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Marty Supreme — La obsesión por ser alguien

rodrigosegade1000
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Se siente como una película sobre la obsesión por ser alguien en un mundo que no te garantiza absolutamente nada . No propone el típico ascenso hacia el éxito ni la épica tranquilizadora del tipo…

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Se siente como una película sobre la obsesión por ser alguien en un mundo que no te garantiza absolutamente nada. No propone el típico ascenso hacia el éxito ni la épica tranquilizadora del tipo que se esfuerza, sufre y finalmente recibe aquello que merece. Hay algo bastante más inquietante detrás: la necesidad de dejar una marca, de demostrar que uno estuvo acá, de existir con suficiente intensidad como para no pasar desapercibido.

Y ahí aparece la pregunta que atraviesa toda la película: ¿En qué momento ese deseo deja de empujarte hacia adelante y empieza a comerte por dentro?

Porque querer algo desesperadamente puede ser una virtud. Te obliga a moverte, a arriesgarte, a insistir cuando todo alrededor parece decirte que pares. Pero también existe un punto en el que la ambición deja de ser solamente una herramienta para conseguir algo y empieza a convertirse en la manera en la que medís tu propio valor.

Ya no querés triunfar.

Necesitás triunfar para sentir que sos alguien.

Y ahí Marty Supreme dialoga inevitablemente con Whiplash, aunque creo que lo hace desde un lugar diferente. Las dos están obsesionadas con personajes que no aceptan una vida ordinaria y están dispuestos a llevarse hasta el límite para escapar de ella. En ambos casos hay talento, sacrificio, arrogancia, cuerpo, repetición y una incapacidad enorme para conformarse.

Pero donde Whiplash construye esa obsesión alrededor de alcanzar algo extraordinario, Marty Supreme parece mucho más interesada en preguntarse qué ocurre cuando la búsqueda de lo extraordinario se convierte en una necesidad permanente.

Porque llegar tampoco necesariamente alcanza. Siempre puede existir alguien mejor.

  • Otro partido.

  • Otro objetivo.

  • Otra oportunidad de demostrarlo.

Y ahí la ambición empieza a parecerse muchísimo a una condena.

También por eso me gusta pensarla junto a Rocky. Hay algo parecido en esa necesidad de utilizar el cuerpo para demostrar algo que en realidad ocurre mucho más adentro. Entrenar, competir, levantarse, insistir. El movimiento permanente como prueba de que todavía seguís en carrera.

Pero Marty Supreme no tiene la épica tranquilizadora de Rocky. No parece decirte simplemente que lo importante es aguantar un golpe más.

Hace una pregunta bastante más incómoda:

¿Qué pasa si nunca aprendes a dejar de golpearte?

La película trabaja muchísimo con el cuerpo, el ritmo y la repetición. Todo parece empujar permanentemente hacia adelante, como si detenerse significara desaparecer. Y cuando construís toda tu identidad alrededor del rendimiento, inevitablemente aparece otro problema: el cuerpo tiene límites.

  • Puede cansarse.

  • Puede fallar.

  • Puede envejecer.

  • El contexto puede cambiar.

Entonces, ¿Qué queda?

¿Quién sos cuando ya no podés sostener el ritmo que utilizabas para demostrar quién eras?

Ahí creo que la película deja de hablar solamente de competencia. Porque esa necesidad de rendimiento puede aparecer en cualquier lado. En el deporte, en el trabajo, en el arte, incluso en la manera en la que uno construye su propia vida. Siempre existe otra versión de nosotros mismos un poco más exitosa, más reconocida, más completa, esperando adelante.

Y perseguirla puede ser maravilloso.

El problema aparece cuando empezamos a creer que la persona que somos ahora no vale nada hasta alcanzarla.

Por eso tampoco creo que Marty Supreme romantice completamente el deseo de grandeza. Entiende perfectamente qué tiene de seductor. Hay algo admirable en alguien que se niega a aceptar el lugar que aparentemente le corresponde y decide ir por algo más grande.

Pero también observa el costo.

  • El desgaste.

  • La soledad.

  • Las relaciones que empiezan a quedar detrás.

  • La incapacidad de disfrutar algo porque inmediatamente aparece el próximo objetivo.

Y quizás esa sea una de las contradicciones más interesantes de la ambición: podes pasar toda tu vida intentando llegar a algún lugar y descubrir que nunca aprendiste a estar donde estabas.

Sin necesidad de reducirla a ganar o perder, creo que ahí está lo que más me interesa de la película. En preguntarse qué se sacrifica durante el camino. Porque uno puede conseguir aquello que perseguía y, aun así, mirar alrededor y descubrir todo lo que tuvo que dejar atrás para llegar.

Y la película tampoco parece demasiado interesada en juzgarlo.

Observa.

No te dice que Marty debería conformarse. Tampoco que perseguir obsesivamente aquello que quiere sea necesariamente admirable. Te deja en ese lugar bastante más incómodo donde las dos cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo.

Quizás necesitas cierta obsesión para conseguir algo extraordinario. Y quizás esa misma obsesión sea exactamente aquello que puede destruirte.

Por eso Marty Supreme me parece una película sobre la ambición, sí, pero todavía más sobre la identidad. Sobre lo peligroso que puede resultar convertir aquello que hacemos en la única explicación de quiénes somos.

Porque si sos solamente aquello que conseguís, cada derrota empieza a sentirse como algo mucho peor que perder.

Empieza a sentirse como desaparecer.

Y ahí vuelve la pregunta inicial.

¿Cuánto hay de deseo genuino en querer llegar tan lejos y cuánto empieza a aparecer una necesidad de demostrar algo? ¿A los demás? ¿A uno mismo? ¿A alguien que quizás ni siquiera está mirando?

Marty Supreme es intensa, física, exigente y poco complaciente porque su personaje también lo es. Hay algo permanentemente empujando hacia adelante. Y creo que justamente por eso lo que más queda cuando termina no es una victoria, una derrota ni una idea sencilla sobre perseguir los sueños.

Queda una pregunta.

Una bastante difícil para cualquiera que alguna vez haya sentido que quedarse quieto equivalía a quedarse atrás:

¿hasta dónde vale la pena empujarse para convertirse en alguien sin terminar perdiendo a la persona que ya eras?

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