The Internship no es una película demasiado complicada y tampoco pretende serlo. Es una comedia construida alrededor de una idea bastante simple: Agarrar a Vince Vaughn y Owen Wilson, dos tipos que parecen venir de otro mundo, y meterlos en Google rodeados de pibes que entienden perfectamente cómo funciona el presente.
Y con eso alcanza para que durante buena parte de la película funcione.
Billy y Nick pierden su trabajo como vendedores porque la profesión en la que aprendieron a moverse empieza a desaparecer. Vienen de vender hablando, convenciendo, leyendo a la persona que tienen enfrente. De repente caen en Google, donde todo parece funcionar con algoritmos, programación, términos que no entienden y gente veinte años más joven que ellos.
La película nunca intenta hacer demasiado complejo ese choque generacional. Al contrario: lo convierte en chiste.
Y ahí Vince Vaughn está completamente en su terreno.
Billy puede no entender prácticamente nada de tecnología, pero puede hablar durante cinco minutos seguidos hasta conseguir que alguien lo escuche. Vaughn tiene esa capacidad muy particular para agarrar un diálogo larguísimo, acelerarlo y hacer que parezca que el personaje está inventando la mitad mientras habla.
Owen Wilson funciona perfecto como contrapunto. Tiene una energía mucho más tranquila y simpática, y entre los dos existe una química que ya estaba probadísima desde Wedding Crashers. Uno empuja constantemente la escena y el otro la acompaña.
La película sabe que su principal atractivo son ellos dos juntos y no intenta esconderlo.
Incluso hay algo bastante gracioso en ver a dos actores asociados a cierto tipo de comedia de los 2000 entrando literalmente en una empresa que representaba el futuro. No solamente Billy y Nick parecen venir de otra época: Vaughn y Wilson también traen consigo otro tipo de comedia.
Y Shawn Levy entiende bastante bien qué película está haciendo.
No busca reinventar la comedia ni ponerse demasiado sofisticado con la dirección. La cámara está principalmente al servicio de los actores, los espacios de Google y las situaciones. Es una película luminosa, rápida y tremendamente agradable visualmente. Todo el campus parece diseñado para que uno piense: sí, quiero trabajar ahí.
De hecho, por momentos The Internship parece directamente una publicidad de Google de casi dos horas.
Hay bicicletas de colores, comida gratis, espacios abiertos, empleados felices, salas extravagantes y gente trabajando en proyectos interesantes. La película prácticamente convierte las oficinas de Google en una especie de parque de diversiones para adultos.
Es imposible no notarlo. pero también forma parte de su encanto. Porque para Billy y Nick entrar ahí es literalmente aterrizar en otro planeta.
Y el grupo que les toca es exactamente el que uno espera en este tipo de película: varios personajes que individualmente no encajan demasiado y que, obviamente, van a terminar funcionando juntos.
La estructura es absolutamente previsible.
Sabemos que al principio van a fracasar. Sabemos que los jóvenes van a considerar inútiles a Billy y Nick. Sabemos que eventualmente los dos veteranos van a enseñarles algo que no se aprende programando. Y sabemos que esos mismos chicos van a ayudarlos con todo aquello que ellos no entienden.
Pero que sepamos hacia dónde va una película no significa necesariamente que el viaje no funcione.
Y acá hay algo que me gusta bastante: al principio parece que el aprendizaje va a ir en una sola dirección. Billy y Nick son los que quedaron viejos, los que tienen que actualizarse, los que necesitan entender cómo funciona el nuevo mundo.
Pero después descubrimos que los chicos también necesitan algo de ellos.
Porque están tremendamente preparados para conseguir un trabajo, pero no necesariamente para vivir fuera de esa competencia. Estudian, programan, miran el teléfono, piensan en el currículum y sienten que constantemente tienen que demostrar que merecen estar ahí.
Billy y Nick son exactamente lo contrario.
Se equivocan.
Improvisan.
Hablan con desconocidos.
Hacen el ridículo.
Pierden y vuelven a intentar.
No saben absolutamente nada de algoritmos, pero llevan años aprendiendo algo que no aparece en ninguna prueba de Google: cómo manejarse cuando las cosas no salen como estaban planeadas.
Y la salida nocturna es probablemente donde mejor funciona todo esto. Hasta ese momento Billy y Nick estaban intentando entrar al mundo de los chicos, esa noche ocurre lo contrario.
Los chicos entran al mundo de Billy y Nick.
De repente saber programar no sirve para nada. Hay que salir, hablar, bailar, hacer estupideces, soltarse y dejar de pensar durante unas horas en quién va a conseguir el puesto.
Y ahí el grupo realmente empieza a convertirse en un grupo.
No cuando ganan una prueba.
Sino cuando comparten algo que no sirve para ganar nada.
Me parece que ahí está la pequeña idea que levanta bastante a The Internship. Billy y Nick necesitan que esos chicos les enseñen a adaptarse al presente, pero los chicos necesitan que ellos les recuerden que la vida no puede ser permanentemente una entrevista de trabajo.
Tampoco hace falta llevarlo mucho más lejos porque la película no lo hace.
Sigue siendo una comedia comercial de Shawn Levy con Vince Vaughn hablando a toda velocidad, Owen Wilson cayéndole bien a todo el mundo y Google funcionando como un gigantesco patio de juegos.
Y está perfecto.
La secuencia del Quidditch es ridícula, pero sirve para empezar a construir al grupo. La noche de fiesta los une. Y las distintas pruebas permiten que lentamente dejen de competir individualmente y empiecen a entender qué puede aportar cada uno.
Ese intercambio es probablemente lo mejor que tiene la película.
Los adultos no llegan para demostrar que “antes todo era mejor” y los jóvenes tampoco están ahí simplemente para demostrar que los viejos quedaron obsoletos.
Cada generación sabe hacer algo que la otra no.
Billy y Nick son pésimos con la tecnología, pero saben vender. Saben escuchar a un cliente, detectar qué necesita y encontrar una manera de llegarle.
Los chicos tienen conocimientos que ellos jamás podrían improvisar, pero están tan obsesionados con prepararse para el futuro que algunos parecen haberse olvidado un poco de disfrutar el presente.
Y el final con la pizzería cierra bastante bien ese intercambio.
Billy y Nick no ganan porque mágicamente se conviertan en programadores extraordinarios. La película no hace trampa con eso.
Terminan utilizando aquello que siempre supieron hacer: hablar con alguien, entender un negocio y vender una idea.
Pero tampoco podrían hacerlo solos, necesitan al equipo. Entonces finalmente cada uno aporta aquello que el otro no tiene.
También me gusta que The Internship tenga algo que muchas comedias parecen evitar: es bastante optimista sin tener vergüenza de serlo.
No necesita destruir a sus personajes ni convertir todo en ironía. Cree genuinamente que estos dos tipos pueden tener una segunda oportunidad. Cree que los jóvenes pueden aprender de ellos. Y cree que ellos pueden aprender de los jóvenes.
Es medio ingenua? Sí. Pero justamente esa ingenuidad forma parte de la película.
Y quizás por eso envejeció de una manera curiosa. Toda esa fascinación por Google, la cultura startup y la idea de trabajar en una gran tecnológica como el futuro perfecto pertenece muchísimo a principios de los 2010. Vista hoy, casi funciona como una cápsula temporal de cómo imaginábamos el mundo tecnológico en ese momento.
Pero tampoco creo que haga falta pedirle demasiado más.
The Internship es Vince Vaughn hablando a toda velocidad, Owen Wilson siendo Owen Wilson, un grupo de personajes simpáticos, Google funcionando como gigantesco patio de juegos y Shawn Levy haciendo exactamente la película que quiere hacer.
No es The Social Network.
Ni quiere serlo.
Es una comedia sobre dos tipos grandes intentando adaptarse a un mundo que cambió mientras ellos estaban ocupados viviendo en el anterior.
Solo que, mientras intentan encontrar su lugar en ese nuevo mundo, terminan ayudando a un grupo de chicos que aparentemente estaba perfectamente preparado para él a soltarse un poco, levantar la cabeza de la pantalla y empezar a disfrutarlo.
Y creo que ahí está su mayor encanto.
Billy y Nick llegan a Google pensando que son ellos los que tienen todo por aprender.
Y efectivamente tienen muchísimo que aprender.
Pero descubren que todavía tienen algo para enseñar.
No programación ni tecnología.
Algo mucho más sencillo: hablar con alguien, equivocarse sin pensar que se terminó el mundo, improvisar cuando no existe un plan y disfrutar un poco mientras intentás llegar a donde querés llegar.
A veces una película no necesita esconder una gran reflexión debajo de todo.
A veces alcanza con una buena premisa, dos protagonistas que tienen química y una comedia que sabe perfectamente hasta dónde quiere llegar.
Y The Internship, dentro de esas reglas, es bastante buena haciendo exactamente eso.