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Donde descansan las almas.

KIONOWO
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En el capítulo anterior, Vinder y Akari fueron de visita a Lin y pasaron una agradable tarde juntas. Pero algo acecha en la oscuridad, y sus intenciones siguen siendo un misterio.

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𝕮𝖆𝖕𝖎𝖙𝖚𝖑𝖔 𝟏𝟎: 𝖀𝖓𝖆 𝖇𝖔𝖒𝖇𝖆 𝖆 𝖕𝖚𝖓𝖙𝖔 𝖉𝖊 𝖊𝖘𝖙𝖆𝖑𝖑𝖆𝖗

En el capítulo anterior, Vinder y Akari fueron de visita a Lin y pasaron una agradable tarde juntas. Pero algo acecha en la oscuridad, y sus intenciones siguen siendo un misterio.

Esta vez sí sé quién es.

La creadora ya me lo contó.

Pero no soy una narradora que anda soltando spoilers por ahí.

Ahora mismo, Vinder está cansada y profundamente dormida.

Y como soy bastante chismosa...

Vamos a ver qué está soñando.

Vamos.

Una pequeña niña de cabello verde estaba sentada en una banca.

Sus piernas se balanceaban en el aire.

Frente a ella había una mujer con una maleta.

—¿Mamá?

—¿Sí?

—¿Cuándo vas a volver?

La mujer sonrió.

—Pronto.

—¿Mañana?

—No.

—¿La próxima semana?

—Quizás.

Vinder asintió.

Era una niña.

Y las niñas suelen creer en las promesas.

Especialmente cuando quien las hace es su madre.

La mujer acomodó el cabello de su hija detrás de la oreja.

—Pórtate bien, ¿sí?

—Sí.

—Y escucha a tu padre.

—Sí.

La mujer la abrazó.

Un abrazo cálido.

Uno que Vinder recordaría durante muchos años.

Luego tomó su maleta.

Y se marchó.

Vinder esperó.

Esperó una semana.

Dos semanas.

Un mes.

Dos meses.

Un año.

Y otro más.

Pero su madre nunca regresó.

...

El sueño cambió lentamente, igual que las veces en que Vinder caminaba por el mercado de los espíritus.

Ahora estaba en el colegio Shōgakkō.

Los demás compañeros de Vinder hacían dibujos para el Día de la Madre.

Flores.

Corazones.

Tarjetas.

Regalos.

—¿Y tú, Vinder?

La profesora le pregunto, mientras se acercaba mas hacia Vinder.

—¿No harás una tarjeta?

La niña bajó la mirada.

—Mi mamá está ocupada... ella siempre está muy ocupada.

Mentira.

Pero era más fácil mentir.

Más fácil que decir una verdad que ni ella misma quería creer.

La profesora asintió.

Los demás niños siguieron dibujando.

Vinder también tomó una hoja.

Dibujó una flor.

Luego otra.

Y otra más.

Pero nunca escribió "mamá" en la tarjeta.

Porque no sabía quien dársela.

Nuevamente el sueño cambió.

Ahora Vinder estaba limpiando la cocina.

El sonido de los platos llenaba la casa.

Escuchó la puerta abrirse.

Su padre acababa de llegar.

Pero no estaba solo.

A su lado había una mujer desconocida.

Antes de que su padre pudiera presentarla, Vinder habló primero.

—Ya tengo 13 años, padre.

Ambos la miraron sorprendidos.

—Ya no necesito una madre.

El silencio se volvió incómodo.

—Pero si ella es la amante que elegiste antes que a mamá...

Vinder dejó el plato sobre la mesa.

—Nunca la voy a aceptar.

La mujer abrió la boca para decir algo.

Pero Vinder no la dejó.

—Ni siquiera pienses que voy a tratarla bien.

Bajó la mirada unos segundos.

Luego soltó una risa amarga.

—Incluso diría que soy más responsable que ustedes dos juntos.

Su padre quiso responder.

Pero no encontró palabras.

Porque, por desgracia...

Vinder tenía razón.

—La casa ya esta limpia, debo irme al colegio. Ojala cuando vuelva ella no este aquí.

—Juro que cuando sea grande no seré como ustedes. Nunca entenderé a los hombres como tu padre, ni a las mujeres como ella.

—¡¡NUNCA LOS VOLVERE A VER!!

Lentamente mis ojos se abrieron, lagrimas habían comenzando a asomarse.

De repente escuche gritos en la cocina.

—¡¡TE DIJE QUE HOY COCINO YO!!

—¡¡LA ÚLTIMA VEZ CASI INCENDIAS LA CASA!!

Me quedé en silencio.

Luego escuché otro grito.

—¡¡ESO FUE UNA SOLA VEZ!!

—¡¡FUERON TRES!!

—¡¡DOS Y MEDIA!!

—¿¡CÓMO QUE DOS Y MEDIA!?

Suspiré.

—Ya están despiertos...

Me levanté de la cama.

Al abrir la puerta encontré a Yujun sujetando una olla.

Y a Akari sujetando otra.

Parecían dos generales preparándose para la guerra.

—¿Qué están haciendo?

—Vinder, dile que yo cocino mejor.

—No le hagas caso. Tiene pésimo gusto.

—¡¡OYE!!

—¡¡OYE TÚ!!

Los dos comenzaron a discutir otra vez.

Me quedé observándolos.

Por alguna razón.

Era divertido.

Ridículamente divertido.

...

—Propongo algo.

Los dos se quedaron callados.

Milagro.

—¿Qué?

—¿Qué?

—Cocinen juntos.

Silencio.

Un silencio tan profundo que pensé que había ocurrido una tragedia.

—No.

—No.

Respondieron al mismo tiempo.

...

Diez minutos después.

Estaban cocinando juntos.

Porque yo los obligué.

Yujun picaba verduras.

Akari removía una sopa.

Y ambos seguían peleando.

—Estás cortando mal.

—Y tú mezclas mal.

—Eso ni siquiera tiene sentido.

—Pues tú tampoco.

—¿Qué tiene que ver?

—No sé.

—Entonces no hables.

—Tú tampoco.

...

Mientras discutían.

Me encontré sonriendo.

Una sonrisa pequeña.

Pero sincera.

Algo raro en mí.

Porque normalmente todo me parecía agotador.

Molesto.

Pesado.

Pero no esto.

...

Tal vez porque por primera vez en mucho tiempo...

No estaba sola.

...

Después del desayuno.

Yujun salió a comprar algunas cosas.

Akari se quedó limpiando.

O al menos eso decía.

Porque la vi acostada en una silla durante veinte minutos.

—Eres una floja.

—Estoy supervisando.

—Eso no es supervisar.

—Claro que sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—Ya cállate.

—Bueno.

Se quedó callada exactamente tres segundos.

—¿Sabías que Yujun duerme abrazando una almohada?

—¿Qué?

—Y también habla dormido.

—AKARI.

—¿Qué?

—¿Por qué sabes eso?

—Porque somos amigos.

—Eso no responde mi pregunta.

—Exacto.

...

La observé.

Ella sonrió.

Y por primera vez me pregunté algo.

—Akari.

—¿Sí?

—¿Crees que las personas cambian?

Ella se quedó en silencio.

Era raro verla seria.

—Algunas sí.

—¿Y otras?

—Otras solo aprenden a vivir con lo que les pasó.

No respondí.

Porque entendía perfectamente lo que quería decir.

...

La tarde pasó rápido.

Más rápido de lo normal.

Y cuando la noche llegó.

Volví a acostarme.

Miré el techo.

Igual que siempre.

Pero esta vez algo era diferente.

Antes.

Mi departamento estaba vacío.

Mi vida estaba vacía.

Mi teléfono estaba vacío.

Todo estaba vacío.

Ahora tenía amigos.

Extraños.

Problemáticos.

Escandalosos.

Pero amigos al fin y al cabo.

Sonreí.

Cerré los ojos.

Y por primera vez en mucho tiempo.

No sentí que estaba sola.

"Las heridas más peligrosas no son las que sangran.

Son las que uno aprende a esconder.

Pero incluso las personas más rotas pueden volver a sonreír cuando encuentran un lugar al que pertenecer."

𝕱𝖎𝖓 𝖉𝖊𝖑 𝖈𝖆𝖕𝖎𝖙𝖚𝖑𝖔...

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