Sehnsucht
Que dulce la vida,
aquella donde nos amamos,
donde reímos,
nos abrazamos,
nos queremos.
Que dulce esa vida,
color de rosas,
caminar juntos,
ver el cielo,
estar cerca y
después de tanto,
aceptar
todo aquello que
siempre supimos
y manteníamos
oculto.
Finalmente,
puedo ser tu héroe.
Cabalgar por las praderas,
vivir en la luna.
Ya convergimos.
No somos dos
sino un mismo sueño.
Puedo quererte
sin pedir permiso,
puedo amarte,
sin pedir perdón.
Juntos volamos,
y en las estrellas,
cada noche
nos volvemos a encontrar.
Alzo la cabeza,
recuerdos della
cubren mi mente,
execrable la mañana
donde mi lienzo
húbote perdido.
Tal mi estulticia,
por pensar que aquel
inexorable final
mi espada pudo alterar.
Maldito el momento
cuando en mi siniestra
no estás más.
Divísate,
reluciendo,
fulgurando,
cuando en paralelo,
mi persona
lúgubre,
se aparta de los demás.
Aquel desolado
joven
quiere solo una palabra
un resquicio.
Solo le queda
yerto,
vacuo,
permanecer.
La noche vuelve a caer,
y mía vuelves a ser.
Te pregunto,
porque cuando el sol
todavía no se oculta,
no me hablas.
Me respondes,
“tuya soy,
cuando los lobos
a sus astros persiguen”
No sé qué responder,
solo asentir,
y volver a amarte.
Te cuento mi día,
y volvemos a viajar,
a querernos,
ninguna duda
se posa sobre mí.
En esta dimensión
solo existimos, tú, yo
y nuestro amor,
nada más nos importa.
La única preocupación
es contar,
los segundos que nos quedan
hasta despedirnos
y volver
a desconocernos.
Otra vez
aquel mustio muchacho,
deambula
en la ambulacro,
desabrido.
Aquel, óyete hablar:
dicho canalla
¿Cómo osa a mi amor
engatusar?
La criatura
no sabe hacer más que
desolado,
buscar a Morfeo y
volver al eterno.
¿Qué pasa?
¿Por qué, desdichado,
intento de Orfeo,
volver al paraíso no puede?
De: Paco Zurdo