinkPrimero Cruising y ahora esta: dos del reto con un policía que se inventa una identidad para un trabajo y termina sin saber bien dónde está parado. ¿Las fuiste eligiendo por tema?
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PermalinkPues mira, a mí lo de que Orange confiesa por cariño no me convence. El que se muere suelta lo que lleva encima al que tenga al lado.
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PermalinkHarvey Keitel poniendo dinero para el casting en Nueva York de un guionista que nadie conocía todavía. Me quedé pensando en eso más que en la oreja. Sin él habría salido la versión en 16 mm con amigos, quizás igual de buena, pero muy poca gente la habría encontrado. Gracias por seguir con el reto, se nota el cariño que le tienes a cada película!
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PermalinkFijate que 'profesional' hace dos trabajos distintos en la película. Para Pink es no encariñarse con nadie; para White es no entregar a un compañero, que es casi lo contrario. Los dos se creen igual de profesionales y según su propia definición los dos tienen razón. Por eso me cierra que Pink sea el que sale corriendo del galpón con los diamantes: su palabra nunca cambió de sentido. La de White sí, a mitad de camino, y le costó todo.
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