𝕮𝖆𝖕𝖎𝖙𝖚𝖑𝖔 𝟏𝟓: 𝕺𝖘𝖈𝖚𝖗𝖎𝖉𝖆𝖉 𝖊𝖙𝖊𝖗𝖓𝖆.
En el capítulo anterior...
Vinder encontró a un hombre cuya presencia no parecía normal.
Y decidió seguirlo.
Una pésima decisión.
Aunque supongo que eso era de esperarse.
...
Sentí algo extraño cuando mi mano tocó su hombro.
Por un instante...
El hombre se quedó completamente quieto.
No dijo nada.
No se movió.
Entonces, una pequeña luz apareció alrededor de su cuerpo.
—¿Qué...?
Su silueta comenzó a desvanecerse.
Intenté agarrarlo nuevamente, pero mis dedos solo atravesaron el lugar donde había estado.
Y desapareció.
—¡Vinder!
Escuché la voz de Akari detrás de mí.
Ella y Yujun finalmente habían logrado alcanzarme.
—¿Qué intentabas hacer? —preguntó Akari.
—Yo...
Miré hacia el lugar donde había desaparecido.
—Lo toqué y... desapareció.
Yujun miró alrededor.
—¿Desapareció?
—Sí.
Akari frunció el ceño.
—Eso no es normal.
Su mirada recorrió la multitud.
—Si puede desaparecer de esa manera, podría ser una amenaza.
—Entonces debemos encontrarlo —dije.
Akari asintió.
—Busquemos entre la multitud.
...
Los tres comenzamos a caminar entre los mercaderes.
Había demasiadas personas.
Algunos caminaban rápidamente.
Otros conversaban.
Los vendedores gritaban sus precios.
Era difícil distinguir a alguien entre tanta gente.
Hasta que...
Akari se detuvo.
Al otro lado de la calle había un hombre entre la multitud.
Su mirada estaba perdida entre los mercaderes, como si simplemente estuviera esperando a alguien.
Hasta que levantó el rostro.
Sus ojos se encontraron con los de Akari.
...
Por un instante, Akari olvidó dónde estaba.
Aquellos ojos...
Eran hermosos.
Parecían un mar tranquilo y cristalino bajo la luz del sol.
Profundos.
Limpios.
Casi imposibles de apartar de ellos la mirada.
Pero Akari conocía esos ojos.
Los había visto antes.
Y aunque fueran tan hermosos como el mar...
Ella sabía perfectamente lo que escondían.
Su expresión cambió.
Sus dedos se cerraron con fuerza alrededor de la empuñadura de su espada.
—No...
Vinder la miró confundida.
—¿Qué ocurre?
Akari no respondió.
El hombre seguía observándola.
Entonces...
Una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
Akari finalmente lo reconoció.
—Tú...
Su voz salió casi como un susurro.
—Esos ojos...
Levantó lentamente su espada.
—¡MIN!
Min apenas tuvo tiempo de reaccionar.
Akari lanzó un corte directo hacia él.
Min inclinó el cuerpo hacia atrás.
La espada pasó frente a su rostro.
Sin embargo...
La punta alcanzó a rozar su mejilla.
Una pequeña línea de sangre apareció sobre su piel.
Min llevó dos dedos hasta la herida.
Miró la sangre.
Después sonrió.
—Vaya.
Akari volvió a levantar la espada.
—¡No escaparás esta vez!
Min dio un paso atrás.
Y salió corriendo.
—¡Akari! —grité.
Pero ella ya iba detrás de él.
—¡Síganme!
Yujun suspiró.
—Otra vez corriendo detrás de alguien...
Los dos corrimos tras ella.
...
Min dobló una esquina.
Akari aceleró.
—¡DETENTE!
Min no respondió.
Entró en un callejón.
Akari entró detrás de él.
—¡Te tengo!
Min se detuvo.
Vinder y Yujun llegaron unos segundos después.
Los tres lo rodearon.
Akari levantó su espada.
—No tienes salida.
Min miró a los tres.
Luego...
Sonrió.
—¿Están seguros?
Un ruido extraño se escuchó detrás de ellos.
Clac.
Vinder volteó.
Un maniquí estaba parado al fondo del callejón.
Su cabeza se movió lentamente.
Clac.
Otro apareció detrás.
Luego otro.
Y otro.
—¿Qué...?
Uno de los maniquíes corrió hacia nosotros.
Akari reaccionó rápidamente.
—¡Atrás!
Levantó su espada.
El maniquí lanzó un golpe directo hacia ella.
Akari bloqueó el ataque.
El impacto hizo que sus pies se deslizaran varios centímetros sobre el suelo.
—¡Es fuerte!
El maniquí volvió a atacar.
Akari giró sobre sí misma y cortó su brazo.
La extremidad cayó al suelo.
Pero el maniquí no se detuvo.
Continuó avanzando con un solo brazo.
—¡¿Qué clase de cosa es esta?!
Yujun se lanzó contra otro.
Golpeó al maniquí con fuerza.
El cuerpo salió disparado contra una pared.
—¡Uno menos!
El maniquí cayó.
Yujun sonrió.
Pero...
Los dedos del maniquí comenzaron a moverse.
—...
Yujun dejó de sonreír.
—Eso no es bueno.
El maniquí volvió a levantarse.
Vinder retrocedió.
—¡No se quedan quietos!
Uno de ellos se lanzó hacia mí.
Levanté la mano.
Recordé lo que Yoshiro me había enseñado.
El listón.
La magia.
La resistencia.
Intenté concentrarme.
Una pequeña ráfaga de viento salió de mi mano.
El maniquí salió ligeramente despedido hacia atrás.
—¡Funcionó!
Pero antes de poder celebrar...
Otro maniquí apareció frente a mí.
—¡Vinder!
Akari corrió hacia mí.
Su espada chocó contra el cuerpo del maniquí.
CLANG.
El impacto resonó por todo el callejón.
Akari apretó los dientes.
—¡Aléjate de ella!
Giró la espada y golpeó nuevamente.
Esta vez consiguió derribarlo.
Yujun luchaba contra dos al mismo tiempo.
Uno intentó golpearlo desde la derecha.
Yujun se agachó.
El golpe pasó sobre su cabeza.
—¡Fallaste!
Golpeó al maniquí en el abdomen.
Después recibió otro golpe por la espalda.
—¡AU!
Cayó de rodillas.
—¡Eso fue trampa!
Akari no pudo evitar mirarlo.
—¡Deja de quejarte y levántate!
—¡Estoy intentando!
Otro maniquí se abalanzó sobre ellos.
Akari bloqueó.
Yujun esquivó.
Vinder lanzó otra ráfaga.
El callejón comenzó a llenarse de polvo y pedazos de madera.
Pero los maniquíes seguían apareciendo.
Uno.
Dos.
Tres.
Cada vez más.
Vinder comenzó a respirar con dificultad.
—¿Cuántos hay?
—No lo sé —respondió Akari.
Su respiración también estaba agitada.
—Pero cada vez son más.
Yujun miró hacia Min.
Él seguía exactamente en el mismo lugar.
Observándolos.
Sin atacar.
Sin siquiera moverse.
—¡¿Por qué no hace nada?! —gritó Yujun.
Min simplemente sonrió.
Otro maniquí atacó.
Akari lo bloqueó.
El impacto hizo temblar sus brazos.
—¡Ghh...!
La fuerza del golpe la obligó a retroceder.
Vinder intentó ayudarla.
Una ráfaga de viento golpeó al maniquí.
Yujun aprovechó el momento.
Golpeó al enemigo con todas sus fuerzas.
El maniquí cayó.
Los tres respiraron.
Por un segundo...
Hubo silencio.
Min observó la escena.
Luego metió la mano en su bolsillo.
Sacó un pequeño dado.
Akari lo vio.
—¿Qué es eso?
Min lo sostuvo entre sus dedos.
—Me parece que ustedes disfrutan mucho las aventuras.
Vinder frunció el ceño.
—¿Qué estás planeando?
Min sonrió.
—Una nueva.
Lanzó el dado.
El pequeño objeto cayó al suelo.
Tac.
Rodó.
Tac.
Giró una vez más.
Tac.
Se detuvo.
Seis.
Los tres sintieron algo extraño.
El suelo comenzó a desaparecer.
—¡¿Qué está pasando?! —gritó Vinder.
El dado comenzó a crecer.
Primero fue del tamaño de una mano.
Luego de una cabeza.
Después...
Mucho más grande.
Las paredes comenzaron a cerrarse alrededor de ellos.
Akari golpeó una de ellas con su espada.
—¡No puedo cortarlo!
Yujun intentó empujarla.
Nada.
Vinder miró a Min.
—¡¿Qué nos estás haciendo?!
Min sonrió.
—Ya que les encantan las aventuras...
El dado terminó de encerrarlos.
—Les daré una que jamás olvidarán.
Una luz comenzó a cubrirlos.
—Bienvenidos...
Min levantó ligeramente la mano.
—Al tercer lugar de la locura.
Todo desapareció.
...
Min quedó solo en el callejón.
Miró el lugar donde había estado el dado.
—Diviértanse.
...
Mientras tanto...
Los tres aparecieron en un lugar desconocido.
Vinder cayó al suelo.
—¡Agh!
Yujun miró a su alrededor.
—¿Dónde estamos?
Akari no respondió.
Se encontraba completamente inmóvil.
Observaba el lugar.
El cielo.
Los árboles.
El suelo.
Todo era diferente.
El aire se sentía extraño.
Demasiado silencioso.
Entonces...
Una pequeña flor llamó su atención.
Una rosa.
Pero no era roja.
Ni blanca.
Ni azul.
Era completamente negra.
Akari abrió lentamente los ojos.
Su rostro perdió el color.
—...
Vinder se acercó.
—¿Qué ocurre?
Akari no respondió inmediatamente.
Miró la rosa.
Luego miró alrededor.
—No...
Yujun se acercó.
—¿Qué pasa?
Akari apretó con fuerza la empuñadura de su espada.
Por primera vez...
Su voz tembló.
—Esa rosa...
Vinder la miró confundida.
—¿Qué tiene?
Akari tragó saliva.
—Solo crece aquí.
Hubo un silencio.
Entonces Akari levantó lentamente la mirada.
—Estamos...
En el Lugar Sonoro Número Tres.
...
𝕱𝖎𝖓 𝖉𝖊 𝖑𝖆 𝕻𝖗𝖎𝖒𝖊𝖗𝖆 𝕿𝖊𝖒𝖕𝖔𝖗𝖆𝖉𝖆.