Everything You Always Wanted to Know About Sex es una película rarísima dentro de la filmografía de Woody Allen porque ni siquiera intenta construir una historia de principio a fin. Está formada por episodios completamente independientes, con otros personajes, otros escenarios y hasta otros géneros, unidos solamente por una misma idea:
Agarrar distintas preguntas alrededor del sexo y llevarlas hacia el absurdo.
Y viéndola hoy, su estructura inevitablemente me hizo pensar en Homo Argentum. No porque Woody Allen y Guillermo Francella estén haciendo el mismo tipo de película ni porque haya que plantear una influencia directa entre una y otra, sino por la forma: Una película compuesta por historias autónomas que utilizan personajes y situaciones diferentes para recorrer un mismo tema desde distintos lugares.
Eso que hoy podemos reconocer en Homo Argentum, Woody ya lo estaba utilizando en 1972.
Cada segmento de Everything You Always Wanted to Know About Sex podría existir prácticamente como un cortometraje separado. Lo que los mantiene juntos no es una trama ni personajes recurrentes, sino el concepto. Y esa libertad le permite a Woody cambiar completamente de registro cada veinte minutos: pasar de una parodia medieval a Gene Wilder enamorándose de una oveja, del cine europeo a un programa televisivo, y terminar literalmente dentro del cuerpo humano observando cómo funciona una relación sexual como si estuviéramos dentro de una enorme central de operaciones.
Pero lo más interesante para mí está en de dónde sale todo esto, porque la película tiene una relación bastante extraña con el material que supuestamente está adaptando.
El título viene del libro Everything You Always Wanted to Know About Sex (But Were Afraid to Ask) de David Reuben, un enorme éxito editorial de finales de los sesenta que intentaba responder distintas dudas sobre sexualidad desde un lugar divulgativo. Y Woody prácticamente hace lo contrario. No parece particularmente interesado en adaptar las respuestas de Reuben. Agarra sus preguntas y las utiliza como excusa para destruir cualquier posibilidad de responderlas seriamente.
Eso cambia bastante la manera de ver la película, porque más que una adaptación, parece una discusión.
Reuben quiere ordenar el sexo, clasificarlo, explicarlo. Woody Allen responde transformándolo en una colección de neurosis, vergüenzas, fantasías, fracasos y situaciones completamente ridículas.
Y ahí también entra algo personal. Según la anécdota que rodea a la película, Allen tenía cierto enojo con Reuben después de que este utilizara en televisión un chiste que Woody ya había usado anteriormente. Sea cual sea el peso real que tuvo aquello en la decisión de hacer la película, resulta muy divertido pensar que Woody terminó respondiéndole de una manera bastante particular: compró prácticamente el concepto de su libro para convertirlo en exactamente aquello que el libro no era.
Me gusta mucho esa idea.
No toma un manual sexual para hacer una película educativa.
Lo toma para burlarse de la posibilidad misma de que pueda existir un manual capaz de ordenar algo tan caótico como el deseo humano.
Y eso explica también por qué casi todos los episodios terminan de alguna forma atravesados por el fracaso. Nadie parece comprender demasiado bien qué está haciendo. Los personajes desean cosas que no pueden controlar, sienten vergüenza de aquello que desean o creen entender perfectamente la situación hasta que termina convirtiéndose en algo completamente absurdo.
El sexo no aparece como una materia que pueda dominarse estudiándola.
Aparece como otro lugar donde el ser humano demuestra lo poco que controla incluso aquello que cree conocer perfectamente.
Y Woody lleva esa idea hasta extremos completamente ridículos.
El segmento de Gene Wilder probablemente sea uno de los mejores ejemplos. Podría haber sido simplemente un chiste provocador sobre un hombre enamorándose de una oveja, pero la gracia está en que Wilder interpreta toda la situación con una seriedad absoluta. Cuanto más imposible es lo que está sucediendo, más parece estar protagonizando un drama romántico real.
Ahí aparece algo que Woody entendía muy bien en esa primera etapa de su carrera: el absurdo funciona mejor cuando los personajes no parecen saber que están dentro de un absurdo.
Lo mismo ocurre con el famoso segmento final, que para mí resume prácticamente toda la película.
Woody se pregunta qué ocurre durante la eyaculación y decide mostrarnos literalmente el interior del organismo como si fuera una enorme empresa. Hay operadores, técnicos, controles, órdenes, emergencias y espermatozoides esperando el momento de salir.
Es completamente ridículo.
Pero después de una película basada en un libro que pretende explicar científicamente diferentes aspectos del sexo, me parece casi la conclusión perfecta: cuando finalmente entramos dentro del cuerpo para descubrir cómo funciona todo, encontramos otra organización llena de tipos nerviosos intentando que nada salga mal.
Esa es probablemente la mejor respuesta que Woody podía darle al libro de Reuben.
¿Cómo funciona el sexo?
Más o menos.
Como podemos.
Y también por eso la estructura antológica le queda tan bien. Cada episodio puede atacar una inseguridad distinta y hacerlo mediante otro género. Woody no necesita encontrar una explicación que conecte todo porque justamente su mirada parece ser que no existe una explicación definitiva.
Ahora, esa misma estructura es también uno de los problemas de la película.
Al ser siete historias tan diferentes, inevitablemente algunas funcionan muchísimo mejor que otras. Hay momentos muy ingeniosos y otros donde el chiste se agota bastante antes de que termine el segmento. También hay humor y determinadas representaciones sexuales completamente ligados a principios de los setenta que, vistos hoy, envejecieron bastante más que otras cosas.
Me parece una película mucho más interesante por su libertad, sus ideas y su lugar dentro del primer Woody Allen que por la consistencia de todos sus sketches. No todos me hacen reír igual y no todos tienen la misma inventiva, pero constantemente existe la sensación de estar viendo a un director que todavía siente que puede probar absolutamente cualquier cosa.
Si quiere hacer una película medieval, la hace.
Si quiere que Gene Wilder se enamore de una oveja, también.
Si quiere parodiar el cine europeo, cambia completamente de registro.
Y si necesita terminar dentro de un pene observando a Woody Allen vestido de espermatozoide esperando ser lanzado hacia lo desconocido, tampoco parece preguntarse demasiado si debería hacerlo.
Lo hace.
Y hay algo muy propio de ese Woody temprano en esa libertad.
Todavía no está el director más melancólico de Annie Hall o Manhattan. Está el comediante dispuesto a convertir cualquier concepto intelectual en un gag y cualquier solemnidad en algo ridículo.
Por eso también me resulta interesante relacionarla con Homo Argentum. No para decir que una inventó aquello que después hizo la otra (el cine de episodios obviamente tiene una historia muchísimo más amplia), sino porque demuestra que esa estructura de utilizar múltiples pequeñas historias para radiografiar un único tema viene recorriendo el cine desde hace muchísimo tiempo.
Francella puede utilizar distintos personajes para mirar determinados comportamientos del argentino.
Woody utiliza distintos personajes para mirar el sexo.
Y en ambos casos la fragmentación permite exagerar, cambiar de tono y empezar de cero cada vez que aparece una nueva idea.
En Everything You Always Wanted to Know About Sex, además, esa estructura encaja especialmente bien porque el propio título promete responder muchas preguntas diferentes.
Solo que Woody hace trampa. No responde prácticamente ninguna.
Las convierte en películas.
Y quizás esa sea su verdadera respuesta: frente a un escritor que quería explicar el sexo, Woody Allen parece decir que probablemente sea mucho más divertido aceptar que, cuando se trata del deseo, todos sabemos bastante menos de lo que nos gustaría admitir.