𝕮𝖆𝖕𝖎𝖙𝖚𝖑𝖔 𝟏𝟒: 𝕯𝖎𝖘𝖋𝖗𝖆𝖟 𝖈𝖆í𝖉𝖔.
En el capítulo anterior, Akari decidió visitar a su segundo padre junto a Vinder y Yujun, para que Vinder pudiera aprender un poco más sobre la magia.
Siendo sincero...
Esta vez Vinder no me pareció tan insoportable.
Incluso... me cayó un poquito bien.
Creo que la creadora hace estas cosas para obligarme a llevarme bien con ella.
...
Jamás.
Ni muerto voy a llevarme bien con esa chillona.
Pero bueno...
Ignorando eso, ahora mismo los tres se dirigen más adentro del mercado en busca del padre adoptivo de Akari.
Por lo que parece, el padre de Akari trabaja como mercader. Aunque, siendo sincero, parece que le gusta esconderse de la gente.
De seguro Vinder ya se perdió.
—¡Oye! ¡No soy tan ingenua!
No te preocupes.
Hay muchas otras personas como tú.
—No lo dices con nada de respeto.
—*Suspiro.*
—Akari, ¿Cómo se llama tu padre?
—¿Cómo se llama mi padre?
—El se llama Yoshiro...Yoshiro Nakanamura.
—Que apellido tan largo...¿Y como lo conociste? No creo que alguien como tú siguiera a otra persona por que sí. ¿O eras así de pequeña?
—Si mal no recuerdo, llegaste a este mundo cuando tenías diez años ¿No?
—Fue hace muchos años.
No recuerdo exactamente cuánto tiempo ha pasado.
Solo sé que... apareció cuando más lo necesitaba.
—¿Te adoptó así de la nada?
Pregunté mientras mi largo cabello verde se movía con el viento.
—Más o menos.
Al principio solo me dio comida.
Seguí caminando a su lado.
Después, un lugar donde dormir.
Y cuando me di cuenta...
Ya llevaba meses viviendo con él.
Nunca me obligó a llamarlo padre.
Pero un día...
Simplemente empecé a hacerlo.
...
—Suena como una buena persona.
Murmuré para mí misma, aunque lo suficientemente fuerte como para que Akari me escuchara.
—Lo es.
Aunque sea un poco gruñón.
Y le gusta regatear hasta por una cebolla.
Yujun también se metió en la conversación. A cada paso que daba, sus aretes tintineaban suavemente.
—Una vez discutió media hora con un cliente por dos monedas.
—Y al final perdió las dos monedas...—suspiró Akari.
—Pero ganó la discusión.—Yujun se rascó la nuca.
—Eso ni siquiera tiene sentido.—Akari lo miró mientras seguía caminando.
Aunque, siendo sincera...
Había algo que me llamaba la atención.
—Espera un segundo... Yujun, ¿esos aretes que llevas son de oro?
Yujun llevó ambas manos a sus orejas casi por reflejo.
Sus aretes tenían una forma peculiar, era forma como la de un sol.
—Sí lo son. Pero no vayas a quitármelos. Es lo único que conservo de mi época... porque mi armadura no sé dónde rayos la dejaste.
Que raro.
Akari desvió la mirada con total tranquilidad.
—No fue mi culpa.
—Sí lo fue
Observé los aretes con más atención.
Tenían la forma de un pequeño sol.
Eran bastante elegantes.
...
Qué raro.
—Yujun, una pregunta... ¿Por qué ese arete tiene forma de un sol? —preguntó Vinder con curiosidad.
—Ahora que lo menciona... yo también quiero saberlo —añadió Akari mientras se amarraba el cabello.
Yujun llevó una mano hasta uno de sus aretes.
—Es un recuerdo de mi dios.
—Del dios Inti.
—Lo llevo como una forma de respeto hacia él.
—¿Inti...? ¿El dios que adoraban los incas? —preguntó Akari.
—Sí...
—Pensé que era un diseño bonito.
Yujun negó lentamente con la cabeza.
—No.
—Para mi pueblo... significaba mucho más que un simple adorno.
—Ya llegamos —mencionó Akari señalando una tienda vieja.
—Es ahí.
Vinder observó el lugar con curiosidad.
—Se ve bastante normal.
—No te dejes engañar.
—¿Por qué?
Akari desvió la mirada.
—Porque... la última vez que traje a Yujun...
Hizo una pequeña pausa.
—Mi padre lo sacó de la tienda a puñetazos.
Vinder abrió los ojos.
—¿¡Qué hizo!?
Akari sintió que las mejillas se le calentaban.
—...
—No preguntes.
Yujun soltó un suspiro.
—Yo tampoco quiero hablar de eso.
...
Akari entró a la vieja tienda buscando con la mirada.
—Que raro...El siempre para aquí, o quizás se fue a regañar a algún otro mercader.
Antes de que pudiera terminar la frase...
¡PLOP!
Un periódico enrollado impactó directamente contra su cabeza.
—¡¡Ay!! ¡Eso dolió! ¡No era necesario, papá!
—¡Nada de "papá", nada!
—¡¡NO ME ENVIASTE NI UNA SOLA CARTA EN TODA LA SEMANA!! ¡Uno aquí preocupado y tú desaparecida!
Vinder y Yujun dieron un pequeño paso hacia atrás al mismo tiempo.
—Qué incómodo... —murmuramos los dos al unísono.
Yoshiro bajó lentamente el periódico.
Aunque seguía frunciendo el ceño...
Sus hombros parecían relajarse al comprobar que Akari estaba sana y salva.
...
—¿A qué viene tu visita, Akari?
Akari se acercó a mí y me sujetó del brazo sin previo aviso.
Ya estaba acostumbrada.
—Ella quiere aprender magia. Ah, verdad... es mi chingu.
—Hola, mucho gusto. Mi nombre es Vinder y qu...
—Sí, sí. Luego me cuentas. No hace falta tanta presentación, niña.
Eso sí...
—Que Yujun se quede afuera. No lo quiero dentro de mi tienda.
—¿Ya ves, Yujun? Tú, afuera. ¡Chu, chu!
—¡QUE NO SOY UN PERRO!
—¿Le acabas de gritar a mi hija? —preguntó Yoshiro con una mirada que hizo retroceder a Yujun.
—...No. No dije nada.
Akari soltó una pequeña risa antes de entrar.
Akari, Yoshiro y yo, nos adentramos mas a la tienda.
Desde afuera la tienda parecía pequeña.
Sin embargo, al entrar...
Era mucho más grande de lo que imaginaba.
Miré nuevamente al padre de Akari.
Era demasiado joven.
Por un momento olvidé que los fantasmas no envejecían.
—Aquí.
Nos sentamos en el suelo.
Frente a mí había cuatro tiras de papel alargadas.
Parecían listones, pero estaban cubiertos de símbolos rojos y negros.
—Escucha bien, chica.
Estos son listones mágicos.
Cada uno cumple una función distinta.
El primero está hecho para personas que no poseen magia... como los humanos.
Sus inscripciones siempre son de color rojo.
Cuando el listón se coloca sobre el cuerpo...
Se adhiere por completo a la piel.
No puede retirarse fácilmente, a menos que otra magia anule su efecto.
...
—El segundo listón es negro. Ayuda a controlar la magia. Hay ocasiones en las que esta puede descontrolarse, y eso sería peligroso.
—El tercero es azul. Aumenta la resistencia del cuerpo a la magia. Hay personas cuyos cuerpos son demasiado frágiles para soportarla.
—Y el cuarto... es verde. Fortalece la magia del usuario. No la vuelve mucho más poderosa, pero sí le da un pequeño impulso.
—Qué aburrido... Ellos aprendiendo magia y yo aquí parado afuera.
En serio, Yujun... me dan ganas de que me escucharas.
Pero como soy el narrador...
No puedes oírme.
Qué pena.
Aunque esa insoportable de Vinder sí puede.
Estamos como... entrelazados.
O algo parecido.
Pero bueno...
El capítulo ya se está haciendo largo.
Y al final...
Le colocaron los cuatro.
Ya era de noche.
Los tres regresaban tranquilamente a casa después de la lección.
En ese momento...
Vinder estaba chillando...
Perdón.
Quise decir...
Hablando.
—Oye, Yujun. Tengo una pregunta.
—¿Los incas tenían el cabello rubio?
Akari comenzó a reír a carcajadas.
—No...
Era negro.
Pero ocurrió algo...
Que prefiero no contar.
—Mira, Vinder. Yo te explico...
Dejé de escuchar sus voces.
Mi atención estaba puesta en un hombre que acababa de pasar a nuestro lado.
Su presencia...
No era normal.
Sin pensarlo...
Comencé a caminar tras él.
—¿Vinder?
—¿Me estás escuchando?
—¿A dónde vas?
Aceleré el paso.
Luego eché a correr.
Estaba a solo unos metros.
Extendí la mano.
Toqué su hombro...
𝕮𝖔𝖓𝖙𝖎𝖓𝖚𝖆𝖗𝖆...