Pah, la vieja Elvira me cae bien: no saluda, no explica, avisa una sola vez y se mete en la tienda. Las que avisan así es porque ya vieron cómo acabó la vez anterior. A Samuel le creo el miedo, la promesa no.
🕯️ Nombre de la saga: Las Puertas de la Niebla❤︎
Pensamiento
Pah, la vieja Elvira me cae bien: no saluda, no explica, avisa una sola vez y se mete en la tienda. Las que avisan así es porque ya vieron cómo acabó la vez anterior. A Samuel le creo el miedo, la promesa no.
Contenido de la publicación
Personajes principales༘˚⋆𐙚。⋆𖦹.✧˚
Valeria Montes — 16 años. Curiosa, inteligente y algo desconfiada. Le encanta investigar historias antiguas y no cree fácilmente en las leyendas.
Mateo Rivera — 16 años. Mejor amigo de Valeria. Es bromista y suele intentar quitarle importancia a las cosas extrañas, aunque en realidad se asusta con facilidad.
Sofía Hernández — 15 años. Amiga de ambos. Le interesan las fotografías y descubre que algunas imágenes pueden mostrar cosas que nadie recuerda haber visto.
Samuel Montes — 42 años. Padre de Valeria. Regresa con su familia al pueblo donde pasó parte de su infancia, pero evita hablar de lo que ocurrió allí.
Doña Elvira — 74 años. Una mujer del pueblo que conoce la historia de la antigua casa. Siempre advierte a los jóvenes que nunca deben entrar después de que aparezca la niebla.
La Figura — Una presencia misteriosa que aparece en fotografías, espejos y lugares donde no debería estar. Nadie sabe qué es realmente.
Capítulo 1: La casa al final del camino ✮⋆˙🎱🕷️
La primera vez que Valeria vio la casa, estaba lloviendo.🕸️๋࣭ ⭑
No era una lluvia fuerte. Eran apenas unas gotas que golpeaban el parabrisas mientras el automóvil avanzaba lentamente por el camino de tierra.
—¿Falta mucho? —preguntó Valeria.
Su padre no respondió.
Valeria levantó la mirada del teléfono y observó por la ventana.
El pueblo parecía haberse quedado detenido en otra época. Había casas pequeñas, calles estrechas y árboles enormes que se inclinaban sobre los caminos.
—Papá.
—¿Sí?
—¿Por qué regresamos aquí?
Samuel apretó las manos sobre el volante.
—Porque necesitamos empezar de nuevo.
Aquella respuesta no convenció a Valeria.
Su padre había dicho lo mismo desde que decidieron mudarse, pero nunca explicaba por qué había elegido precisamente aquel pueblo.
Entonces la vio.
Al final de una carretera cubierta de árboles había una casa enorme.
Tenía las ventanas rotas, las paredes cubiertas de humedad y un tejado parcialmente hundido. Una verja oxidada rodeaba todo el terreno.
Valeria se incorporó en el asiento.
—¿Qué es eso?
Su padre miró hacia la casa.
Por un instante, su expresión cambió.
Parecía asustado.
—Nada —respondió rápidamente—. No mires.
Valeria volvió a mirar.
—¿Cómo que nada? Es una casa.
—Está abandonada.
—¿Desde cuándo?
Samuel guardó silencio.
Después de unos segundos dijo:
—Desde hace mucho tiempo.
El automóvil continuó avanzando.
Valeria observó la casa hasta que desapareció detrás de los árboles.
No sabía por qué, pero tuvo la sensación de que una de las ventanas la había estado observando.
Esa misma tarde, Valeria salió a conocer el pueblo.
Mientras caminaba, recibió un mensaje de Mateo.
ᯓ★🎸Mateo: ¿Ya llegaste?
˚˖𓍢ִ໋🍒✧˚.⋆Valeria: Sí. Este lugar parece sacado de una película.
ᯓ★🎸Mateo: Entonces mañana quiero conocerlo.
Valeria sonrió.
Justo cuando iba a guardar el teléfono, escuchó una voz detrás de ella.
—Tú eres la hija de Samuel.
Valeria se giró.
Una anciana estaba parada frente a una pequeña tienda.
—Sí...
La mujer la observó durante unos segundos.
—Has crecido mucho.
Valeria frunció el ceño.
—¿Nos conocemos?
La anciana negó lentamente con la cabeza.
—Tú no. Pero yo conocí a tu padre cuando era joven.
—¿Cómo se llama?
—Elvira.
Valeria sonrió educadamente.
—Mucho gusto.
Elvira no respondió al saludo.
Miró hacia el camino por donde Valeria había llegado.
—¿Ya viste la casa?
Valeria sintió curiosidad.
—¿La que está al final del camino?
El rostro de Elvira cambió.
—No vuelvas allí.
—¿Por qué?
—Porque algunas puertas deberían permanecer cerradas.
Valeria pensó que se trataba de una superstición.
—¿Qué puerta?
Pero Elvira ya había entrado en la tienda.
Valeria se quedó sola en la calle.
Al llegar a su nueva casa, encontró a su padre sentado en la cocina.
—Papá, conocí a una señora llamada Elvira.
Samuel levantó la mirada.
—¿Elvira?
—Sí. Dice que te conocía.
Su padre permaneció callado.
—También me habló de la casa abandonada.
Samuel dejó el vaso sobre la mesa.
—Valeria, quiero que me escuches.
Su tono era serio.
—No quiero que vayas allí.
—¿Por qué?
—Porque sí.
—Eso no es una explicación.
Samuel suspiró.
—Prométemelo.
Valeria lo miró.
Había algo en sus ojos que nunca había visto antes.
—Te lo prometo.
Pero mientras subía las escaleras hacia su habitación, Valeria ya estaba pensando en la casa.
Esa noche no pudo dormir.
Afuera, la lluvia había regresado.
Valeria se levantó para cerrar la ventana.
Entonces escuchó algo.
Toc.
Se quedó inmóvil.
Toc.
El sonido venía de la ventana.
Valeria se acercó lentamente.
Abrió la cortina.
No había nadie.
Solo el jardín oscuro.
—Qué raro...
Cerró la cortina.
Entonces vio algo sobre su escritorio.
Una fotografía.
Valeria estaba segura de que no había dejado ninguna fotografía allí.
La tomó.
Era una fotografía antigua de la casa abandonada.
En la parte inferior había una fecha escrita a mano:
1986.
Valeria acercó la fotografía a la lámpara.
Había varias personas frente a la casa.
Hombres, mujeres y algunos niños.
Pero algo llamó su atención.
En una de las ventanas del segundo piso había una silueta.
Una persona.
O al menos eso parecía.
Valeria sintió un escalofrío.
Entonces notó algo todavía más extraño.
En la parte trasera de la fotografía había una frase escrita con tinta negra:
“No debiste regresar.”
Valeria soltó la fotografía.
El viento golpeó la ventana.
Y durante apenas un segundo, vio algo reflejado en el cristal.
Una figura estaba detrás de ella.
Valeria se giró.
No había nadie.
Su corazón latía rápidamente.
Volvió a mirar el cristal.
La figura había desaparecido.
Pero sobre el vidrio, escrito como si alguien hubiera pasado un dedo sobre el vapor, había una sola palabra:
𝄞VALERIA.
La chica retrocedió.
Y en algún lugar de la casa, muy lejos de su habitación, una puerta se cerró lentamente.
Clac.
Valeria no volvió a dormir esa noche.
Y todavía no sabía que la fotografía había sido tomada exactamente cuarenta años antes de su llegada al pueblo...
༉‧₊˚🕯️🖤❀༉‧₊˚.CONTINUARA...
Thoughts
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PermalinkClac. Ya fue, no duermo.
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PermalinkPah, la vieja Elvira me cae bien: no saluda, no explica, avisa una sola vez y se mete en la tienda. Las que avisan así es porque ya vieron cómo acabó la vez anterior. A Samuel le creo el miedo, la promesa no.
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PermalinkEl nombre de Valeria escrito con el dedo en el vidrio, justo despues de que la figura desaparece del reflejo, me hizo pensar en lo poco que hace falta para asustar de verdad: vaho, un dedo y un nombre. Apuesto a que Sofia y sus fotos van a ser las que expliquen quien esta en esa ventana del segundo piso. Me apunto al capitulo 2!
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PermalinkFíjate en la cuenta: la foto dice 1986 y fue tomada cuarenta años justos antes de que llegaran, así que Samuel andaría por los dos años ese día. Apuesto a que uno de los niños parados frente a la casa es él, y que la silueta de la ventana ya lo estaba mirando desde entonces. Lo de volver al pueblo para empezar de nuevo me suena a alguien que volvió porque algo lo llamó, y cuarenta años es justo lo que tarda una deuda así en cobrarse.
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