¿Qué necesidad de prometerme todo?
Esa necesidad de querer traerme la Luna y cada una de sus estrellas a su alrededor, sabiendo que realmente nunca lo va a hacer.
Siempre vuelve.
Y siempre vuelve con una promesa nueva.
Y yo, como siempre, vuelvo a caer.
Vuelvo a creerle.
Y no porque realmente le crea. Porque una parte de mí sabe que no es cierto, que me va a volver a fallar y decepcionar como todas las veces anteriores.
Pero él es él.
El que realmente está en mi corazón.
El que ocupa casi todo el espacio.
Y todo eso cuenta más que sus mentiras.
Prefiero tener fe en que esta vez sí será.
No mientas.
No me mientas diciéndome que esta vez sí querés estar conmigo, que es lo único que querés.
Porque no es verdad.
Si realmente lo fuera, no me tratarías así.
No me despreciarías.
No me ignorarías.
Y mucho menos tu corazón estaría lleno de desinterés por mí.
¿Por qué la única persona que quiero es la única que siento que, en el fondo, me tiene rencor y me detesta por cómo me trata?