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Chungking Express — Cuando alguien se va, hasta los objetos empiezan a extrañarlo

rodrigosegade1000
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Chungking Express me parece una película sobre la soledad en uno de los lugares donde parecería más difícil estar solo.

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Chungking Express me parece una película sobre la soledad en uno de los lugares donde parecería más difícil estar solo.

Hong Kong está llena de gente, luces, negocios abiertos, ruido y personas cruzándose permanentemente, pero Wong Kar-wai encuentra dentro de todo ese movimiento a personajes que no consiguen dejar de pensar en alguien que ya no está. Y creo que ahí aparece una de las cosas que más me gustan de la película: no habla del desamor desde grandes declaraciones, sino desde todas esas pequeñas estupideces que hacemos cuando todavía no aceptamos que una relación terminó.

La película divide esa idea en dos historias que aparentemente podrían existir por separado, pero emocionalmente están hablando de lo mismo.

En la primera, el policía 223 sigue obsesionado con May después de que ella lo deja y decide comprar todos los días latas de ananá con fecha de vencimiento el 1 de mayo, como si pudiera ponerle una fecha concreta a aquello que siente. Si May no vuelve antes de ese día, entonces el amor también va a tener que vencer. Es una idea absurda, pero justamente por eso me encanta. Porque cuando alguien se va solemos inventarnos reglas completamente ridículas para hacer tolerable algo que no podemos controlar.

Wong Kar-wai convierte el tiempo en algo físico. Las latas vencen, pasan los días, cambian las personas que entran y salen de los locales, pero los personajes siguen emocionalmente detenidos. El mundo continúa avanzando mientras ellos todavía están intentando entender algo que ya ocurrió. Y quizás por eso Chungking Express se siente tan acelerada visualmente y tan quieta emocionalmente al mismo tiempo. Todo alrededor corre, pero quien está triste puede pasar horas pensando exactamente en la misma persona.

La mujer de la peluca rubia interpretada por Brigitte Lin pertenece a un universo completamente distinto al de 223. Drogas, persecuciones, traiciones y una vida donde parece imposible confiar realmente en alguien. Pero cuando ambos terminan compartiendo una noche, Wong Kar-wai evita convertir ese encuentro en la típica historia donde dos desconocidos mágicamente solucionan sus problemas. A veces alguien aparece en nuestra vida solamente durante unas horas. No viene a salvarnos ni a quedarse. Simplemente coincide con nosotros cuando necesitábamos que hubiera otra persona en la habitación.

Y después la película prácticamente vuelve a empezar.

Ahí aparece el policía 663, Tony Leung, abandonado por una azafata y tratando de comportarse como si aquello no lo hubiese afectado demasiado. Y creo que esta segunda historia es donde Chungking Express encuentra algo muy especial, porque 663 empieza a hablar con los objetos de su departamento como si fueran ellos quienes estuvieran atravesando la separación. La toalla está triste. El jabón adelgaza. La casa parece llorar. En lugar de admitir directamente que él está destruido, proyecta sus emociones sobre todo lo que lo rodea.

Es gracioso, pero también bastante triste.

Porque cuando alguien estuvo mucho tiempo dentro de nuestra vida, su ausencia empieza a sentirse en cosas que no tenían ninguna importancia hasta que esa persona dejó de estar. Una taza, una sábana, una canción, una costumbre, un lugar donde alguien siempre se sentaba. El espacio sigue siendo el mismo, pero ya no significa lo mismo.

Y entonces aparece Faye.

Faye Wong tiene una energía completamente diferente a la de todos los demás personajes. Mientras 663 vive atrapado en aquello que perdió, ella parece estar permanentemente imaginando otro lugar. Escucha California Dreamin’ una y otra vez porque California funciona casi como una fantasía de escape. Y Wong Kar-wai utiliza esa canción hasta el punto de convertirla en parte del personaje: no es solamente música de fondo, es el lugar mental al que Faye se va cuando todavía sigue físicamente en Hong Kong.

La manera en que empieza a entrar secretamente al departamento de 663 me parece una de esas ideas que, si uno intenta explicarlas literalmente, resultan completamente delirantes. Entra cuando él no está, limpia, cambia cosas, mueve objetos y transforma progresivamente el departamento sin que él termine de comprender qué ocurre. Pero dentro de la lógica de la película funciona perfecto porque Faye está modificando la vida de alguien antes de que ese alguien sea capaz de verla realmente.

Y eso me parece hermoso.

A veces alguien empieza a cambiar nuestra vida bastante antes de que nosotros entendamos que esa persona se volvió importante.

También me gusta mucho cómo Wong Kar-wai filma la ciudad. Hay momentos donde las personas parecen moverse a velocidades diferentes, fondos que se convierten prácticamente en manchas y cámaras que atraviesan espacios diminutos llenos de cuerpos. Hong Kong parece enorme y claustrofóbica al mismo tiempo. Todo el mundo está cerca físicamente, pero encontrarse realmente con otra persona continúa siendo dificilísimo.

Eso conecta con una idea que atraviesa las dos historias: las personas se cruzan constantemente sin saber qué lugar podrían ocupar después en la vida del otro. 223 puede pasar al lado de alguien que minutos más tarde va a convertirse en la persona con la que termine compartiendo su noche. 663 ve a Faye todos los días sin comprender inicialmente todo aquello que ella está haciendo alrededor suyo.

Hay algo muy lindo en esa manera de pensar los encuentros.

No todo vínculo llega anunciado.

Muchas veces alguien simplemente estaba ahí.

Y un día deja de ser una persona más.

También hay algo que Chungking Express hace especialmente bien: entiende que superar a alguien no significa necesariamente dejar de recordarlo. Los personajes no tienen una gran escena donde finalmente “cierran” una etapa y continúan con sus vidas. Simplemente empiezan a moverse otra vez. Primero un poco. Después otro poco. Hasta que aparece una nueva posibilidad.

Y quizás ahí está la diferencia entre olvidar y seguir adelante.

No hace falta borrar aquello que ocurrió para permitir que ocurra algo nuevo.

El final con 663 y Faye me gusta justamente porque no intenta cerrar todo de una manera perfecta. Pasó tiempo. Cambiaron cosas. Ella finalmente viajó, él transformó el lugar donde trabajaba y cuando vuelven a encontrarse ya no son exactamente aquellas dos personas que se habían cruzado antes. Existe nuevamente una posibilidad, pero ahora tienen que decidir qué hacer con ella.

Chungking Express es una película extraña, romántica, melancólica y al mismo tiempo llena de energía. Parece improvisada, liviana y hasta caótica, pero debajo de todo eso hay una sensibilidad enorme para observar cómo las personas atravesamos una separación, cómo nos aferramos a objetos y rutinas y cómo, muchas veces, alguien nuevo aparece cuando todavía creemos que seguimos esperando a quien se fue.

Y quizás por eso me queda tanto esa idea de las fechas de vencimiento.

Ponemos fechas porque necesitamos creer que eventualmente algo va a dejar de doler.

Pero las personas no funcionan como una lata de ananá.

Los recuerdos tampoco.

Quizás superar a alguien no sea esperar a que el amor finalmente venza, sino aceptar que algunas cosas pueden seguir viviendo dentro nuestro mientras nosotros, de todos modos, volvemos a caminar.

Thoughts

  • TerminosClaros

    El cierre usa «superar» para dos cosas que el resto del texto venía separando con cuidado. Arriba, seguir adelante es empezar a moverse otra vez sin borrar nada. En la última frase, superar vuelve a sonar a que el amor tiene que vencer, que es justo la lógica de las latas que venías desarmando. Yo me quedo con la primera versión, la de 663, que no cierra ninguna etapa y un día aparece del otro lado del mostrador.

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