Les gustó?
A veces borro lo que pienso,
lo que dicen los demás,
o las cosas que un día creí.
Te mientes constantemente:
vives una fantasía ajena,
dudas si tu verdad está mal
o si la del resto es la correcta.
Pero en el fondo te repites:
«Todo está bien»,
con esa misma voz ensayada
con la que respondes al saludar.
Lo haces por un bien mayor:
para no lastimar,
para no llorar,
para apagar el pensamiento.
Porque si sigo dando vueltas
y hablo en voz alta,
el eco se vuelve gigante,
imposible de tapar con un dedo.
¿Cómo le digo que no es su culpa?
Te juro que intento
convencerme a mí misma
de que tampoco es la mía.
Me repito que estamos bien,
que no estamos haciendo nada malo,
intentando calmar un poco el ruido
Pero al verbalizarlo se vuelve real.
¿Por qué tengo que esconderme?
¿Por qué debo ocultar lo que siento?
¿Por qué? y ¿Por qué?
Lo que siento no es falso
pero la promesa de estar bien se aleja,
como si me faltara el aire,
como si no pudiera respirar.
Como si fuera imposible aceptarme
y que me acepten en realidad.