𝕮𝖆𝖕𝖎𝖙𝖚𝖑𝖔 𝟏𝟐: 𝕽𝖊𝖈𝖚𝖊𝖗𝖉𝖔𝖘 𝖓𝖔 𝖔𝖑𝖛𝖎𝖉𝖆𝖉𝖔𝖘.
En el mundo de los espíritus existen tres grandes regiones: L1S, L2S y L3S (Lugar Sonoro número 1, 2 y 3).
El L1S está habitado por la mayoría de los espíritus. Ahí mismo viven la chillona de Vinder, Akari y Yujun.
Mientras que en el L2S solo habitan fantasmas malditos. Seres que nacieron del odio y la venganza, cuyo único propósito es maldecir a los humanos.
Es un lugar que incluso los mismos fantasmas consideran peligroso.
Pero en el L3S...
Habitan seres que ya no serían considerados fantasmas, humanos ni almas.
Son tan poderosos que muchos los comparan con demonios o ángeles.
Son elegidos por los subcomandantes o por el mismo comandante.
Ellos son la ley que gobierna el mundo de los espíritus.
A ellos se les conoce como la clase A5.
Aunque la mayoría prefiere llamarlos...
"Los Diamantes del Cielo o del Infierno."
...
En el capítulo anterior conocimos a un mago muy agradable...
Bueno...
Eso creen ellos.
Yo ya sé quién es.
Pero la creadora me mandó a callar.
No debo hacer spoilers otra vez.
Desde que me regañó...
Ya ni dormir tranquilo puedo.
Así que mejor continuemos antes de que me despidan.
...
La noche había caído por completo sobre el mundo de los espíritus.
Las luces del circo ya eran solo un pequeño punto brillante a la distancia.
Los tres caminaban tranquilamente por un sendero de piedra.
El viento movía suavemente los árboles.
Por alguna razón...
Todo estaba demasiado tranquilo.
Levanté la mirada.
Las estrellas cubrían el cielo como si alguien las hubiera colocado una por una.
—Qué bonito está el cielo...
Akari también levantó la vista.
Su sonrisa desapareció por unos segundos.
—...Me recuerda a alguien.
La observé de reojo.
—¿A quién?
Akari soltó una pequeña risa.
—A una chica que conocí cuando tenía siete años.
Yujun siguió caminando.
No dijo nada.
Él ya conocía esa historia.
...
—Mi padre era demasiado estricto.
Vivíamos en un lugar rodeado de naturaleza.
No había vecinos.
No había niños.
Nunca me dejaba salir.
La primera vez que me permitió entrenar en el jardín...
Vi una torre a lo lejos.
Y encima de esa torre...
Había una chica.
Tenía el cabello castaño.
Y unos ojos verdes muy bonitos.
La verdad...
Fue la primera chica que conocí aparte de mi familia.
—¿Y hablaron?
—Sí.
Ella siempre me veía entrenar con la espada.
Yo levantaba la cabeza y ella me saludaba.
Poco a poco comenzamos a hablar desde la distancia.
Nunca podíamos acercarnos.
Pero aun así nos hicimos amigas.
—¿Cómo se llamaba?
—Miranda.
Vinder sonrió.
—Bonito nombre.
Akari también sonrió.
—Ella pensó que yo era un chico.
Mi padre siempre me hacía vestir y entrenar como uno.
Así que tampoco la corregí al principio.
—¿Y luego?
Akari respiró profundamente.
—Un día...
Me dijo que le gustaba.
Yo no entendía mucho esas cosas.
Solo le dije...
Era una mujer.
...
Guardó silencio unos segundos.
—Después de eso...
Comenzó a alejarse.
Pensé que había herido sus sentimientos.
Me dio miedo volver a hablarle.
Hasta que un día...
Solo apareció.
Me regaló un libro.
Sonrió.
Y nunca la volví a ver.
...
Vinder bajó la mirada.
—Supongo...
Que a veces uno hiere a alguien sin darse cuenta.
Akari la miró.
—¿Te pasó?
—Sí.
Cuando tenía once años.
Mi mejor amiga...
Kiomoto...
Tenía un perro.
Un día lo atropellaron.
Ella lloraba mucho.
Y yo...
No entendía por qué.
Pensé que era solo un animal.
Le dije que debía estar feliz...
Porque ahora estaría en el cielo de los perros.
Akari abrió un poco los ojos.
Yujun seguía caminando.
En silencio.
...
—Ella se enojó mucho.
Discutimos.
Y terminé diciéndole...
Que...aun siendo mayor que yo, no maduraba.
—No volvimos a hablarnos durante un año entero.
Suspiré.
—Todavía no entendía ese dolor.
Pero sí entendía que la había lastimado.
Así que fui a disculparme.
Por suerte...
Me perdonó.
Akari sonrió con tranquilidad.
—Entonces...
Las dos aprendimos algo.
Vinder inclinó la cabeza.
—¿Qué cosa?
—Que las personas pueden lastimarse sin querer.
Pero también pueden pedir perdón.
El silencio volvió.
Akari levantó la vista.
Las estrellas seguían brillando.
—Nunca olvidé a Miranda.
Por eso...
Me teñí el cabello.
Vinder la miró sorprendida.
—¿Qué?
Akari tomó un mechón azul entre sus dedos.
—Mi cabello en realidad era negro.
A Miranda le encantaban las rosas azules.
Así que...
Quise llevar ese recuerdo conmigo.
Yujun finalmente habló.
—Pensé que era tu color natural.
Akari soltó una carcajada.
—No.
Te acabo de destruir una ilusión.
—Un poco.
—Bueno.
Ya es muy tarde.
Será mejor regresar.
Los tres comenzaron a caminar nuevamente.
...
Al llegar a casa...
Akari abrió un cajón.
Sacó una muda de ropa.
Y la lanzó directamente hacia Vinder.
—Toma.
—¿Y esto?
—Llevas días con la misma ropa.
Y...
Se acercó un poquito.
Olfateó exageradamente.
—Hueles a fuchi.
—¿¡AKARI!?
—Solo digo la verdad.
—¡Pues tu verdad ofende!
Yujun levantó una mano.
—Creo que sí deberías cambiarte.
Vinder lo miró con traición.
—¿Tú también?
—Sí.
—...
—Los dos son unos traidores.
Entró a su habitación murmurando.
Yujun acomodó su nueva ropa.
Frunció el ceño.
—Sigo diciendo que esto es incómodo.
Akari cruzó los brazos.
—Más incómodo era cargar cuarenta kilos de oro encima.
Yujun guardó silencio unos segundos.
—...
—Buen punto.
La casa volvió a quedar en calma.
Pero...
Desde la oscuridad del bosque.
Un enorme maniquí observaba la ventana.
Permaneció inmóvil durante unos segundos.
Como si confirmara algo.
Luego...
Giró lentamente.
Y desapareció entre los árboles.
𝕱𝖎𝖓 𝖉𝖊𝖑 𝖈𝖆𝖕𝖎𝖙𝖚𝖑𝖔...