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School of Rock (Escuela de Rock) — ¿Y si encontrar tu voz importa más que ganar? Pregunta Sin responder

rodrigosegade1000
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Escuela de Rock es, en apariencia, una comedia infantil con riffs pegadizos y caras exageradas de Jack Black. Pero debajo de ese caos simpático hay algo más interesante: Es una película sobre la…

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Escuela de Rock es, en apariencia, una comedia infantil con riffs pegadizos y caras exageradas de Jack Black. Pero debajo de ese caos simpático hay algo más interesante: Es una película sobre la creatividad como acto de rebeldía.

Dewey Finn es un fraude.

Un adulto irresponsable que se mete a dar clases porque necesita plata y termina convirtiendo un colegio privado en un ensayo clandestino de rock. Pero en ese error aparece algo genuino: él no enseña teoría, despierta pasión. No les da contenido académico: Les da identidad. Les muestra que no tienen que ser perfectos para ser valiosos. Que pueden equivocarse, hacer ruido, desentonar… y aun así estar vivos.

Y eso funciona especialmente bien porque los chicos vienen exactamente del mundo contrario. Horarios, notas, expectativas, disciplina, padres que ya parecen tener bastante claro quién debería ser cada uno. Dewey entra como un cuerpo extraño dentro de ese sistema. No tiene planificación, pedagogía ni prácticamente ninguna de las cualidades que debería tener un docente. Sin embargo, empieza a hacer algo que los adultos responsables alrededor de esos chicos no estaban haciendo: mirarlos individualmente.

No ve solamente alumnos.

Ve un guitarrista. Un baterista. Una cantante. Un tecladista. Pero también entiende que no todos necesitan estar arriba del escenario. Hay quienes pueden encargarse del vestuario, las luces, la seguridad o la producción. Cada uno encuentra un lugar dentro de algo colectivo sin tener que convertirse en otra persona para pertenecer.

Y ahí la película tiene una idea bastante linda: Dewey descubre el talento de los chicos porque no está buscando aquello que les falta. Está buscando aquello que ya tienen.

Incluso cuando aparecen sus inseguridades, responde desde ese lugar. Tomika cree que su cuerpo significa que no puede ser cantante y Dewey, con toda su torpeza, consigue hacerle entender que su voz no vale menos por cómo se ve. Billy puede ser distinto y expresarse desde la ropa. Lawrence piensa que no es suficientemente cool para estar en una banda y Dewey directamente le demuestra que no necesita serlo.

El rock empieza entonces a significar bastante más que tocar música. Se convierte en permiso.

  • Permiso para hacer algo propio.

  • Para ocupar un espacio.

  • Para no responder permanentemente a aquello que los demás esperan.

Hay una frase que tira casi como chiste y que siempre me quedó:

“Un buen espectáculo puede cambiar una vida.”

Y lo interesante es cuándo la dice. No es en el gran final, sino antes de la audición para la Batalla de las Bandas, cuando no encuentra a Freddy porque se fue con otra banda. Está desesperado, buscándolo, casi rogándole que vuelva. Y ahí aparece algo distinto en Dewey. No habla desde el ego. Habla desde la convicción. Dice que el rock no son las drogas ni la pose:

  • Es sentir.

  • Es pasión.

  • Es expresarse.

En boca de Jack Black suena exagerado. Pero no lo es. Es el primer momento en el que Dewey deja de pensar en su propio sueño y empieza a pensar en lo que esos chicos necesitan.

Porque al principio la banda sigue siendo, en cierta manera, otra de sus estafas. Dewey necesita ganar la Batalla de las Bandas. Necesita demostrar que todavía puede ser una estrella de rock después de que su propia banda lo echara. Los chicos son inicialmente el instrumento con el que piensa recuperar algo que siente que le pertenece.

Pero eso empieza a cambiar.

Dewey quiere enseñarles rock y termina aprendiendo algo él también: Formar una banda no significa conseguir que todos estén al servicio de tu sueño. Significa escuchar qué puede aportar cada uno.

Y quizás ahí esté su verdadero crecimiento.

Dewey empieza la película convencido de que ser músico significa estar adelante, recibir los aplausos, hacer el solo y convertirse en una estrella. Con los chicos descubre algo mucho más cercano al espíritu que dice defender: que la música también consiste en compartir un escenario.

Por eso Zack termina escribiendo la canción que tocan, Dewey podría haber impuesto la suya. Pero no lo hace.

Y ese pequeño gesto dice muchísimo sobre su transformación. El tipo que empezó utilizando a los chicos para cumplir su sueño termina subiéndose al escenario para tocar la canción de uno de ellos.

También me gusta que la película no transforme a Dewey en un adulto completamente distinto. Sigue siendo exagerado, inmaduro, caótico y bastante irresponsable. Escuela de Rock no necesita domesticarlo para demostrar que aprendió algo.

Porque hacerlo sería contradictorio con todo lo que está diciendo. Lo que cambia es dónde pone esa energía, al comienzo quiere que lo miren. Después empieza a disfrutar viendo cómo los chicos descubren que también merecen ser mirados.

Y el final lo confirma.

Pierden la competencia. No ganan la Batalla de las Bandas. Pero ganan algo más importante: el escenario les devuelve quiénes son. Ese espectáculo cambia miradas. Cambia la de la rectora, que venía obsesionada con el orden y la disciplina. Cambia la de los padres, que estaban indignados porque un impostor había llevado a sus hijos a un mundo opuesto a lo que el colegio predica.

Y la rectora es especialmente interesante porque ella tampoco es exactamente aquello que aparenta.

Rosalie Mullins construyó una personalidad rígida porque siente que es la única manera de controlar el colegio. Necesita que los demás la respeten, necesita mantener el orden y prácticamente reprimió aquella parte suya que todavía puede entusiasmarse con una canción de Stevie Nicks.

Dewey hace con ella, de alguna manera, algo parecido a lo que hace con los chicos.

Le recuerda una versión de sí misma que había dejado escondida.

Por eso la rebeldía de Escuela de Rock tampoco consiste simplemente en romper reglas porque sí. La película no dice que estudiar esté mal o que cualquier forma de autoridad sea absurda. Lo que cuestiona es un sistema donde cumplir correctamente con todo puede terminar importando más que descubrir qué entusiasma realmente a una persona.

Y cuando finalmente los padres llegan a la Batalla de las Bandas están preparados para encontrarse con el desastre.

  • Un profesor falso.

  • Sus hijos engañándolos.

  • Meses de clases desperdiciadas.

Todo aquello debería confirmar que Dewey hizo algo imperdonable.

Y, sin embargo, cuando los ven tocar, cuando ven la seguridad, la alegría, la identidad que encontraron ahí arriba, algo se quiebra. Ya no están viendo desobediencia. Están viendo confianza. Están viendo chicos que por primera vez no repiten un mandato, sino que hacen algo propio.

Eso no convierte retrospectivamente en correcto todo lo que hizo Dewey. Les mintió, suplantó a otra persona y se llevó a un grupo de chicos sin autorización. La película sabe que la situación es completamente absurda.

Pero también entiende algo:

Que alguien haga las cosas de la manera equivocada no significa que todo aquello que despertó en los demás sea falso.

Y entonces pierden. Para mí era fundamental que perdieran.

Si Escuela de Rock terminara con ellos ganando la competencia, existiría una validación externa bastante convencional: Fueron diferentes, trabajaron duro y finalmente un jurado confirmó que eran los mejores.

Pero no son los mejores. Y no necesitan serlo.

Al final, no importa que hayan perdido el trofeo. Importa que tocaron como si fuera el concierto de sus vidas. Y en cierto modo lo fue.

Porque subieron siendo chicos que durante buena parte de la película necesitaban que alguien les dijera que tenían algo especial.

Y bajaron del escenario sabiéndolo ellos mismos. Ahí la frase de Dewey termina adquiriendo todo su sentido.

“Un buen espectáculo puede cambiar una vida.”

  • No porque te haga famoso.

  • No porque ganes.

  • Ni siquiera porque el público te aplauda.

Puede cambiarte porque durante unos minutos te permite experimentar una versión de vos mismo que quizás no sabías que existía.

Y una vez que la viste, es bastante difícil volver a fingir que no está ahí.

Por eso Escuela de Rock sigue funcionando tan bien más allá de la nostalgia. Jack Black es perfecto, las canciones funcionan y la película es tremendamente divertida, pero debajo de todo eso hay una idea bastante sincera sobre la educación, el arte y crecer.

A veces una persona no necesita que alguien le diga exactamente qué tiene que hacer. Necesita que alguien vea algo en ella que todavía no consiguió ver por sí misma.

Dewey llega a ese colegio mintiendo sobre quién es. Paradójicamente, termina ayudando a un grupo de chicos a dejar de mentir sobre quiénes quieren ser.

Y por eso el resultado de la competencia termina siendo lo menos importante.

Porque un buen espectáculo no te cambia por el premio.

Te cambia porque te muestra que podes ser vos… y que eso alcanza.

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