Hablando de amores y otros vicios tan duros como una borrachera, la cruda verdad es que el amor se ha convertido en un concepto burdo que, con los años, se ha marchitado, por no decir desvanecido. Entonces se anhela como una fantasía o algo difícil de obtener, al menos de la manera tradicional, pues en la actualidad pocos saben lo que es verdaderamente el amor, porque muchas veces se confunde con cariño, costumbre o apego.
Al mirar las parejas de ahora, si bien hay unos romances bonitos, hay otros que no se entiende por qué están juntos. Las relaciones cada vez son más complicadas, tóxicas y nadie tiene paciencia; pareciera que se juntan por ocio o dependencia emocional, pero no duran lo suficiente para saber si vale la pena.
El amor, como era antes, está en peligro de extinción, esos que duran años, que son detallistas, empáticos y a prueba de bala, ese sentimiento que hace que, por más molesta, distanciada y ocupada que esté la persona, se siga queriendo. Se lucha por la relación, pero no como ahora que, ante cualquier señal de pelea, disgusto, distancia u otras cosas, se separan y a los días o meses simplemente están con otra persona.
Los tiempos cambian y con ello el amor, pues cada vez hay menos amores fieles, ya que las personas son cada vez más de mente abierta, tienen otros pensamientos, educación y a la primera señal de libertinaje, coqueteo se olvida el supuesto amor que se tiene. Por ello, es triste que el amor sea tan frágil en esta época, ese que nos confunde y a la vez nos da tanta alegría.
