CAPÍTULO 5 — LAS RUINAS DEL DRAGÓN
EL CAMINO HACIA LAS MONTAÑAS
El camino hacia las montañas parecía no tener fin.
Durante horas, Kasumi, Souta y los cuatro dragones habían avanzado por senderos estrechos rodeados de árboles.
El sol estaba comenzando a ocultarse cuando Zeno se dejó caer sobre una roca.
—No puedo más.
Jae-ha lo miró divertido.
—¿Ya estás cansado?
—Tengo hambre.
—Eso no es estar cansado.
—Para mí sí.
Kija suspiró.
—¿Cómo puedes pensar en comida después de caminar todo el día?
Zeno sonrió.
—Precisamente porque caminé todo el día.
Kasumi soltó una pequeña risa.
Souta la miró sorprendido.
Hacía días que no la escuchaba reír de verdad.
—¿Qué? —preguntó Kasumi.
—Nada.
—Me estás mirando raro.
—Es que hacía tiempo que no te escuchaba reír.
La sonrisa de Kasumi desapareció lentamente.
Por un instante recordó el palacio.
Recordó cómo había reído con Soo-won cuando eran niños.
Pero esta vez no dejó que el recuerdo la hundiera.
—Entonces será mejor que me acostumbre a reír otra vez.
Souta sonrió.
—Eso sería bueno.
Kija señaló hacia las montañas.
—Las ruinas deberían estar cerca.
Kasumi levantó la mirada.
Entre las nubes podía verse la silueta de una enorme montaña.
—Entonces continuemos.
Zeno se levantó.
—Después de comer.
Jae-ha le dio una palmada en el hombro.
—Primero las ruinas.
—Esto es una injusticia.
LA ENTRADA OCULTA
Cuando llegaron a la montaña, encontraron un enorme muro de piedra cubierto de plantas.
No parecía haber ninguna entrada.
Kasumi observó los símbolos grabados en la piedra.
—Debe ser aquí.
Kija se acercó.
—Estos símbolos son antiguos.
Shin-ah pasó los dedos sobre una marca.
Sus ojos cambiaron ligeramente.
—Hay algo detrás.
Todos lo miraron.
—¿Cómo lo sabes? —preguntó Souta.
Shin-ah señaló el muro.
—Lo siento.
Jae-ha sonrió.
—Ese poder tuyo siempre resulta útil.
Kija colocó su mano blanca sobre la piedra.
La roca comenzó a vibrar.
Un sonido profundo recorrió la montaña.
De repente, una parte del muro se desplazó.
Kasumi dio un paso atrás.
—¿Qué está pasando?
La piedra se abrió lentamente.
Detrás apareció una escalera que descendía hacia la oscuridad.
Zeno miró hacia abajo.
—Bueno...
Jae-ha levantó una ceja.
—¿Qué?
—¿Soy el único que piensa que entrar ahí es una pésima idea?
Kija respondió inmediatamente:
—Sí.
—Entonces vamos.
EL TEMPLO OLVIDADO
La escalera parecía interminable.
Cada paso producía un eco que se perdía en la oscuridad.
Kasumi caminaba en medio del grupo.
Souta iba detrás de ella.
Kija llevaba una antorcha.
Jae-ha observaba las paredes.
Zeno iba contando los escalones.
—Doscientos treinta y uno.
—¿Por qué los cuentas? —preguntó Jae-ha.
—Porque quiero saber cuántos faltan.
—¿Y eso te ayuda?
—No.
Shin-ah se detuvo.
Todos dejaron de caminar.
—¿Qué ocurre? —preguntó Kasumi.
Shin-ah levantó la mirada.
—Escucho algo.
Souta desenvainó su espada.
Kija hizo lo mismo.
Jae-ha adoptó una postura defensiva.
Zeno dejó de sonreír.
Un ruido se escuchó al fondo.
CLAC.
CLAC.
CLAC.
Algo se acercaba.
Kasumi retrocedió.
—¿Qué es?
El sonido se hizo más fuerte.
Entonces una figura salió de la oscuridad.
Era una criatura de piedra.
Sus ojos brillaban débilmente.
Kija levantó su brazo.
—¡Atrás!
La criatura se lanzó hacia ellos.
Kija bloqueó el golpe.
La fuerza lo hizo retroceder varios metros.
—¡Es más fuerte de lo que parece!
Jae-ha se movió rápidamente y atacó desde un costado.
La criatura giró.
Souta protegió a Kasumi.
—¡No te alejes de mí!
—¡Puedo ayudar!
—¡Lo sé! Pero no sabemos qué es esto.
Shin-ah levantó la mirada.
Su poder apareció.
La criatura quedó inmóvil.
—¡Ahora! —gritó Kija.
Jae-ha atacó.
Kija golpeó la piedra.
La criatura cayó al suelo.
Zeno se acercó.
—¿Ya terminó?
La criatura volvió a moverse.
Zeno retrocedió.
—¡No había terminado!
EL SECRETO DE LOS GUARDIANES
La criatura volvió a levantarse.
Pero esta vez no atacó.
Su cuerpo comenzó a cambiar.
Las piedras se separaron y revelaron una inscripción en el suelo.
Kasumi se acercó lentamente.
—No era un enemigo.
Kija miró los símbolos.
—Era un guardián.
—¿Un guardián de qué?
Kasumi observó el centro de la habitación.
Había cuatro estatuas.
Una tenía una mano blanca.
Otra tenía los ojos cubiertos por una extraña marca.
La tercera poseía alas talladas sobre la espalda.
La última tenía un círculo dorado sobre el pecho.
Los cuatro dragones quedaron inmóviles.
Zeno dejó de sonreír.
—Son nuestros símbolos.
Kija observó su estatua.
—Este templo fue construido para los dragones.
Kasumi avanzó.
En el centro había otra estatua.
Una mujer de cabello largo sostenía una espada.
Su rostro se parecía mucho al de la figura que aparecía en el libro.
Debajo había una inscripción.
Kasumi comenzó a leer.
—"Cuando los cuatro guardianes despierten, el destino del reino cambiará."
Souta miró alrededor.
—Eso ya ocurrió.
Kasumi continuó.
—"Pero los dragones no siguen una corona."
Se detuvo.
—"Siguen a quien tenga el valor de proteger a los que no pueden protegerse."
Todos guardaron silencio.
Jae-ha miró a Kasumi.
—Parece que el templo ya te conocía antes de que llegaras.
LA HABITACIÓN DE LOS RECUERDOS
Al fondo del templo encontraron una enorme puerta.
Kasumi puso la mano sobre ella.
La puerta se abrió.
Dentro había pinturas antiguas.
Una representaba al reino de Tamayo.
Otra mostraba al antiguo rey.
Otra mostraba a los cuatro dragones.
Pero entonces Kasumi vio algo que la hizo detenerse.
Había una pintura de su padre.
—Papá...
Se acercó lentamente.
En la pintura, Ij aparecía hablando con un hombre desconocido.
Kasumi frunció el ceño.
—¿Quién es él?
Kija observó la imagen.
—No lo sé.
Souta se acercó.
—Yo tampoco.
Kasumi miró la pintura con atención.
Entonces vio algo.
El hombre llevaba un anillo.
Un símbolo.
El mismo símbolo que había visto grabado en una carta del palacio.
—Ese símbolo...
Souta la miró.
—¿Lo reconoces?
—Sí.
Kasumi recordó aquella noche.
Uno de los hombres que había acompañado a los soldados llevaba un anillo con aquella marca.
Su corazón comenzó a latir rápidamente.
—Entonces la traición no comenzó aquella noche.
Jae-ha dejó de sonreír.
—¿Qué quieres decir?
Kasumi señaló la pintura.
—Mi p