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Priscilla — Crecer dentro de la vida de otro

rodrigosegade1000
Pensamiento

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VictorAmaya

Irse de Graceland también es quedarse sin la gente de esa casa, que era la única que tenía. Eso pesa tanto como dejar a Elvis, ya pues.

Irse de Graceland también es quedarse sin la gente de esa casa, que era la única que tenía. Eso pesa tanto como dejar a Elvis, ya pues.

Contenido de la publicación

Priscilla es una película muy fiel al cine de Sofia Coppola: Silenciosa, íntima y mucho más interesada en observar emociones que en contar grandes acontecimientos. Aunque Elvis Presley está presente durante prácticamente toda la historia, Coppola toma una decisión fundamental: esta no es una película sobre Elvis. Es sobre Priscilla y sobre lo que significa crecer dentro de una relación que, lentamente, empieza a ocupar todo el espacio de tu identidad.

La película comienza casi como un cuento. Priscilla es apenas una adolescente cuando conoce probablemente al hombre más famoso del mundo. Desde su mirada, Elvis parece pertenecer a otra realidad: fama, autos, ropa, hoteles, fiestas, Graceland. Todo tiene algo fascinante, casi imposible. Es exactamente la clase de historia que, contada desde afuera, podría convertirse fácilmente en un gran romance.

Pero Coppola filma ese cuento desde adentro. Y desde adentro empieza a sentirse bastante diferente.

Porque detrás del glamour aparece uno de los temas centrales de la película: el control. Elvis no necesita ser presentado como un monstruo para que entendamos la desigualdad de la relación. El control aparece en cosas aparentemente pequeñas. Decide qué ropa le queda bien, cómo debería maquillarse, cómo quiere que lleve el pelo, cuándo puede acompañarlo, cuándo debe quedarse en casa. Incluso la imagen de Priscilla empieza a ser diseñada por él.

Y ahí hay algo bastante fuerte: mientras Elvis ya es Elvis Presley, Priscilla todavía está descubriendo quién es Priscilla.

Ese desequilibrio atraviesa toda la película.

Ella entra a Graceland siendo prácticamente una adolescente y empieza a crecer dentro de un mundo que ya estaba construido antes de su llegada. La casa es enorme, hay dinero, empleados, regalos y todo aquello que desde afuera podría representar haber llegado al lugar soñado. Pero Coppola consigue que muchas veces ese lugar se sienta como una especie de jaula extremadamente hermosa.

Priscilla tiene todo y, al mismo tiempo, parece no tener demasiado que hacer. Espera.

  • Espera que Elvis vuelva.

  • Espera que la llame.

  • Espera poder acompañarlo.

  • Espera noticias mientras él está filmando, viajando o relacionándose con otras mujeres.

Y me parece muy interesante que Coppola convierta justamente la espera en una parte central de la película. Porque mientras Elvis está viviendo una vida gigantesca, Priscilla permanece suspendida dentro de la suya.

Por eso los silencios y las habitaciones importan tanto. Hay espacios enormes donde ella parece diminuta. Dormitorios, pasillos, salones perfectamente decorados donde muchas veces no ocurre absolutamente nada. Coppola utiliza esa quietud para mostrar algo que sería muy fácil perder si la película estuviera concentrada en el espectáculo de Elvis: la soledad de estar al lado de alguien que ocupa todo el lugar incluso cuando no está presente.

Y ahí empieza el verdadero crecimiento de Priscilla.

Al principio acepta ese mundo porque también forma parte de la fascinación. Quiere pertenecer. Quiere ser elegida. Hay algo tremendamente humano en eso: cuando uno admira demasiado a alguien, puede empezar a modificar pequeñas partes de sí mismo para acercarse a aquello que cree que esa persona espera.

El problema aparece cuando esas pequeñas concesiones empiezan a acumularse.

  • Primero una ropa.

  • Después el maquillaje.

  • Después el pelo.

  • Después cómo comportarse.

  • Después qué aceptar.

Y casi sin darte cuenta, la pregunta deja de ser “¿qué quiero yo?” para convertirse en “¿qué necesita el otro de mí?”.

Eso es lo que me parece más interesante de Priscilla. No plantea la pérdida de identidad como un momento dramático en el que alguien decide dejar de ser quien era. La muestra como algo progresivo. Uno puede ir desapareciendo de su propia vida de a poco.

También por eso Coppola evita convertir a Elvis en una caricatura. Hay momentos de cariño real entre ellos. Hay complicidad, deseo y una conexión que explica por qué Priscilla permanece ahí. Y justamente eso hace que la relación sea más incómoda. Si Elvis fuera simplemente un villano, todo sería demasiado fácil de interpretar.

El problema es que alguien puede quererte y, al mismo tiempo, construir una relación en la que cada vez quede menos espacio para vos.

Y me parece que la película entiende perfectamente esa contradicción.

Incluso visualmente hay algo muy Sofia Coppola en esa idea. Todo es precioso: la ropa, los autos, Graceland, los colores, los objetos. Pero cuanto más perfecta parece la superficie, más evidente se vuelve el vacío que existe debajo. Es algo que también aparecía en Lost in Translation: personajes rodeados de lugares extraordinarios que, sin embargo, se sienten completamente solos.

Acá la diferencia es que Priscilla no solamente está sola.

Está creciendo. Y eso cambia todo.

Porque llega un momento en el que empieza a existir una distancia entre la chica que entró fascinada a ese mundo y la mujer en la que se está convirtiendo. Empieza a entender que querer a Elvis no necesariamente significa querer seguir viviendo dentro de la vida que él diseñó para ella.

Por eso para mí el momento verdaderamente importante de la película no es cuando conoce a Elvis ni cuando se casa con él. Es cuando decide irse.

Porque ahí ocurre algo mucho más grande que una separación. Priscilla elige por primera vez una vida cuyo protagonista no sea Elvis Presley.

Y Coppola tampoco necesita convertirlo en una escena gigantesca de liberación. No hay un gran discurso explicando todo lo aprendido. La decisión tiene algo mucho más íntimo. Después de pasar prácticamente toda la película viendo cómo otros definían quién debía ser, alcanza con verla tomar una decisión propia.

Por eso el final funciona tan bien.

Priscilla se va de Graceland mientras suena “I Will Always Love You”, y la elección es perfecta porque evita una lectura demasiado sencilla de la ruptura. Irse no significa que nunca amaste a alguien. Tampoco significa borrar lo vivido. A veces significa entender que amar a una persona y poder construir una vida con ella son dos cosas diferentes.

Y quizá ahí esté todo Priscilla.

No es realmente una película sobre enamorarse de una celebridad. Es una película sobre identidad.

Sobre entrar muy joven en el mundo de otra persona, adaptarte tanto a él que por momentos dejás de saber dónde termina esa persona y dónde empezás vos, y finalmente descubrir que crecer también implica recuperar ese espacio.

Porque a veces para descubrir quién sos no alcanza con encontrar tu lugar dentro de la vida de alguien.

A veces tenés que animarte a salir de ella.

Thoughts

  • brechaCambiaria

    Mirá, lo de recuperar su espacio lo firmo hasta la salida. Después fue ella la que abrió Graceland al público en el 82 y manejó el negocio de Elvis durante décadas. Se fue de la casa y se quedó con la marca.

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  • dosmilenpesos

    ¡Erda, hasta el pelo!

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  • VictorAmaya

    Irse de Graceland también es quedarse sin la gente de esa casa, que era la única que tenía. Eso pesa tanto como dejar a Elvis, ya pues.

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  • acta_no_leyenda

    Dato útil: la película sale de las memorias de la propia Priscilla, Elvis and Me, de 1985, y ella figura como productora ejecutiva. La mirada desde adentro que describes tiene fuente con nombre y apellido, con lo que eso trae de verdad y de recorte. Más bien explica por qué Elvis nunca termina de ser villano.

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  • Ovid

    Que al final suene I Will Always Love You tiene un doble fondo precioso: Dolly Parton la escribió para despedirse de Porter Wagoner, su mentor, cuando decidió seguir sola. Otra mujer saliendo de la sombra de alguien a quien quería. Me hace pensar que las despedidas que duran son las que se hacen queriendo todavía.

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  • cvillar213

    Lo de que Elvis no necesita ser un monstruo lo compro a medias. Ella tenía catorce años y él veinticuatro cuando se conocieron, y con diecisiete los padres aceptaron que se mudara a Memphis. Que haya cariño real no borra eso. Xe, ahí las fechas dicen más que cualquier escena bonita de Graceland, créeme.

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