𝕮𝖆𝖕𝖎𝖙𝖚𝖑𝖔 𝟏𝟑: 𝕿𝖊 𝖊𝖘𝖙𝖔𝖞 𝖛𝖎𝖊𝖓𝖉𝖔
Existen dos tipos de magos.
El primer tipo de mago utiliza hechizos conocidos por muchas o pocas personas. Mientras más años de experiencia posee, más poderosa se vuelve su magia. A estos se les conoce como "Los Tekinas".
Pero... hay otros magos sumamente fuertes. Su magia... nace de ellos mismos. No importa que tan buenos son en la magia, o cuantos años lo tienen dominado, siempre serán los más peligrosos.
Pero mayormente, la magia que suelen utilizar proviene de las cinco magias principales: El fuego, agua, viento, tierra y rayo.
Las magias pueden ser controladas tanto por humanos como por seres no humanos. Los seres no humanos poseen una mayor facilidad para controlarla, porque son anormales.
Mientras los humanos deben poseer un sello, para poder controlar la magia sin perder el control o lastimarse, el sello puede ser puesto por otro mago en la piel o puede ser una hoja escrita. Una hoja escrita puede tener figuras dependiendo de la persona.
Se dividen en tres categorías:
Fuerza.
Resistencia.
Conciencia.
—Por ejemplo yo poseo una marca en el hombro, tengo una marca de resistencia. La obtuve cuando tenía catorce años, creo.. Aunque no duele. Es como tener una marca de nacimiento.—Sonrió a vinder, mientras mi cabello azul caen lentamente sobre mis hombros.
—Ya veo...
No entendí nada.—Me contestó Vinder con una cara que parecía la de un gato confundido.
—Es normal. La magia es muy compleja para alguien tan novata como tú.—Comencé a amarrar mi cabello con un carmín.
—Pero, Akari... ¿Cómo aprendiste magia? Supongo que alguien te la enseñó, ¿no?—Vinder me observaba detenidamente, algo que me incomodaba.
—Bueno... la aprendí gracias a mi segundo padre. Aunque, siendo sincera, siento que él fue mi verdadero padre. Se llama Yoshiro.
De pronto...
Olfateé un olor a gas.
—¡YUJUN!
Claro que era él.
Era el único que no sabía cocinar.
Salí corriendo hacia la cocina, dejando atrás a Vinder.
—¡Yujun! ¡Te dije que ni en broma entraras a la cocina!—Apague la hornilla, que seguía encendida.
—¿El aceite no se debe freír también?—preguntó Yujun, vistiendo una ropa holgada. Aunque me alegra que use esa ropa y no cargue todo ese oro encima.
—¿¡En que libro inca leíste eso?!
—Otra vez...—Escuché la voz baja y despreocupada de Vinder.
—Vinder, abre todas las ventanas para que el olor se vaya de la casa.
—Bien...
Vinder se retiró para abrir las ventanas. Algo que me agrada de ella es que, aunque sea muy escandalosa, también es muy obediente.
Yujun se quedó parado mirando la sartén.
Qué horror...
No sé qué hacer con estos dos.
Me siento como la madre de este grupo.
Supongo que así se sentía Lin cuando me cuidaba de pequeña.
Suspiré mientras me ponía el delantal.
—Yujun, ve y tráeme la cebolla. Yo cocinaré. No quiero que la casa se incendie como la otra vez que te quedaste a vivir aquí.
Yujun dejó la cebolla en la encimera de la cocina.
—Aquí está.
—Gracias. Ahora...aléjate de la cocina, no quiero que quemes hasta el sartén. Vinder, ven. Ayúdame a poner agua a una olla grande. Haremos caldo.
—Yo también puedo ayudar. Seguiré las instrucciones para que no vuelva a pasar.
Vinder tomó una olla lo suficientemente grande para los tres y comenzó a llenarla con agua.
—NO.
Yujun obedeció, pero se retiró con cara de pocos amigos.
Tomé el cuchillo y comencé a cortar la cebolla con rapidez.
Vinder colocó la olla sobre la hornilla y luego volvió la mirada hacia mí. Observaba cada movimiento con atención.
—Eres muy buena cocinando.
—Bueno... tuve que aprender.
¿Quién te enseñó?—preguntó Vinder con curiosidad.—Lin.
Sonreí sin darme cuenta.
—Decía que una espada podía salvar vidas... pero una buena comida también.
Vinder sonrió. Era raro verla sonreír de esa forma.
—Es cierto, tú controlas la espada así que te debe facilitar usar el cuchillo. Yo no soy tan buena cocinera, solo sé hacer arroz con huevo. La mayoría de las veces compraba comida cerca de mi departamento.
—Aunque también aprendí a cocinar por culpa de cierto idiota...que casi me deja sin casa.
Miré de reojo a Yujun.
Él seguía sentado sin entender por qué lo estaba mirando.
—¿Qué hice ahora?
—¿No te acuerdas?
—No.
—¿Ahora finges demencia?
—Bueno... fue un pequeño accidente.—respondió Yujun con total tranquilidad.
—¿¡Pequeño accidente!?
—Solo se quemó una habitación.
—¡SE QUEMÓ MEDIA CASA!
—Pero la otra mitad seguía de pie.
...
—¡ESO NO LA HACE MENOS QUEMADA!
Vinder comenzó a reír.
—¿De verdad hizo eso?
Suspiré.
—Le dije que calentara agua.
—¿Y?
—Puso la olla...
Sin agua.
Hubo un pequeño silencio.
Vinder miró a Yujun.
Luego me miró a mí.
Y volvió a mirar a Yujun.
—...
—Creo que ahora entiendo por qué no lo dejas entrar a la cocina.
Después de unos minutos...
El olor del caldo comenzó a llenar toda la casa.
Coloqué las verduras dentro de la olla mientras removía lentamente con una cuchara de madera.
—Listo.
—¿Eso es todo?—preguntó Vinder.
—Ajá. Solo queda esperar.
Yujun ya estaba sentado en la mesa...
Esperando.
—Ni siquiera ha terminado.
—Estoy preparándome mentalmente.
—Eso no tiene sentido.
—Lo sé.
...
El almuerzo transcurrió con tranquilidad.
Sorprendentemente...
Yujun no rompió ningún plato.
Vinder tampoco se quejó de la comida.
Supongo que cocinar sí valió la pena.
Mientras lavaba los platos...
Recordé algo importante.
Giré lentamente la cabeza.
—Vinder.
—¿Sí?
—Mañana iremos a visitar a alguien.
—¿Quién?
—Mi padre.
Vinder inclinó la cabeza.
—¿No dijiste que había muerto?
Negué lentamente.
—Mi padre biológico sí.
—Pero el segundo...
Sigue vivo.
Él fue quien me enseñó magia.
Y seguramente también pueda enseñarte a ti.
Sus ojos brillaron por unos segundos.
—¿En serio?
—Sí.
Aunque...
Fruncí un poco el ceño.
—No es muy amable con las visitas. Es un poco gruñón... aunque en el fondo no es mala persona.
Hizo una pequeña pausa.
—También es un espíritu, así que sigue viéndose joven... aunque tenga más años que la Tierra. Ja.
Yujun interviene.
—También iré.
—No.
—¿Por qué?
—¿Recuerdas que el tiene un perro, y a ti te da miedo los perros?
—Cierto...
—A mí también me dan un poco de miedo los perros. Soy más de gatos, pero no importa. Quisiera ir incluso hoy mismo.
...
Ninguno de los tres lo sabía.
Pero...
Desde la ventana entreabierta...
Una sombra permanecía inmóvil.
Escuchando cada palabra.
Una leve sonrisa apareció detrás del antifaz.
—Akari...
Así que aún sigues con vida.
Y, al parecer... encontraste nuevos compañeros.
Qué interesante...
Su silueta desapareció entre los árboles.
Sin hacer el menor ruido.
𝕱𝖎𝖓 𝖉𝖊𝖑 𝖈𝖆𝖕𝖎𝖙𝖚𝖑𝖔...