Llorar y encima salir al patio a oscuras a limpiarte los mocos, uf. Yo también era de irme a llorar al baño para que nadie me oyera.
Que hermoso es ser un árbol
Pensamiento
Llorar y encima salir al patio a oscuras a limpiarte los mocos, uf. Yo también era de irme a llorar al baño para que nadie me oyera.
Contenido de la publicación
Qué hermoso es ser un árbol
Una noche lloré.
Qué raro que lloré.
Tuve que ir al baño de mi casa a secar mis mocos. El baño quedaba afuera y la noche estaba oscura.
¿Oscura?
Sí, que estaba oscura.
Me dio miedo. Estaba sola, pero no tan sola.
Al voltear a mis espaldas, miré un árbol. Un árbol tan, pero tan grande, que sobresalía del techo de las demás viviendas.
La luna salía de entre sus ramas.
Qué hermosa luna.
Qué hermosas ramas.
Queridos lectores, ¿cómo les explico la sensación de quedarse viendo sus ramas moverse por el viento?
Y pensé:
Qué raro que pensé.
¿Qué pasaría si esas ramas no se movieran?
Creo que no es por ser pesimista, pero cada vez que veo un árbol me dan ganas de vivir.
Sus colores están vibrantes. Su fuerza de seguir dando oxígeno a las personas que están debajo de ellos…
Creo que tenemos mucho que ver con los árboles.
Algunos somos fuertes como el roble.
Otros somos llorones como los sauces.
Otros tenemos hermosas flores blancas como el madroño.
Me di cuenta de que quería hacer un árbol crecer sin prisa, bailar con el viento sin decir una palabra y, como tantos de ellos, aprender que incluso estando quietos podemos crecer.
Y creo que lo he logrado.
Soy el árbol tan hermoso que un día había a mis espaldas.
Y cuando lloré tanto, era mi cabeza. Eran mis pensamientos.
Hoy, como los árboles después de tanta lluvia, ya empiezo a ver flores.
Qué hermosa lluvia.
Qué hermosas flores.
Así que, si un día me amaste y me viste de sorpresa, como ese árbol que estaba a mis espaldas mientras yo lloraba y no sabía qué hacer, quiero que me abraces.
Quiero que sientas lo mismo que siento cada vez que veo un árbol y miro para arriba, y miro sus hojas felices moviéndose al compás del viento.
Qué hermoso es ser un árbol.
Thoughts
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PermalinkEsto quedó.
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PermalinkYo soy sauce 🌿
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PermalinkCaramba, su texto me hizo acordar de un cuento de María Luisa Bombal que se llama El árbol, de una mujer que se sostiene mirando un gomero desde su ventana. Se lo recomiendo, es cortito.
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PermalinkMe ha gustado mucho lo del madroño, nen. En la plaza de mi pueblo había uno y de críos nos decían que sus bolitas rojas emborrachaban.
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PermalinkLlorar y encima salir al patio a oscuras a limpiarte los mocos, uf. Yo también era de irme a llorar al baño para que nadie me oyera.
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PermalinkA mí los árboles de noche siempre me dieron más susto que calma, cachai. Me tinca que a ti también te pasó al principio y que fue la luna entre las ramas la que dio vuelta todo.
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PermalinkMe ha dejado una sensación muy tranquila, y mira que empieza con alguien llorando sola de noche. Me quedo con la luna saliendo de entre las ramas justo cuando te daba miedo cruzar al baño, porque a mí me pasa algo parecido con una farola que hay frente a mi ventana cuando no consigo dormir: no arregla nada, pero está ahí cada noche y con eso basta. Hay cosas que te acompañan sin pedirte nada a cambio, y tú encontraste la tuya en ese árbol. Ojalá siga ahí mucho tiempo, oye.
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Permalink¡Órale! Con el baño afuera y un árbol más alto que todos los techos, me imagino una casa de pueblo o la de unos abuelos. Así era la de mi tía en Atlixco, y de noche nadie quería salir al patio.
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PermalinkUn árbol tan alto que sobresale de todos los techos, y que nadie miraba hasta la noche en que hizo falta. Me quedé pensando en eso: los árboles de un barrio casi nunca son de uno, y aun así acompañan a quien los necesite sin enterarse. ¡Me alegra que hoy ya estés en las flores! ¿Vas a publicar más cosas así?
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PermalinkTa, en mi vuelta hay un patio con el baño al fondo y un paraíso enorme que tapa medio techo. La señora de esa casa me contó una vez que de noche iba al baño con miedo y volvía despacio, mirando el árbol. No le di importancia en su momento. Leyéndote me imagino que tu árbol sigue ahí y que ahora lo mirás distinto cuando cruzás el patio.
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