CAPITULO 4
LA LETRA DE SU PADRE
Kasumi continuó leyendo.
Entonces encontró una pequeña hoja escondida entre dos páginas.
Había unas palabras escritas a mano.
Kasumi reconoció inmediatamente la letra.
Sus manos comenzaron a temblar.
—Es de mi padre.
Souta se acercó.
Kasumi comenzó a leer.
"Cuando mi hija encuentre a los cuatro dragones, deberá conocer la verdad."
Kasumi respiró profundamente.
Debajo había otra frase.
"No confíes en quien se sienta dueño del trono."
El corazón de Kasumi se detuvo por un instante.
—Soo-won...
Souta cerró los ojos.
—Kasumi.
Ella apretó la hoja.
—Mi padre sabía que esto ocurriría.
—Tal vez estaba intentando advertirte.
—Pero ¿de qué?
Kasumi comenzó a llorar.
—¿Por qué nunca me lo dijo?
Kija se acercó.
—Quizá quería protegerte.
Kasumi negó.
—¡Pero yo era su hija!
Su voz se quebró.
—¡Tenía derecho a saberlo!
Todos guardaron silencio.
Kasumi abrazó la hoja contra su pecho.
—Solo quería que confiara en mí.
Una lágrima cayó sobre el papel.
—Solo quería que me dejara estar a su lado.
Souta se acercó y puso una mano sobre su hombro.
Kasumi no se apartó.
LA PROMESA
Después de aquella noche, Kasumi permaneció despierta.
Miró el cielo.
Las estrellas brillaban sobre el bosque.
Recordó cómo su padre le había enseñado a observarlas.
—Cuando no sepas qué camino tomar —le decía—, mira hacia arriba.
Kasumi levantó la mirada.
—Estoy mirando, papá.
Su voz fue apenas un susurro.
—Pero todavía no sé dónde estás.
Cerró los ojos.
—Te prometo que descubriré la verdad.
Una lágrima bajó por su rostro.
—Y recuperaré Tamayo.
Kasumi abrió los ojos.
—Aunque tenga que recorrer todo el mundo.
EL NUEVO REY
Mientras tanto, en el palacio de Tamayo, Soo-won se encontraba solo.
Todos se habían retirado.
El trono estaba frente a él.
Soo-won lo observó durante largo tiempo.
Había conseguido aquello que muchos habían esperado durante años.
Pero no parecía feliz.
—¿Por qué se siente tan vacío?
Se levantó.
Caminó hasta una ventana.
Desde allí podía ver parte de la ciudad.
—Kasumi...
Recordó cuando ambos eran niños.
Recordó las tardes en las que corrían por los jardines.
Recordó cómo ella siempre intentaba seguirlo.
Recordó a Souta siguiéndolos para asegurarse de que no se metieran en problemas.
Soo-won cerró los ojos.
—Éramos felices.
Entonces abrió los ojos.
—¿En qué momento dejamos de serlo?
Una lágrima apareció en su rostro.
Soo-won la limpió rápidamente.
Nadie debía verlo llorar.
Nadie debía saber que el nuevo rey también tenía miedo.
UNA DECISIÓN
Un consejero entró.
—Majestad.
Soo-won volvió a adoptar su expresión tranquila.
—¿Qué ocurre?
—Nuestros soldados todavía no encuentran a la princesa.
—Detengan la búsqueda.
El consejero quedó sorprendido.
—Pero ella podría regresar.
—Lo sé.
—Podría reclamar el trono.
Soo-won lo miró.
—Entonces que regrese.
El consejero no comprendió.
—¿Majestad?
Soo-won miró hacia el horizonte.
—Si algún día Kasumi regresa, quiero que tenga la oportunidad de decidir qué hacer.
El consejero se retiró.
Soo-won permaneció solo.
—Porque si realmente eres mi enemiga...
Miró el cielo.
—Entonces algún día tendremos que enfrentarnos.
Su expresión se volvió triste.
—Y si no lo eres...
Cerró los ojos.
—Espero que algún día puedas perdonarme.
LOS CUATRO DRAGONES
Al día siguiente, Kasumi reunió a los cuatro guerreros.
—Quiero saber quiénes son realmente.
Kija dio un paso adelante.
—Soy Kija, el Dragón Blanco.
Shin-ah levantó la mirada.
—Shin-ah... Dragón Azul.
Jae-ha sonrió.
—Jae-ha, Dragón Verde.
Zeno levantó una mano.
—Y yo soy Zeno, el Dragón Amarillo.
Kasumi los observó.
—Entonces la leyenda era real.
Kija asintió.
—Y parece que nuestros caminos están unidos al tuyo.
Kasumi bajó la mirada.
—No quiero obligarlos.
Jae-ha sonrió.
—Nadie nos está obligando.
Zeno se encogió de hombros.
—Además, ya tenemos curiosidad.
Kija apoyó una mano sobre su pecho.
—Te acompañaremos.
Shin-ah asintió.
Kasumi sonrió.
—Gracias.
Souta observó a todos.
—Entonces no iremos solos.
Kasumi miró hacia el horizonte.
—No.
Por primera vez desde la caída de Tamayo, sintió que no estaba completamente sola.
LAS RUINAS ANTIGUAS
La anciana les habló de unas ruinas escondidas entre las montañas.
Según la leyenda, allí habían vivido los primeros guardianes.
Si querían descubrir el significado de los cuatro dragones y la advertencia del rey Ij, aquel era su siguiente destino.
El grupo comenzó a prepararse.
Kasumi guardó cuidadosamente la carta de su padre.
Souta revisó sus armas.
Kija preparó sus cosas.
Jae-ha parecía estar demasiado tranquilo.
Zeno buscaba comida.
Shin-ah permanecía en silencio.
Finalmente comenzaron a caminar.
Kasumi se detuvo un momento y miró hacia atrás.
El pueblo quedó detrás de ellos.
Por un instante pensó en su padre.
Después pensó en Tamayo.
—Volveré.
Souta la miró.
—¿Lo prometes?
Kasumi asintió.
—Lo prometo.
ALGUIEN LOS OBSERVA
Muy lejos del grupo, en lo alto de una montaña, una figura cubierta con una capa oscura observaba el camino.
En su mano sostenía una carta.
La abrió.
"La princesa ha encontrado a los cuatro dragones."
La figura sonrió.
—Entonces finalmente ocurrió.
Guardó la carta.
—El rey Ij tenía razón.
El viento comenzó a soplar.
La figura miró hacia el camino que Kasumi había tomado.
—Pero ella todavía no sabe toda la verdad.
Una segunda persona apareció detrás.
—¿Debemos detenerla?
La figura negó.
—Todavía no.
—¿Por qué?
—Porque necesitamos que llegue a las ruinas.
—¿Y después?
La figura permaneció en silencio durante unos segundos.
—Después descubrirá quién estaba realmente detrás de la muerte del rey Ij.
El viento agitó la capa.
—Y cuando lo descubra...
La figura sonrió.
—Ya no habrá vuelta atrás.
Mientras tanto, Kasumi caminaba junto a Souta y los cuatro dragones sin saber que cada paso que daba la acercaba más a la verdad.
Una verdad que podía cambiar para siempre su opinión sobre su padre.
Sobre Soo-won.
Y sobre el reino que algún día había llamado hogar.